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miércoles, 19 de junio de 2013

ANILLITOS DE MIS DEDOS.




Yo me quería casar con un mocico barbero


y mis padres me querían monjita de monasterio


lo que más sentía yo era mi mata de pelo


los pendientes de la oreja


y anillitos de mis dedos. Bellos romance que cantaban los niños en ruedas. Anillos. La humanidad siempre los llevó por adorno, coquetería, signo y como amuleto.


El hombre y la mujer aman lo superfluo lo que no vale para nada. Una sortija era un adorno pero a veces el anillo servía para sellar (sigilum) como el anillo episcopal o el anillo nupcial. Cuando se ajustaba a los tobillos era una ajorca.


A las muñecas, pulsera y a los brazos brazalete o favorita. Los arqueólogos señalan que es el objeto que más se encuentra en las tumbas.


En las egipcias las ha habido de oro, hierro. cuarzo, bronce.


Entre los hebreos se cuenta que los anillos y los pendientes adornaban el becerro de oro. Los anillos de oro de los ricos eran de hierro; los de los pobres no tenían engarce ni dibujo.


Los romanos mas supersticiosos los utilizaban como amuleto (fascinum) y eran preservativos contra el mal de ojo unas veces en forma de serpiente y otras en espiral.


Los etruscos los tenían unidos por un chatón (perla) largo a modo de cartela con placas de oro grabadas o cinceladas. Se lo ponían los funcionarios como recompensa a sus servicios, una costumbre que han adquirido los militares americanos graduados en West Point o en Annapolis y en Roma la costumbre dio en verdadera plaga durante el bajo imperio. Las manos de las damas a veces lucían hasta veinte sortijas, señal de decadencia por lo que Antonio las prohíbe y rebaja a no más de cinco pero las presumidas no encontraban dedos suficientes en las manos para demostrar su prepotencia y su lujo. Anillos dobles y triples unidos por un chatón de todos los colores y materiales (los hay de ámbar, zinc, platón, plomo y marfil, y por supuesto de piedras preciosas.


Los cristianos heredan esta costumbre por partida doble de Roma y de los hebreos el anillo del pescador. y un anillo llevaban los apóstoles. Los obispos lo utilizaban como sello de puridad o secreto y de autoridad y a veces contenían relicarios dentro del chatón con huesos de algún mártir.


También se utilizaba como firma mojando el chatón en tinta y marca la impronta.


Las piedras más frecuentes de estos tampones del séptimo sello eran la cornalina, el ónice o el jaspe o bien la amatista, y diseñaban la figura de un escarabajo que para los egipcios era emblema de buena suerte.


Eso, los egipcios; que los romanos traían en hueco o repujadas la figura de algún dios, alguna diosa (Venus, Ceres, Prosperina) y desde las guerras púnicas se sellan misivas y documentos públicos con la efigie de los dioses fue sustituida durante el cristianismo por el anagrama del crismón la paloma el pez . Otras veces encerraban las llaves de cajitas. Después, los merovingios usan anillos monocromáticos de carácter documental y se llevaban en el dedo o dentro de una bolsa de cuero que llamaban limosnero.


Los matrimonios se bendecían con el intercambio de arras y un sacramentario mozárabe incluye esta oración de desposados en la entrega de anillos: fit hoc nimirum, ut proter mutuam fidei signum, ut propter id magis ut eodem pignore eorum corda jungatur. Bendedite Domine anulum hunc.


El dedo anular es el del anillo.


San Isidoro nos dice más: el anillo había de llevarse en el cuarto dedo de la mano izquierda.


Un anillo es un juramento. Por eso los centuriones romanos lo recibían como signo de obediencia al emperador hasta la muerte.


Lo llevaban los apóstoles y luego lo adoptaron los obispos y en el siglo XI los abades como objetos carismáticos que significan el desposorio místico del obispo con la iglesia. El IV concilio de Toledo habla del anillo episcopal como testimonio de la consagración a la grey. El anillo episcopal ha de ser de oro o con alguna piedra preciosa pero sin grabado alguno, liso. Y así fueron encontrados en Guarrazar varios anillos con esmeraldas incrustadas.


El papa Eugenio III permitió que lo llevasen los doctores en teología como aditamento de sabiduría y prestigio personal.


Las Partidas del Rey Sabio confieren el título de conde al doctor después de veinte años de docencia y por eso muchos catedráticos de origen plebeyo que impartían clases en Palencia, Alcalá o Salamanca fueron elevados a la casta de la nobleza. (continuará

martes, 18 de junio de 2013


JUNIO 18. MARCOS Y MARCELIANO mártires (del breviario romano)

oración

Concede nos, señor omnipotente, el que por la gracia de tus santos mártires Marcos y Marceliano cuyo natalicio celebramos, seamos libres de todos los males, te lo pedimos por NSJ

cruel martirio

Marcos y Marceliano eran dos hermanos mielgos que vivían en Roma y asiduos de las catacumbas, que a causa de su fe fueron detenidos por orden del cónsul Fabiano y ligados a una columna sus pies fueron taladrados con clavos.

El juez dirigiéndose a ellos les dijo:

-arrepentíos, miserables, y os soltaré.

respondieron los mellizos:

-Nunca hemos sido más felices que en este momento de tormento siendo nuestro sacrificio el banquete de bodas por manifestar la fe de Cristo al que amamos y ojalá se nos permita padecer más de lo que nos permita este cuerpo corruptible por gloria del crucificado. Estando encadenados al tarugo del verdugo dos días y dos noches y cantando salmos al tercero entregaron su espíritu al criador y recibieron la corona del martirio siendo sus cadáveres enterrados en el columbario de la Vía Arcadatina.

Te Deum laudamus

Son abogados contra las varices y los dolores reumáticos

domingo, 16 de junio de 2013

EL PASCUAL DUARTE Y LA VIOLENCIA DE GENEREO


CELA Y  PASCUAL DUARTE

 

Paso por Chichilla castillo roquero sobre el peñasco manchego siempre escucho con los oídos del recuerdo los gemidos de los penados de una de las cárceles más terribles de la Piel de Toro. Escucho la voz de los vivos muertos Hasta las águilas entonan en las peñas grajeras el romance del prisionero y escucho los gritos de los ajusticiados, ese rumor de sepulcro que tiene todo presidio, ese lamento que se acompasa con las órdenes de mando de los carceleros ante de las conducciones… “con todo”, el inclemente chirrido de los rastrillos, la voz detonante de los funcionarios del recuento, los juramentos de los cabos de vara, el silencio de las pisadas de la pareja cuando las conducciones de los penados se realizaban a pie por números de la Benemérita y formaban una penosa visión avanzando por las sendas de España. Campos de Castilla, camino de forzados. El penal surtía de remeros a la flota imperial que embarcaba en galeras por Cartagena.

Toda la vida es cárcel: el alma es cárcel del cuerpo, la letra cárcel del espíritu se convierte en letra muerta, la tierra es cárcel del mar, el horno es cárcel del pan, el usurero está prisionero entre los barrotes de la avaricia y el conocimiento y el amor andan prendidos entre rejas de dolor. Todos vamos de remeros en la galera de la vida que es un barco no sabemos adonde nos lleva; así sucesivamente.

En Chinchilla nació el famoso locutor Constantino Romero el que doblaba películas americanas con voz portentosa y acaba de fallecer en Barcelona.

Allí dieron a Pascual Duarte, un nuevo quijote que luchó contra los molinos de viento de la injusticia, garrote vil. Pertenece ya a la historia de nuestras ficciones el personaje que creó CJC en un libro bellísimo, no sólo la mejor novela de posguerra sino una de las mayores que se escribieron en romance.

El Duarte fue  hijo  de un portugués y de la imaginación de Cela que aglutina detalles biográficos tal vez del autor: el odio a la madre. Según los alienistas esa fobia es el germen de tendencias criminales, inclinaciones al alcohol, la misoginia o los celos pero es también un acicate de inspiración literaria, si es bien reconducido según la psicología.

Todo tiene que ver en esta vida con la madre, a decir de los freudianos, con ese primer momento del nacer que es condicionante del destino; o surge un criminal o un genio.

Si Camilo no hubiera sido escritor pudiera haberse convertido en un bandolero o en un gangster. En una entrevista que le hice me confesó que nadie le tocó un pelo de la ropa porque era tan contundente con la pluma como con la navaja. Francisco de Quevedo también tuvo algo de espadachín echao p´adelante.

 El mensaje de esta gigantesca obra dechado de perfección (el autor la pulió incesante) es actual porque ese rayo que no cesa es el crimen pasional o violencia genérica pero también un problema sin solución injerto en la condición humana sobre todo en la idionsincrasia del español: la honra, los celos.

Eva mordió la venenosa manzana y la ponzoña entra en el código genético de la descendencia y desde entonce nada puede ser igual. Pascual da muerte al Estirao que se acostó con su mujer y deshonró a la persona que más quería en el mundo su hermana Rosarito. Después de su esposa Lola raja a la madre mientras dormía. Un dolor infinito subyace bajo este impulso irrefrenable y criminal. ¿Somos libres en puridad o encadenados al gollete del mal fario?

Tremenda historia. Narrada desde la melancolía y la compasión hacia este extremeño sin suerte al que un hado maléfico lo persigue haciéndole víctima de ese pronto, de esa pulsión irresistible que aterra a los frenólogos.

Ya en presidio se arrepiente y cuenta que su mala estrella le hizo esclavo de sus impulsos. Pascualete no es un asesino, sin embargo, que en el presidio observa una conducta irreprochable. Simplemente un infeliz, una buena persona que nace de un vientre del que no debió nacer y acaba enamorado de la persona equivocada. Luego ese maldito pronto y el pundonor, la fama el qué dirán.

Cela mi padre literario al cual traté e hice una buena entrevista justifica su misoginia en el aserto medieval del “aquilonis percussio” con que motejaban los profesores de la Sorbona a la costilla del hombre. El picotazo del aguijón portón de la vida y la muerte, rendija por donde se cuela el ventalle de las pasiones.  Eva madre de la felicidad y la desdicha.

“Las mujeres son como los grajos de ingratas y malignas”. Esta idea de algunos padres de la iglesia retumba en Quevedo pero viene de Homero y se remonta al Génesis; por ella entrara la vida pero tambien la muerte en el mundo.

Chinchilla un pueblo fantasma que se empina sobre un vampiresco alcor y me acuerdo de los “Vivos muertos” otra gran novela carcelaria que leí en mi juventud. Pascual Duarte y Menoyo el personaje de Eduardo Zamacois debieron de ser hermanos de leche. El personaje de Cela y el de Zamacois constituyen dechado de literatura carcelaria. Un infierno detrás de las almenas ahora convertido en nido de alacranes desafiando a la llanura manchega que otea el páramo es ahora el antiguo penal, que fue fortaleza erigida por Jaime I el conquistador allá por la tercera década del siglo XIII.

El tono compulsivo y realista que se acerca al realismo mágico de Valle Inclán y de Casona en algunas partes refleja la longanimidad del temperamento hispano acostumbrado a pechar con los vaivenes del infortunio y de las calamidades que se presentan de repente; todo eso narrado en un tono ceñido y circunspecto del senequismo celiano mitad compasión mitad ironía que conserva el personaje que quiso morir cristianamente pero que en el instante en que el verdugo acciona el torniquete entra en la desesperación.

Recién licenciado del ejercito – sirvió en la legión con las fuerzas de Franco porque la mejor escritura de los 40 brota de autores que militó en el bando nacional, un hecho irrefragable-  CJC la escribió de un tiró en un verano. Se la rechazaron los editores por tremendista pero tuvo un mentor a Francisco de Cossío mecenas de escritores a los que invitaba a su casona de Tudanca en plena montaña. Gracias a su aval esta novelita pudo ser dada a la estampa. De no haber encontrado a aquel ayo montañés de las bellas letras, hidalgo montañés que habitaba en una solariega en el mismo pueblo de José María de Pereda y que promocionó a no pocos literatos como fue el caso de Rafael Alberti, CJC hubiera sido un descatalogado como tantos y tantos autores de valía – aquí el arte de la literatura fue cultivado abondo y pocos países en el mundo existen donde tanto se escriba, tanto se publique y tan poco se lea- relegados al olvido. La fortuna dicen ayuda a los audaces pero aquí los dioses son caprichosos aunque eso de la censura franquista no deja de ser un mito. A la sazón se considera mucho más férrea que por aquellos días; el sistema se ha vuelto más enmarañado e impenetrable con esto del pensamiento único.

Leyendo al Duarte me parece escuchar la voz de mi padre. Cela en sus primeros libros recoge el pensamiento, el sentir y el habla de aquellas generaciones de los que volvieron de la guerra y que quisieron olvidarla (el resentimiento, el odio, la rabia contra los vencedores vendrían tres cuartos de siglo más tarde) y se entregaron al gozo de vivir en un mundo de carencias, el estraperlo, el gasógeno, la tuberculosis, las casas con derecho a cocina, los patios de vecindad. Su prosa es a la vez divertida y estoica llena de ponderación y de cierta alteza moral en que el arrepentimiento, la melancolía y una cierta bondad esconden esa presencia de ánimo, esa voluntad de reconciliación pero a sabiendas de que la condición humana siempre será igual a sí misma y que el hombre está sujeto a las pasiones y a las veleidades del hado que le persigue. El móvil es la venganza.

Pascual se desquita por la muerte de Lola en el Estirao, en su segunda esposa y en su madre cruel a la que con su rechazo achaca el protagonista todo su infortunio. El tema que aborda no es para paladares exquisitos. Abundan las escenas tremendistas. Se cuenta como un hermano tonto de Pascual, Mario, es atacado por un cerdo que le come las orejas y es precisamente en el entierro del infantito donde el mozo extremeño fuerza a Lola a la que deja encinta y luego ha de casarse con ella.

Entrevisté a Cela en el año 72 en su piso de Torres Bermejas. Dos años más tarde siendo corresponsal de pyresa en Londres dio una conferencia en el Instituto Español que dirigía Alonso Gamo. Concertamos una entrevista. El día señalado no me fue posible por razones que no admitían disculpa había salido yo con una chavala y con las glorias se fueron las memorias. Camilo me disculpó… siempre es mucho más interesante lo que diga esa segoviana que lo que diga yo. Así y todo me concedió una entrevista. Estaba sentado en un diván el vientre muy abultado y un aire de cansancio, fumaba negro y me dio un paquete. A su lado su mujer Charo que no habló nada durante la entrevista. Cela me dijo que él era medio inglés. Su segundo apellido era Trulock, un marino que tenía dedicada una calle en Londres que él fue a visitar. Estaba en la parte cruzado el río del barrio de Elephant and Castle al otro lado del Támesis y allí no vio ningún blanco. Sólo vivían negros. Había en su gesto bondad, generosidad y cierta coña. Cela nunca dejó de escribir como un coruñés con ese ferrete que caracterizó siempre a los habitantes de la capital de Galicia. Su conversación nada retórica echaba chispas del resplandor de los genios pero era un hombre listo y prudente aunque no aguantara pencas ni de aduladores ni de los gilipollas. Tenía muchos enemigos no sólo entre los de siempre contra los que él combatió en la guerra sino entre los envidiosos de sus propios clanes.

Los falangistas querían hacerle de menos, el Opus le negaba el pan y la sal. Los de la Democracia cristiana se escandalizaban de sus salidas de tono irrespetuosas. Por eso listo y sagaz optó por la marcha hacia delante y viajó a Jerusalén y lo nombraron presidente de la junta de amistad con el pueblo de Israel pero este segundo Cela de butades, de paridas y de artículos gnósticos en el ABC pues tenía que ganarse la vida mediante la colaboración periodística. Su huida a Jerusalén fue determinante en la concesión del Nobel un hecho que irritaría a muchos de sus detractores.

En la interviú londinense me confesó su admiración hacia Francisco de Quevedo pero admitiendo que el autor del Buscón empezaba a no ser santo de devoción de lo que daría en llamarse corrección política. Un tipo inteligente y que las veía venir. Aunque no hablaba lenguas sabía bien el terreno que pisaba en qué mundo vivía y conocía sobre todo a los españoles. Trabajador incansable se había leído a todos los clásicos… para escribir lo que hace falta es mucho culo… ¿y si no viene la inspiración?... hijo algo saldrá.

Siete horas seguida desde el amaneces sin levantarse de la silla… esto es cuestión de codos. Padecía de esa polisarcia del escritor. Marina Castaño le puso a régimen pero eso no mejoró su salud. Su lenguaje evoca el habla de los españoles de posguerra encontrando en el castellano esa nota musical y polifónica que tiene y que no hallarían  por ejemplo ni Ortega ni Unamuno. El primero por demasiado barroco y el segundo porque era un tipo abroquelado en su lengua materna el vasco que vale para el zorcico y la poesía pero que retumba como el hierro en las denominadas concordancias vizcaínas. Ello encerraba una ardua labor poco redituable y sólo compensada con eso dado en llamar vocación. A base de esfuerzo encontró esa fibra del idioma la perla escondida que niega sus brillos y favores… en esto de la literatura lo que se requiere son una buena nalgas, hijo, y aquí el que aguanta gana.

Una carrera de obstáculos y un ejercicio de resistencia y la vida en precario llena de nerviosidades, tabaquismos, agitación que se calma con esas hambres vagas inexplicables que acometen al joven que se cree con vocación de escritor, camino de la nevera o escuchando el alegre silbato del canuto del samovar que en Londres se llamaba kettle y fue lo primero que compré cuando alquilé aquel cuarto con derecho a cocina junto con algunos libros y pan y mantequilla para meter en la tostadera (era de lo que me alimentaba) determinado a escribir una novela. La escribí pero jamás encontré editor. Me salían eso sí muchos artículos sobre política y reportajes. Mi mujer embarazada, me ganaba el pan dando clases de español. Llegaba al hogar aquella casa con un pequeño jardín de detrás que daba a un campo de fútbol, casas baratas al pie de una central térmica que vertía humo que parecía lava sobre toda la barriada. Me habían condenado a ensuciar de humo mis pulmones con aquel fogaril que llegaba de la torre de enfriamiento y mis dos paquetes de Players o Embassy a diario. No sabía que empezaba una vida llena de interrogantes. Pobre Martina lo que te hice sufrir. No era el esposo que tú soñaras. Un eterno estudiante un diletante de la literatura. Mi camino de perfección (busqué toda mi vida la excelencia) se torció y mi existencia entró en un vericueto de yerros y escabrosidades que trataba de enjugar con las lágrimas traidoras de la botella. En el cuarto de atrás convertido en biblioteca había reunido los libros de Delibes, de Camilo y otros novelistas porque adquirí en Madrid en las librerías de viejo todos los premios Nadal. Estudiaba estos textos, tratando de imitarlos, copiando a veces páginas enteras o leyendo en voz alta a mi mujer cuentos e historias cortas que yo componía por las noches después de venir de la escuela. Acometía una senda llena de abrojos. No sabía donde me metía. Mi destino sería un poco el de vagabundo de la literatura, un Pascual Duarte que apuñalaba fantasmas. ¡La de gente que yo maté con la imaginación!

Pero allí estaba yo aquella mañana convertido en un periodista cuyas crónicas se publicaban en una cadena de más de cuarenta periódicos españoles. Mi desquite fue darle plantón a Cela. Pero como buen gallego se lo tomó con filosofía. Me hubiera gustado escribir como él pero Cela era inimitable. Creo que con esa clarividencia que embarga a los maestros literarios porque la poesía anduvo de continuo emparejada con la profecía atisbó en mí algo del Pascual Duarte. Tuve la suerte de no ir a presidio. Una providencial mano me apartó del abismo. No controlas los impulsos, ese pronto tuyo te traerá la ruina… why cant you get on with people? El eco de la voz dulce de la Martina me perdigue por doquier… you just hurt me as you did hurt others… you are not normal.

La voz de aquella mujer se alza ahora en mi memoria como el eco de un himno penitencial. Es mi confesión de parte. Devaneos literarios, sofismas. Todos los sábados se organizaban campeonatos de futbol en el miniestado zaguero de aquel barrio de casas baratas. Los equipos estaban integrados por los niños de las escuelas de Doncaster. Escuchaba sus voces cantarinas tratando de domeñar mi ira y la palabra interior que me tiraba en cara mis fracasos. Océanos de papel, libros y más libros. Echaba cartas al correo a las que mis destinatarios no replicarían nunca o bien porque no alcanzaban su destino o por falta de interés. Echaba instancias para ofertas de trabajo. I was the eternal student, the tireles job applicant. Helen dormía en su cunita que le compró la abuela. Pecados míos. Una espesa niebla que dificultaba la respiración y dañaba los pulmones inundaba el barrio. Escribí un cuento sobre el tema de aquellas monstruosas chimeneas de la central térmica. Con un título formidable cooling Powers. Era el norte, aquel norte minero que aun recordaba la marcha de Jarrow. Viví la últina época de los sindicatos , el postrer tranco de una era. Después vendría Margaret Thatcher.

-Martina, vámonos de aquí.

-¿Adonde?

- A Londres, a Madrid, yo que sé… he de buscar otro trabajo.

Regresé a España y conseguí el sueño de mi vida una corresponsalía en Londres pero al regresar Martina que había sido sometida a una grave operación, decidió emprender su vida por otro camino. Nunca más volví a ver a mi niña y aquella espina la sigo llevando clavada a mitad del corazón.

 Algo ocurrió en mi infancia. Fui aborrecido por mi madre como el Pascual. Nunca serás feliz. Aquella mujer de la voz dulce pronosticó como una sibila.  Me mira con unos ojos que jamás seré capaz de apartar de la memoria.

Ninguna obra literaria existiría sin un lector que quita y pone agrega o merma el mensaje enunciado por el autor. Y “La familia de Pascual Duarte” viene a ser al tiempo que un salmo penitencial y una confesión de parte un acto de contrición por lo que pudo ser y no fue lamentando lo que no tiene remedio: el cadalso. Yo señor no soy malo aunque no me faltarían motivos para serlo… se llevaban mal mis padres. Pascual juega con las cartas marcadas pero cuando me figuro cómo era Lola se me representa a mí Martina. Sólo amé a aquella mujer y encontré parte del cielo en aquel amor. Se destartalaron los sueños, vino la señora Thatcher y se puso de cuerpo presente el señor Erifos que se sentaba en la barra del tabernero del Cross Keys, that Yorkshire chap fuerte como un toro y con un cuello de aizcolari, o en el mostrador de la tienda del Tío Manolo el de la calle Leyva toda ella de adobe y con un corral trasero que besaba los cipreses de la sacramental de san Justo. Erifos pensativo sentado en el fondo de la botella de porlán mostrándome una sonrisa macabra que profanó mi cuerpo perdió mi alma y me dejó sin libertad. Se acercaron luego el coro de las nueve musas tartamudas que me tiraban de la oreja.

-Ven acá, galán.

-Dejadme que soy poeta.

El padre del personaje era un portugués alto y gordo como un monte que ejercía de contrabandista. Se emborrachaba y pegaba a la mujer. La madre bebía a escondidas y pegaba tundas a Pascualete. Violencia de género. Lucha por la vida.

-Espabila.

-Aquí quien no corre vuela.

Estos cuadros son espejos de la misma vida. Nos zurra el destino y nos zurramos unos a otros y la fatalidad no nos da a escoger. Sin embargo, hay que combatir el fatalismo con la fuerza de voluntad. Pascual Duarte pese a las apariencias era un hombre débil, juguete de sus pasiones y anticipo de la horca. Voluntad, resistencia e inteligencia son el antídoto. El crimen no paga ciertamente pero puede que tampoco esa bondad universal, ese buenismo que se transforma en cretinismo o cristianismo. Aquí hay que tener mala leche. Pascual Duarte Dihiz (el padre) era un hombre autoritario y violento. La madre descreída, mala cristiana, supersticiosa y borracha y además de parto lento y ya se sabe mujer de parto lento y con bigote el chocho morenote. Se acostaba con el primero que pasaba. Ni Mario ni la Rosario eran hijos del portugués. La familia de Pascual Duarte parece una estantigua de endemoniados y aquella casita a las afueras de Torremejía cerca de Almendralejo una zahúrda del propio infierno. Es un mundo lejos del paraíso de la moral y las buenas costumbres. El destino de aquellos seres viene condicionado por las condiciones en las que viven y ese es en parte el mensaje: que habiendo sido redimidos siempre seremos irredentos contra las prédicas de los curas, los rabinos y el altruismo filantrópico. Cambian los rostros y las circunstancias pero las situaciones del género humano a instancia de las pasiones y los imperativos del conflicto de la existencia permanecen inmutables. A veces las enseñanzas de la literatura superan a las de la religión. Aquí impera la casuística pero Cela consigue a lo largo de todo el libro mantener un tono de compasión estoico y digno pero tampoco exento de lirismo a sabiendas de que no hay oficio sin quiebra ni atajo sin trabajo.

Al revolver de una esquina acecha siempre el peligro y Paco López el Estirao el antagonista representa en medio de la piara de endemoniados al Ángel Malo. Cela nos lo describe en cuatro trazos: rubiales, echao pa lante, con un ojo de cristal que perdió en una riña. Era sólo valiente con las mujeres que lo mantenían. Había sido banderillero por plazas de mala muerte. La semblanza  que dibuja del macarra es certera: pertinaz, deslenguado, impertinente, chulo putas. Había perdido a su hermana Rosarito, se acostó con su mujer, a la que hizo un chico. Pascual sabe donde y en qué carne tiene que hundir el acero. El lector simpatiza con las reacciones del protagonista. Pascual es una especie de arcángel san Miguel al que la justicia humana, no así, la divina manda a presidio y eso es uno de los grandes logros de esta novela que el protagonista se convierte en un héroe de cualquier español de buena voluntad. Una suerte de Robin de los Bosques de la posguerra, un western a la española.

 Y ahora que lo pienso el Estirao me trae a las mientes el recuerdo de Norberta aquella amiga mía compañera de facultad que se enamoró de quien no debía y acabó arruinada siendo de una casa de labranza muy rica en Torre laguna y medio loca. No sabemos qué carta se guarda el destino en la boca de la manga pero el rufianismo es parte de la vida misma y hoy pervive por más que agazapado bajo formas mucho más sofisticadas que aquellas a las que alude el Pascual Duarte. Ay que hablar con vos venía, Norberta y aquel año la Virgen de Covadonga cuadró en miércoles.

-Hiciste mucho daño a demasiada gente

-Ya. El amor perpetuum movile es un baile de maldición, un continuo estropicio.

Escucho esta mañana el viento besar las hojas de los robles. Es como una caricia forestal que hace llorar a los árboles con mis recuerdos. Veo alrededor las hojas caídas de mis sueños y de mis libros. “A lo mejor es que dios me castiga por lo mucho que he pecado y por lo mucho que he de pecar todavía”. Hago penitencia tecleando. Me entrego a la cólera del español sentado y recuerdo mi pisillo de Doncaster con ventanales al campo de futbol al lado de la mujer que amé y de la hija que me hizo feliz mientras leía a Cela y me saturaba de utopías de escritor [el mundo era mucho más fiero de cómo lo pintan], la casa de adobe de Antonio Leyva- medio duro por tres cuartillos de tintorro- donde el Tío Manolo tenía la tienda. ¿Qué habrá sido de él? Guardaos del mal aire traidor y de la lechuza que canta escondida entre las ramas impenetrables del ciprés. Martina me acaricia con su voz suave de jilguero o como aquella almohada donde vertí tantas lágrimas de poeta enamorado y en desempleo.

Madre de Helen. Madre del mundo pero aquel contra el que se ensaña el Destino no lo libra ni la caridad por más que se esconda bajo de las piedras. Mientras tanto, tiro varetas por los desmontes con mi pantalón de un solo tirante o sujeto con un atillo, busco lagartijas y saltamontes. Me sabía dos nidos de collalba y uno de codorniz. Las sandalias me vienen algo pequeñas pero la voluntad lo puede todo. Resiste, chato y zamarrea pos esas trochas que aquí el que no corre vuela y maricón el último. El pascual es todo un paradigma. Se ha puesto a jugar al chito con nuestros sueños. ¡Qué grande fuiste, Camilo!

san antonio bendito en su ermita de juarrillos segovia


Ermita de Juarrillos Segovia



SAN ANTONIO UN SANTO MUY POPULAR EN SEGOVIA

 

Íbamos a san Antonio de Juarrillos cuando era niño, salíamos para llegar a misa al alba y había que echar merienda. En mi ciudad el rey Enrique IV desde que fundó el primer monasterio del Real de San Antonio existe una corriente franciscana que pesa bastante en la impronta y carácter espiritual castellana.

 Los segovianos siempre tuvimos devoción a este santo lisboeta la cara de rosa el niño en la mano y el sayal pardo de los frailes menores el cerquillo como una corona de ángel a la cabeza. Cantábamos los pajaritos y veíamos volar por los cielos de junio el mochuelo de nuestra inocencia, la avutarda de la elegancia, el burlapastor que jugaba al escondite con nuestros días, el grajo que se la sabía todas y la garza a la que abatió un ballestero déle dios mal galardón.

Humilde ermita de Juarrillos al pie de la sierra toscos bancos de madera y un cura gordo y bonachón el de Hontoria que decía misa embutido en una casulla guitarrera y al que el cíngulo no le abarcaba de lo ancho que era. Llamábase don Simón y una vez que su monaguillo Nazario que era amigo mío le vio sin sotana dijo que se le contaban hasta ochenta y tres botones en la bragueta. ¿Tan grande los tenía? Hombre no.

El padre Simón era más bueno que el pan bendito que nos regalaban al final de la misa. No había que comérselo sino guardarlo en el arca y al año siguiente ponerlo en una bandeja, mojarlo y ponerlo en la ventana para comedero de las aves.

El día de San Antonio nos recordaba la alegría de la naturaleza, el canto del ruiseñor, los días interminables de mi infancia cuando marchábamos por el camino de Juarrillos a por moras y a tirar varetas.

Nunca sabré determinar porque es algo visceral, innato e ignoto en mi corazón si san Antonio aquel santo san majo pintado con el Niño Jesús en regazo que estaba en calacamonía por todos las salas y dormitorios de aquella España que se fue existió siquiera, si es un producto de la hagiografía católica tan maravillosa, precisa y preciosa, si predicaba a los peces en Padua porque los paduanos no iban a la iglesia –un poco como hoy- y los peces, las gaviotas, los delfines y ballenas entendían aquellos sermones ictiológicos llenos de caridad y de amos de dios, lo que sí es que este buen franciscano portugués fue un poco el referente de mi vida, acudí a su intercesión en la tribulación y cuando andaba perdidos por los caminos enmendé la ruta y todos los objetos extraviados me los devolvía.

Por eso para mí es un día muy significado el 13 de junio en que la SRI celebra su fiesta. No hay en todo el santoral un bienaventurado más cerca del pueblo, más simpático y milagroso. Tal vez el cristianismo sea algo mucho más sencillo y dúctil de los que nos lo pintan por la vía tenebrosa.

jueves, 6 de junio de 2013

UNA VISITA A LA CARTUJA. "HERMANO MORIR HEMOS". "HERMANO YA LO SABEMOS" SON HOMBRES FELICES Y GOZAN DE LARGA VIDA


































CARTUJA DE MIRAFLORES
 
Les diste, Señor, un vida penitente y suplicante.
Hábito blanco y rosario.
Y el manto de tu Madre virginal
Que a estos frailes acoge y protege
En las lauras de san Bruno
donde campea el silencio
Y la plegaria interior
Eremitas de la Señora
En cada celda un cenáculo
Cada aliento una avemaría
Que se eleva rotunda
Por las arquerías
Pénsil y claustro
Gran cogulla
De la fratría
Quietud impresionante
intramuros
A la puerta el bosque
Piedra gris
y una lápida que recuerda a Enrique II
Aquí vivieron generaciones de frailes
Muertos al mundo
Per solitudinem, visitationem et silentium
Escala viva de Jacob
para subir al cielo
Renuncia a las pompas locas
A los ciegos trajines
del mundo
todo lo encierra (menoscabo de la vanidad)
el cerquillo y la tonsura
de los monjes silenciosos
y por eso y mucho más

Cartussia non reformata

quia numquam defomata
teniendo por norma un precepto


sile et sale

El silencio es una canción

callen las lenguas
para escuchar los oídos la voz de Dios
asilo de pacíficos
y refugio de antiguos pecadores
Decepcionados de las glorias terrenales.
Nunca hubo reformas la Cartuja
Porque nunca relajó
Me apresto a recibir la pescozada
de la gracia
una noche de dolor en Burgos
que el vientre me dolía
y vine a ver los campeonatos
Puede mucho el cucho de la oración.
Ofréndate, Señor mi cruz y el martirio de mis dudas.
A media mañana salió un fraile calvo.
Le dije hermano morir hemos
Y él me contestó; hermano, ya los sabemos.
pasando a mi vera
Como la sombra blanca de la resurrección.
)Era un ángel?
Hago mi norma de vida el motto suyo:
siembra, transplanta, riega, aliña, cava
y en cada florecilla a Dios alaba.
Pasó el día de junio.
Pentecostés se acercaba
por esas fechas andan muy inquietos los diaños
luego las vísperas
y el oficio De Beata a la Virgen Aen recto tono@
un gregoriano medular el suyo
Lo culminó un diacono
Que prosternándose el suelo besaba
Los brazos en cruz
virginidad total
terminó la antífona  y la coral
rotunda voce
cruzó la bóveda un pájaro
y fue a posar en un facistol
No interrumpidnos el rezo, avecillas del Señor


Per intercessionem tuam Virgo Beata

da mihi virtutem contra hostes tuos.

Luego el prior dijo la misa

manteniendo durante el canon los brazos en alto

apagó las velas del altar un donado

y acabó el rezo a media voz

cantan bien los frailes Miraflores

se nota que no comen carne y eso afina las cuerdas vocales

y abrazaron la ley perfecta del silencio

 

Anima mea taceat.

Vida suplicante y vida penitente

Vive y muere por Dios.

Regalo de la escritura anónima

y entre ellos florecieron Dionisio el Cartujano

el Padre Molina y Arias Montano y Surio el doctor extático

autor del Año Cristiano

Los cartujos esperan poco de los recursos humanos

y todo lo fían de Dios viviendo para la eternidad.

Espiritu de san Bruno

Eco de letanías maravillosos y amenes rotundos.

Per intercessionem, silentium et visitationem

Cartussia permanet in vigore

Sedebit solitarius et tacebit.

Cella continuata dulcescit

La vida comprendí es ocio atareado

y aquella noche cabe sus muros

recibí los dones del Espiritu Santo

La verdadera vida empieza después de la muerte

por eso ellos murieron al mundo

el eco de sus salmodias penitenciales

Conmigo los llevo siempre.

 

2 de agosto de 2008

MUÑOZ MOLINA UN PREMIO PARA ESTE CHICO

MUÑOZ MOLINA UN PALETO EN NUEVA YORK

Dieronle el premio principe de Asturias, pero esto es una filfa. Los que mandan quieren tener sus propios perritos falderos, los que le bailan el agua y le rien los pedos al señor ministro, aduladores y cortesanos del sistema. Creo que al conceder tan significado galardón a un trepa el nombre de Asturias no sólo se empocilga - acabo de llegar del Principado, el personal anda un poco triste y desvaído, cabizbajo, falta "traballu" y la actualidad que se nos brinda no puede ser más trabajosa; ellos se lo guisan y ellos se lo comen, y esto es lo que hay como dice la "xente"- sino que también es testimonio elocuente de la penuria intelectual por la cual atraviesa la cultura española, que con decir que el título más vendido en la Feria del Libro del Paseo del Retiro es "Cómo cagar en el campo" imaginen mis pacientes lectores como anda el panorama.

España ha sido una potencia librera e intelectual de primer orden y la tratan de destruir los demiurgos. Por ahí van los tiros. "Play that again, Sam" creo que es el título de una novela de este sujeto publicada hará como 25 años. Se pasó un invierno en Lisboa para parrir tal cagada, subvencionado eso sí por el Ministerio de Cultura.

Luego le nombraron director del Cervantes en la Ciudad de los Rascacielos. Menuda carrera que llevas, chico. ¿Merito? Tener el carné del PSOE en el bolsillo y hacerle las gracias a Polanco a Felipón y a toda su cuadrilla, pero Muñoz Molina no deja de ser un trepa que vino de Jaen, LA PROVINCIA DEL RONQUIDO, dicho con todos los respetos para la ciudad del Santo Rostro y donde han prohibido tocar las campanas porque el sonido les asusta a los moros... ¡Ay cuatro morillas me enamoran en Jaen!

No se le quitó el pelo de la dehesa al buen Muñoz y sigue siendo un paleto en Nueva York, la ciudad que reune más paletos por metro cuadrado en todo el planeta y yo he vivido en Manhattan y sé lo que me digo. Pues eso, ya tenemos un paleto en la academia, no conozco tampoco un escritor más cursi, por otra parte, casado y formando tandem literario con otra del gremio la Elvira Lindo, que fue amante de Juan Luis Cebrián. Manolito gafotas. Que matrimonio más cursi, pero se lo han montado muy bien a lo que parece. Con todo y eso, los laureles, los premios que les dan a estos tienen todos bicho y en esas estamos ante un paleto de Jaen que se ha subido a la cúpula de un rascacielos para hacer de almuédano

martes, 14 de mayo de 2013

un cura feliz


un tipo feliz y contento

10/09/2012

Septiembre, dulce mes. El aire es más suave. La luz más tenue, las tardes el calor aprieta. El otoño adereza sus perfiles en los membrilleros casi agostados. Fue muy tórrido el estío hogaño, de fuertes secas, pero aún queda el veranillo del membrillo y los días de los últimos jolgorios de San Miguel antes de vendimia. Los paisajes de Segovia me acercan a las cumbres místicas y el cura jubilado que se sienta a ver pasar la vida cabe los últimos ojos del acueducto que dan al postigo del Consuelo debajo de la placa puesto por el Ayuntamiento de hace más de medio siglo al Arcipreste de Hita (los munícipes a la sazón eran más literarios) seguía en el mismo sitio que hace un verano. Creo que fue párroco de Larije, buen vino de la ribera como su propio nombre indica. Se conoce que ha vestido sotana durante muchos años y que no le cuadran el pantalón azul con culeras y el jersey algo raído. Al verme me saludó como la primera vez en que nos encontramos y trabamos conversación pues casi somos paisanos y yo me pienso para mis adentros que este pensionista de aires melancólicos y aspecto de gañán no se hizo cura para ser rico.

 Doce años y toda una carrera para obtener un buen pasar. En el arca de su rectoral de Larijes, uno de los templos más amplios de la diócesis, no faltaría el bodigo pero tampoco sobraría. Me acuerdo que yo de niño le vi zamarrear montado en su bicicleta Orbea por las cuestas de la Villa y las Rampas de San Miguel camino de servir al anejo u oficiar en algún funeral.

-¿No se acuerda usted de mí, don Anacleto?

-Pues la verdad que no. Ahora no caigo.

- Yo le ayudé a misa bastantes veces cuando iba a decirla a Tozuelos. Era el tiempo de la siega.

-Coño, si eres el Belarmín. Contigo por alrededor pronto se acababa el vino de misa. Hay que ver lo que cambiaste, hijo.

-Las canas, estoy jubilado como su merced, tengo un nieto y dos nietas mellizas. He plantado algunos árboles, engendré cinco hijos, escribí cuatro libros y muchos más que guardo en la gaveta. No he traicionado a mis ideales…

-Así me gusta. Está bien, está bien pues ¿no te llamaban a ti Belarmín el hijo del sargento?

- Ese era mi nombre de guerra. Menuda pieza. Me acuerdo que en unas fiestas del Rosario acabaste con todos los soplillos de la cocedura del Tío Olimpio que paz descanse

-Mira cómo se acuerda.

-De lo bueno no, de lo malo sí.

-Y ahora Anacleto ¿qué haces?

-Aquí matando el tiempo y dando haces.

-Haces ya no hay. Las cosechadoras acabaron con todo eso. Se terminaron las foces y las faces y, los garios, el azadón, las horcas de garabato que sólo quedan las caudinas que nos hace pasar la alemanita, las zoquetas, las besanas, los bieldos y las aventadoras, yugos, teleras, facinas, ejes, varales y carros, el tentemozo y el fanal que había que llevar a un lado para que no te multara la Benemérita, los toldos, las vertederas, rejas de arar y rejas de arrejacar, las carretas del país, las colleras del mulo, los gavilanes de aparejar. No quedan yuntas ni siquiera la pareja de la guardia Civil.

-Ni máquinas de escribir. Periodista era mi oficio. No tuve la suerte que tú de cantar misa.

-La suerte o la desgracia- dice mi cura viejo pensativo.

-¿Qué tal se lleva con el obispo?

-Bah

El cura de Larijes me cuenta su vida, lo del accidente que tuvo un autocar de Galo Álvarez en Membibre que al recular se llevó el chaflán de una casa y quedó el morro pingando mismamente metido en el zaguán. ¡Ah qué tiempos aquellos! Bien comido bien servido. Bene vivere. No hay razón de tanto cabreo nacional. Convenimos en que los periodistas agentes secretos de nadie sabe quién ni de qué amoazuzan a las hienas de la jauría, siembran la discordia, la inquietud, así estamos todos de los nervios. Y yo me acuerdo de mi Benilde. Era tan hacendosa, tan dispuesta, tan maja, pero Dios se la llevó. Alguien pretende que el español habitante de una de las naciones mejores del mundo ande a coces con su pasado, escupa maldiciones contra sí mismo.

 Don Anacleto echa de menos al ama que se le murió de un cáncer de mamá. Era como si fuera su mujer misma, que lo era, para el caso, porque en la casa curato sólo había una cama matrimonial y a ti que te importa lo que yo haga o deje de hacer, haz lo que yo diga y no hagas lo que yo haga, pero siempre fue así, que ha de hacer.  Mira el arcipreste de Hita que escribió una carta al papa Juan XXII que le excusaran lo del celibato y acabó entre rejas. Trece años a la sombra en el presidio de San Torcaz.

Tuvieron un par de hijos, los dieron a la inclusa. Eran tiempos en que estas cosas se hacían de tapadillo. Si se enterara el obispo que se enteró y le envió a Pajarillos de Abanto un pueblo de la sierra pero no le quitó a su Benilde.

-Mi Benilde era una santa- dice reflexivo el cura viejo.

Unos turistas nos piden que les hagamos una foto bajo la arcada de los primeros ojos del acueducto. Abajo bulle una multitud desparramada de excursionistas. La Virgen Blanca mira compasiva hacia el occidente de la ciudad ceñido al talle la bandera de España que le colocaron los cadetes que estudian para Geos en la academia de Artillería. Don Anacleto me confiesa que no añora nada, no ambiciona nada, sólo aguardan que den las ocho y media para ir a cenar a la residencia. Es un hombre feliz. Yo también l

sábado, 20 de abril de 2013

ALBERTI. SE EQUVOCÓ LA PALOMA (de mi libró GENTE QUE CONOCÍ)

ALBERTI. SE EQUIVOCÓ LA PALOMA…SE EQUIVOCABA


Con cuatro mulillas tordas y un caballo delantera y la carretera toda para ti, carretero, ¿qué más quieres? Versos de Alberti que jalonaron mi adolescencia porque el gaditano protagoniza al poeta adolescente. Era una de las firmas más leídas y estudiadas en los colegios, institutos, academias y noviciados de aquellos bachilleratos de los 50 a los sesenta; acabaríamos hasta el cogote de romanceros gitanos y del juanramoniano no la toqueis más que así es la rosa junto con el Soria fría Soria pura cabeza de Extremadura machadiano. Puro idealismo. Pura utopía.

Los vencedores fueron mucho más generosos con los vencidos que los que se autodenominan democratas/autocratas para los cuales todo lo que se produjo antes de 1975 no existe, se desprecia y se ignora. Es una bonita forma de hacer que España pase a la historia. Se equivocó la paloma… se equivocaba. Esta bellísima copla de Alberti fue el buque insignia de nuestra generación del 68 que fue perenne protesta. Y, pensándolo bien, teníamos ciertas concomitancias con la del 27 estando dos dictadores de por medio. La suya desembocó en la guerra civil. La nuestra en el juancarlismo debelador y putañero. ¡Qué decepción cuando supimos que la democracia era esto!

Se equivocó la paloma. Se equivocaba. Por ir al norte fue al sur. Creyó que el mar era el cielo… que la noche la mañana… se equivocaba. Alberti nuestro poeta de referencia nuestro poeta torero que bebe en las fuentes más puras del romancero el del talle juncal se transformó en aquel gordo abacial que hablaba con acento italiano cuando se arremolinaban en su entorno las muchachas en flor en las aulas del Ateneo. ¡Cuanta decepción conocer que la gran poesía acaba en eso! Arboleda perdida de rabonas y de furor masturbatorio de muchachos en flor mirando a la bahía. Todos los caminos de Andalucía van a dar al puerto de Santa María y mueren en las aguas del Guadalete donde se entonó por primera vez el canto por la pérdida de España. Por allí se invocó el nombre de la traición y surgió magnífica y terrible la mitra del obispo Opas. Es la cuna del cante jondo y del toreo. Voy a Sanlucar por atún y por ver al Duque . El pueblo mejor de España tiene nombre de carabela.

Luego se quejan los rogelios de haber sido postergados por el franquismo. Los niños de la posguerra nos educamos en el espíritu de la reconciliación y quedamos empapados de Machado, García Lorca y el propio Alberti. Y hasta las orejas. No teníamos poetas nacionales y a los que había se los desdeñó o relegó sin contemplaciones y siguen en el armario. Este ostracismo intelectual un fenómeno que sólo se da en España no ha dejado de sorprenderme. Ostracismo viene de ostra en honor a los griegos que cuando querían mandar al exilio a un ciudadano echaban una ostra o la concha de un caracol en el puchero comicial.

Pero en Alberti como en Federico creo que es más el ruido que las nueces. El arte nos viene enredado en las marañas de la política. A Juan Ramón que es una aguja de marear cultos sobrevalorado y ultra dimensionado por la crítica hay pocos que lo entiendan. Mora todavía en su azotea de la poesía pura, sus versos como dentro de una burbuja El mayor vate de la generación del 27 resonancias del romancero y de Gil Vicente fue Gerardo Diego superando al de Moguer y al portuense pero como pertenece al segundo cupo ha de guardar el turno del escalafón siendo mejor poeta, más músico y no tan buen pintor como Alberti. Creo que éste nunca dejó de ser aquel mal estudiante del colegio de san Luis Gonzaga del Puerto de Santa María que se fumaba las clases, nunca se le dio bien la gramática y a vueltas con el diccionario e incluso con la prosodia y la sintaxis su literatura se resiente. Más de su gusto eran la aritmética y la matemática.

En el fondo le ocurrió lo que a muchos de los educandos por los padres de la Compañía (los hubo buenos y regulares) que aquello marcó carácter. Ese entusiasmo, esa flexibilidad, esa inclinación por la excelencia es un poso de esa educación jesuítica lo mismo que la intolerancia, la protervia y presunción de esos antiguos alumnos que van por la vida creyéndose superiores. En sus versos, en las oscilaciones de su carrera política- Alberti nunca fue comunista- en las rotundidades de su vida amorosa, cortejó a las mujeres más galanas de su tiempo, y eligió por compañera a una miliciana con maneras de reina, María Teresa León, una rubia burgalesa casada con un militar que se fugó con el del Puerto de Santa María, se yergue la teoría de las dos banderas ignacianas. Fue acaso un buen versificador pero su arte tenía mucho de propagandista. Yo me quedo con el poeta puro que volvió al alimón con Lorca en órbita el romancero al Alberti revolucionario y de consigna.

Alberti sin embargo es mucho Alberti y hay en su obra mucha arboleda perdida. Le cupo la suerte de haber nacido en uno de los lugares más guapos de España dunas medanos y arenas brisas del Atlántico. Lo conocí una tarde en el Ateneo en los años 80 rodeado de mujeres el pelo blanco y una melena doctoral aires de canónigo de Toledo el mirar displicente, algo amargo y resentido. Moriría a los dos años al cabo de una caída por un absurdo accidente en las calles de Madrid la ciudad que no le gustaba pero que le hizo famoso y rico un potentado al uso de los intelectuales de izquierdas que nunca fueron a la guerra aunque cantasen al Quinto Regimiento. En la historia española siempre se encuentra uno con esta clase de personajes que pertenecen a la casta de los privilegiados.

Su poesía tiene la diafanidad y fuerza embriagadora de la uva de los majuelos de Jerez. Es de alta graduación etílica. Tiene un sabor coquinero a sol y a copla. Es cante jondo. Un aura dionisiaca como los atardeceres portuenses, cuando el sol del ocaso dora las garitas del penal de Santa Catalina que guarda el secreto de tantas desdichas, compulsa los versos de Alberti, un elegido de los dioses poeta para una guerra voz triunfante en el exilio.

En un viaje que hice al Puerto al final de un verano creo que empecé a entender mejor al autor de marinero en tierra al vagar por las calles empedradas de casas blancas encerradas, de destartaladas iglesias. Vi entrar y salir por la portería de la casa de la compañía al padre Coloma luciendo una impresionante calva de patricio romano peyéndose a carcajada viva durante el quiete y avanzando en zapatillas. Olía a vino y al caer de la tarde me crucé con las sombras indecisas y titubeantes de los borrachos que se santiguaban torpemente al tocar avemarías. Nunca en ninguna otra parte del mundo salvo por Londres vi tanto pimple por las esquinas pero los borrachos del Puerto son los más dignos y solemnes del mundo.

San Cucufate el abogado de nuestras pítimas con san Fermin y san Cojoncio intercesores ambos por nuestras curdas ante el Altísimo nos daba su bendición al grito de Dios perdonará y perdonará eternamente a los borrachos.

En la plaza de toros coloquiaban unos maletillas. Pasó una monja vieja vestida de blanco y la luna se asomaba por el vano del balcón de una casa señorial en ruinas. El Puerto de Santa María es una ciudad blanca tirada a cordel transversal y en línea recta, antesala de América. Las ciudades de la América hispana la tomaron como modelo en sus casas de planta baja el portón de la puerta carretera los guardacantones y bordillos y los ventanales con reja y arriba la galería que en Asturias se llama corredoria.

Me pareció la población honda y misteriosa desparramada hacia el mar mitad cuartel, mitad convento y mitad bodega. No pude resistir al embeleso dionisíaco. El fino me tumbó y de esa manera entendí mejor el arte embriagante de Alberti que fue corredor de vinos. Allí el Terry pega y es un zumo eucarístico porque sin el vino no se puede entender la religión que profesamos. Ni se puede entender a España y mucho menos a Andalucía. Sangre de Cristo hontanar del señorío. En el Puerto yo tuve algo así de la mano de Rafael Alberti como una visión de España como una hoguera, como una casa encendida.

jueves, 11 de abril de 2013

mohatras y leguleyos contra un alcalde

En defensa del alcalde de Cudillero




Este país es un país de buenos alcaldes y de malos políticos y es el caso de ese pueblo asturiano a la vera del cantábrico antes un paraíso pero que se ha convertido en un infierno. No sé como empezar a escribir esta historia kafkaiana. A francisco Fernández o quico como todos lo conocemos le pedía la fiscalía no sé si catorce años de cárcel y una multa de catorce mil euros y todo por un chiringuito supuestamente mal colocado y en la cual el primer municipe pixueto un hombre eficaz y bondades no intervino pero resulta que había un guindilla o sargento de municipales que tenía ojeriza a quico porque le había suspendido de empleo y sueldo que le acusó ante los tribunales de cohecho, prevaricación, peculado, estelionato y todos esos delitos conectados con la función pública que se enumeran en el código penal y que yo resumiría en una frase odio tribal, mohatras. España se dio a los picapleitos y a las querellas. Los abogados tienen la voz cantante y la clase política se ha blindado tras ellos y de los periodistas y tertulianos a sueldo. Las penas que solicita la fiscalía para el alcalde de Cudillero me consternan y sonrojo. Todo el mundo le quiere, la gente sencilla, ha hecho mucho por el pueblo, construyó una autopista causando la menor merma medioambiental, adecentó caminos y calellas, ha sido un alcalde de la gente que viene de la justicia social como militante del PSOE. Todas estas trifulcas leguleyas me recuerdan una novela de armando palacio Valdés el cuarto poder que vivió en Cudillero el pueblecito costero que le inspiró su mejor novela José. Yo me siento avergonzado y perplejo pero sé algo de la persecución que aflige estos días al alcalde de Cudillero con el que me solidarizo y soy victima de esos rábulas que ha puesto en orbita de actualidad el alcalde de Injusticia j.m Ruiz Gallardón que cuenta con el apoyo de toda la masonería. A mí me han empapelado por algo que no hice. Se me imputa el delito de denuncia falsa cuando en un chiringuito me coparon copas por valor de 50 euros que yo no consumí. Pero estas cosas en la España de la tiranía que se autodenomina democracia se encuentran a la orden del día. Los políticos y tertuliaros se arropan en una policía que no es nada democrática. Medra la arbitrariedad, los de abajo pagan los desacatos y chulerías de los de arriba. Esto no nos puede llevar a buen lugar, puede acabar en una guerra civil. Como les digo, el paraíso asturiano no es tan paraíso, el personal anda muy dividido. Medran los egoísmos en detrimento de la antigua simpatía, también en Asturias la gente va a lo suyo y te pueden empapelar o pegar un tiro por un mojón, por un cipo, por una linde. Ya quedan pocos paraísos. Lamentablemente, Quico un buen alcalde es victima de insidias y calumnias de la derechaza papera y su tancredismo. Rajoy no vale para estar al frente de un país tan importante como este. Por su culpa las cosas andan revueltas. Sería aconsejable que dimita.