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jueves, 10 de agosto de 2023

 

EL DIA DE SAN BERNARDO EN EL MONASTERIO DE SANTA MARIA DE SACRAMENIA


Acudo con una oración en los labios que me enseñó un cisterciense escrita por san Bernardo de Claraval:

"sancta Maria, sucurre miseros, fove flebiles, adjuva pusilanimes, interveni pro clero interveni pro devoto femineo sexu sentiant tuum juvamen quicumque celebrant tuam festivitatem. Amen"

y este lugar de la tierra en que nací me explica tres cosas, mi amor a la Virgen Madre, la devoción por los libros, la fraternidad de la tierra y cierta adición por el buen vino. es Castilla la tierra de Berceo un lugar mágico situado en valle nemoroso tierras altas de frontera que pegan al Duero y a la cordillera carpetana. tierras de frontera las de los aportellados de Fuentidueña la de los arqueros de Sacramenia los escuderos de Valtiendas y los anacoretas y ermitaños de Fuentesoto. Aguas arriba del Duratón entre afiladas peñas y gollizos se abrían las cuevas de los eremitorios donde se refugiaron los cristianos visigodos huyendo de la morisma. Todavía se pueden contemplar estas moradas trogloditas por los tesos de Cuevas de Provanco y en Fuentesoto a la vera del río Menia que riega los huertos y la vega se alzaba la ermita del viejo fundo de san Vicente de Pospozuelo. allí debió de existir una Tebaida parecida a la de los Siete Altares sepulvedanos.

Quedan restos del eremitorio prerrománico y señales de tumbas visigóticas. El espíritu cisterciense ha calado en mí al socaire de la devoción a Nuestra Señora una mezcla del lema benedictino del ora et labora y de la indolencia contemplativa que trata de seguir una regla difícil de convivencia comunal ▬ el Cister por amor a Cristo renunciaba a todas las cosas del mundo incluso a la privacidad: los hijos de san Bernardo trabajaban juntos, rezaban en común, escribían bajo la mirada del abad copiando (eran excelentes calígrafos) manuscritos en el armorium, bajaban al refectorio a las horas marcadas, y carecían de celdas, dormían en crujías o dormitorios▬ trabajaban en el campo comían de la huerta, roturaron la tierra, plantaron viñas. A ellos se debe la tradición vitivinícola de Castilla la Vieja. San Bernardo trasplantó el veduño borgoñón que arraigo cepas mejores en estos majuelos que las del francés originario. Sólo al morir conocían la propiedad privada del cuadrado de tierra que a todos nos corresponde.

la historia de este monasterio de Sacramenia yo la conozco bien y he escrito largo y tendido sobre estas piedras cuando era corresponsal de la agencia Pyresa en Nueva York. El claustro monástico fue comprado por Randolph Hearst y fue desmontado piedra a piedra y reedificado en Nueva York. otra parte fue a parar a Miami bizarra y azaroso historia que empieza con la desamortización de Mendizábal y los españoles con nuestras sagradas piedras no sabíamos que hacer. Algunas fueron pignoradas. Sin embargo, hay que decir que aquí quedó el rosetón impresionante circulo de piedra que tamiza la luz donde cantaron los monjes vísperas durante ocho siglos. El monasterio fue erigido a mediados del siglo XII antes que el de Moreruela y el de Veruela en la provincia de Zamora y Soria respectivamente. actualmente es propiedad privada pero está abierta al público gracias al sponsor un colega y amigo periodista- subiendo desde el pueblo a través de un camino flaqueado de encinas y fresnos como unos tres kilómetros uno se enfrenta con una plazoleta cercada por chopos centenarios. un gran mastín manso y blanco animalito sale a recibirnos y nos lame las manos. me quedo casi en éxtasis ante el rosetón y canto la Salve. Detrás de la corraliza aparecen las ventanas de las celdas. La iglesia ha sido reedificada con gusto exquisito. me acuerdo que bajé una vez con el abuelo por estos andurriales a la romería que tenía lugar en honor al santo el 20 de agosto. Compramos garrafatiñas y peladillas de Alcalá a los carameleros, bailamos la jota. Un gaitero de Peñafiel tocaba la chifla (dulzaina) y entrada la tarde regresamos a casa. Nunca olvidaré aquellas vivencias. en el día del glorioso san Bernardo patrón del Cister y de los monjes templarios. un templario hospitalario creo que he sido en la vida. Diacono para servir y cantar la epístola.

vísperas de la virgen de agosto

 

El día de Nuestra Señora 15 de agosto

Ya han pasado muchos años de aquellos 15ª pero mi alma venerara y rememora. Se han gastado las páginas de aquel misal olvidado de tanto pasar las hojas mojando con saliva el papel. Te igitur, clementissime… aquel niño de las misas pontificales en la catedral portando el acetre o la naveta del incensario es un viejo diacono olvidado, un literato sin fortuna, acaso un vagabundo con poca suerte pero agradecido a Dios por la fe y por todo cuanto fui. Yo creía en la utopía. La noche pasada mientras rezaba el oficio cantaba en el bosque un mochuelo el cual con su particular lúgubre llamada que por estos pagos llaman miago. Inconfundible el lamento de la curuxia (lechuza) como un himno epicinio de las ninfas de la naturaleza sonando allá atrás en la aliseda. Creí interpretar el sentido de las palabras del pobre autillo de mi pueblo que visita estas soledades una madrugada sí y otra no:

Arca non putri fabricata ligno

Manna tu servas, fluit undique virtus

Ipsa qua surgent animata rursus

Ossa sepulcros

Surge, dilecto pete

Nixa celum

Sume consertum diadema stellis

Este himno de salutación mariana nos cerciora de que la Virgen estaba hecha de otra pasta al resto de las hijas de Eva, que su carne incorruptible no pasó por los estragos de la muerte y que se durmió en el regazo de su hijo y se fue al cielo cercada de ángeles y pisando una diadema de estrellas. Exageración, tal vez; hiperdulía, culto mariológico pero hay cosas que no acierta a comprender la razón y el corazón entiende. Sin proponérselo el “miagón” escondido entre las ramas del “humero” le cantaba a la Deipara una copla de resurrección. Hoy es fiesta en muchos pueblos de por aquí. Mi fe en Cristo Jesús y mi amor a la Virgen poco tienen que ver con este circo y estas maniobras comecocos del sucesor de Wojtyla. ¿Llega un vicedios o un embajador del diablo? O un nuevo judas que ajustó la venta de la iglesia al sanedrín por veinte siclos. Pese a las traiciones Cristo está en la historia y el atardecer es hermoso. El mundo pasará pero mi palabra no pasará

La plenitud del verano el sol en su cenit nos acogía tiempo de augusto. Íbamos al valle de Tejadilla a coger moruelas. La oxicanta o el escaramujo pintaban entre las zarzas.

-Estas son buenas, Teodoro.

Mi amigo Doro y el que suscribe cuando amanecía dios por los torrentes y blanquea la cal por las torreras antes del amanecer cogíamos el fruto medicinal y poco a poco las echábamos en un bote. Eran buenas para el hígado y el boticario de Santiespiritu las pagaba a duro el cuarto kilo. Al alba un jolgorio de campanas llenaba la ciudad se místicas y alegres sonoridades. Era el único día que subían los sacristanes a la torre de la llamada Dama de las catedrales. Melecio el sacristán mayor que era pariente del deán y que solía recorrer el templo con un atadijo de llaves y era un segoviano de pelo fuerte muy cano y de fácil sonrisa dirigía aquel repique. Una vez subimos con él los cien metros de escalera. El huso de la empinada escalinata era tan estrecho que había que subir de costadillo pisando palomizo y gallinácea. Chovas, golondrinas y aves de todas las especies habían posado allí durante siglos. Merecía con todo pasar canguelo trepando por las angostas oscuridades. Desde lo alto del campanario se divisaba en la majestad de sus campos media Castilla. El tañer de la campana gorda sólo una vez por año la mañana del 15 de agosto se esparcía por la ciudad amurallada con euforia de ritmos y megafonías triunfales porque ese día no se tañía “de sencillo” sino de redoble. Era el Día de la Virgen. Nos habían hablado del sueño que tuvo san Agustín sobre la mística ciudad de Dios basada en la armonía, el concento y el contento, la ausencia de maldades sin crímenes ni robos ni borracheras ni bandos bajo el báculo del obispo y la espada del príncipe que velaban por la seguridad de los súbditos y fomentaban la conllevancia entre las diferentes clases sociales meditante los gremios- a cada uno le correspondía un oficio y todos los miembros de la comunidad eran útiles y estaban adscritos a un puesto, a un lugar. Era la utopía y aquellas campanas de mi pueblo recogían el eco de aquella llamada a la excelsitud. Hay que buscar la excelencia. Miremos a lo alto. En el cielo sonreía la Virgen maternal con un niño en brazos. Aquella mujer que aplastaría la cabeza del dragón había estado subida a aquel trono de nubes desde mucho antes. Los egipcios la llamaban Isis con su niño en el regazo: Horus. Para los romanos era una diosa que se paseaba por los campos en un carro de fuego tirado por leones. La diosa Cibeles. No importa la denominación pero en algo hay que creer. Bebamos de los vasos sagrados. No rompamos las orzas. Sagrado es el vientre de la mujer. En ella nos concibieron pero estamos hechos de barro. Había un grito triunfal que al final de la liturgia prorrumpía el subdiácono:

-In conceptione tua inmaculata fuiste

Y contestaba el orfeón:

-Ora pro nobis Deo qui Verbum peperisti.

-Assumpta es in coelo.

Te llevaron al cielo en volandas. Y para ti la tierra te fue leve porque te dormiste. Asunción dormición de acuerdo con la tradición oriental. Un serafín entona hoy con más brío las estrofas del Akathistos. Alegraos mujeres del mundo porque en Ella está vuestro triunfo. En España el país de la Virgen pura, cristiana, pero que rindió culto a Cibeles, a Isis y Horus y otras deidades ibéricas de la fecundidad se escucha la voz del serafín anunciando la búsqueda perpetua del amor que no se extingue o la llama que no se apaga pero también suenan pasacalles. Tan. Tan. Talan. Tan. El grito de aquel bronce en día tan significado lo llevo inscrito en mi memoria. Debe de ser que la fe entra por el oído como decían los padres de la iglesia y la religión tiene que ver mucho con la acústica. Sin ortofonía ya no queda armonía. Y han derribado los púlpitos. Derrocado el tornavoz que en su techo mostraba la paloma del Espíritu y suprimida la predicación pues la Iglesia ha suprimido la predicación que tiraría por tierra la sagrada didascalia. Y ya sólo nos quedan las campanas para hablarnos de Dios.

Bajo la atenta mirada del sacristán mayor al que recuerdo con su cara bondadosa y caminando por las naves de la iglesia arrastrando los pies (debía de tenerlos planos) con un manojo de llaves engarzados a la cintura tres mozos de la parroquia elegidos por sorteo para repicar se las veían y deseaban para girar la melena de la gran campana. El bronce y el roble eran símbolo de los días augustos. Segovia y concretamente aquella iglesia mayor, un canto del cisne del gótico tardío producto del ingenio del gran arquitecto Juan Guas, consagrada a la Asunción, festejaba a su patrona. Era fiesta mayor y uno de los días más hermosos de aquellos estíos de mi infancia cuando íbamos a coger moras a Tejadilla o a Juarrillos para luego bañarnos en los peñascales del río Eresma. Las gentes, las casas y los objetos parecían tener un fulgor particular ya en los comedios del verano. La mies se acumulaba en los trojes acabada la bielda. Los majuelos en sazón mostraban racimos como ubres bajo los entorchados de las parras o las cepas crecidas de pámpanos. Días de Baco y de Ceres que retornaban bajo diferente adoración. El sol augusto amparaba los campos y, el estío de vencida, los barrios estaban repletos de veraneantes. A todas las horas pululaba el gentío por la calle real. Los primeros turistas americanos e ingleses se hacían fotos en el pretil de la Canaleja. El bigote de Clark Gable sonreía, morboso, en los carteles anunciaban películas como el “Viento se llevó” que fue prohibida por inmoral. Era un 3R pecado mortal. Total por un par de besos que le da el bueno del Orejas el pabellón auricular más sexy de Hollywood a la O´Hara se armó un escándalo.

 ¿Qué hubiera hecho o dicho el obispo fray Daniel hoy en día ante la ola de pornografía que nos invade? Volverse a morir. La castidad ya no se estila. Las púberes canéforas han dejado de ir con flores a María y hasta la duquesa de Alba, ese carcamal, se ha echado un novio funcionario al que pasea por Sevilla. Entonces las mujeres para entrar en la casa de Dios tenían que ir recatadas. La manga corta y los escotes, cosa prohibida. Se quema incienso en los altares paganos al adulterio, al hedonismo. Tetas y coños melenas al viento ululan y pululan por las viscerales revistas del corazón. En veinte siglos de cristiandad no había padecido España la peor lacra que acomete a un pueblo: la baja natalidad. Destruida la autoridad paterna muchos padres están acobardados sin saber por donde tirar ante la desobediencia y el desacato de sus parientas y de su prole. Se ha destruido a la familia y muchos hogares son un sufrimiento sin esperanza que hace pensar en las conmociones del Apocalipsis. ¿A quien recurrir? A la Virgen de Agosto. 

Pero no nos engañemos. Entonces también se hacía el amor. A la caída de la tarde los bosques del pinarillo se poblaban de mirones que iban a espiar los muy sádicos a las parejas en faena. La Farela que era la mancebía que estaba en la Calle de Cantarranas puerta por medio del convento de Santa Isabel tenía mucho trabajo con la venida de los de la IPS. No tiene enmienda pero entonces las cosas se hacían con más recato y a los jóvenes se nos inculcaba un código de valores para discernir el bien y el mal. Emborracharse o irse de putas no eran actos para merecer una condecoración. Hoy los amoríos y líos de falda se pagan mucho dinero en exclusivas en las revistas del corazón. Si había habido buena cosecha todas las mesas de la terraza del Columba bajo los arcos del Azoguejo estaban ocupadas de gente de los pueblos que acudía los jueves al mercado de la capital y entre el ir y venir de camareros de blancas chaquetillas y rojas charreteras – todo parecía como militarizado y reglamentado por aquellos días se veía a los tratantes de Turegano fumándose un farias. 

Corrían por la bandejas bastantes billetes verdes. Los marraneros de Extremadura saldaban buenos tratos con la venta del cerdo jaro y para Nochebuena tras la matanza del marranillo morato comíamos morcillas y jamón de jabugo. Por la calle Real para arriba para abajo no se veían más que gorras de plato. Por todas partes, militares. A los de la guarnición se agregaban los estudiantes de la IPS que hacían la mili durante tres veranos en Robledo y salían de alféreces. Y estudiantes muchos estudiantes que enviaban sus padres para estudiar una carrera o prepararse para la Escuela de Magisterio. La pluma la cruz y la espada eran la marca de España. Hoy esto muchos lo encuentran anacrónico o fascista pero había mucho más respeto, mejor convivencia, más alternancia y más posibilidades, hoy los caminos se han cerrado para los jóvenes sin que el papa haya dicho ni esta boca es mía al respecto.



Entretanto, Doro y yo introducimos las bayas en una cesta y a lomos de nuestras bicis cruzando el Puente de Hierro y por detrás de los ventorros camino de Hontoria subimos a Valdevilla. El puente romano parecía nuevo flamante y sus piedras tenían dos mil años. Por ellas caminaron las legiones de Augusto y los rabadanes de la mesta. Seguía el concierto campanero impregnando de melodía el aire de la mañana. Todas las torres se pusieron a tocar para acompañar a la campana gorda. Como la señora Teo había ido a la peinadora mi amigo Doro desayunó en casa. Restauradas las fuerzas a base de un café con leche y picatostes nos pusimos el traje de los domingos y otra vez pedaleamos por el Camino Nuevo hasta llegar a la catedral. Don Asterio a su vez el maestro de ceremonias, y el precentor encargado de dirigir las voces blancas ya nos estaba echando en falta.

-Creí que no llegabais.

-Es que fuimos a Tejadilla por un mandado.

-Hoy no se va a por moras. Hay que estar aquí derechos como velas para cantar a la Patrona. ¿Estamos?

-Sí don Asterio- respondimos los dos escolanos agachando las cabezas.

El día de Nuestra Señora el aire de la ciudad parecía poseer una mayor claridad iluminando las caras iluminadas de las gentes, las palabras y hasta las broncas del maestro de capilla no sonaban tan impetuosas. En aquel momento entraron en la sacristía dos sacerdotes con capa pluvial que llevaban una barra de plata rematada en un santo cristo cada uno de los dos. Eran los pertigueros. Los prestes se atacaban el alba con el cíngulo o se echaban la casulla cerca de las cajoneras de la gran sacristía contemplándose en los oscuros espejos que devolvían una imagen triste y fantasmagórica de sus figuras. Algunos comentaban incidencias de la vida local y Melecio el sacristán le hablaba de un automóvil que acababa de salir al mercado.

-Don Fernando, porqué no se compra usted un 600. Ese coche le vendría bien para ir a ver las tenadas y las fincas que tiene en su pueblo.

-¿Y para qué quiero yo un 600, hijo, si no tengo para gasolina?

-Pues tambien es verdad, señor deán. No me había dado cuenta. Echarse coche es fácil. Lo peor es mantenerlo.

El obispo, hombre muy bondadoso, no decía nada pero asistía a la conversación con una tímida sonrisa mientras se colocaba la mitra toda de nieve y aleteaban en torno a su persona una cohorte de fámulos que le atacaban las calzas o le ceñían el cíngulo antes de salir a celebrar. El maestro de ceremonias golpeó con una vara uno de los bancos y al son de tres golpes secos la escolanía entonó la antífona de entrada.

-Niños a coro- exclamó don Asterio

Y se inició la procesión. El grupo de acólitos con nuestras sotanillas rojas de lana abríamos carrera al séquito que a través de la girola detrás del altar mayor recorría las naves y las múltiples capillas luciendo la pompa y esplendor del rito visigótico a lo largo de aquel templo que era el más grande de España después del de Sevilla. Abría carrera la cruz procesional flanqueada por los ciriales. Yo caminaba portando el acetre con el hisopo y la naveta haciendo las veces de ayudante de Teodoro que oficiaba de turiferario. La comitiva ascendió las gradas del presbiterio y el cabildo cruzó el enlosado de la nave central con enterramientos de todos los obispos de la diócesis desde san Hieroteo hasta la fecha y todos ocuparon su sitial. Tras el canto del magnificat se iniciaron los Kyries de la misa cum jubilo. Las deprecantes notas del responsorio surgían como voces clamando al cielo iban a besar las impostas o se esfumaban por las bóvedas de crestería. Las voces se habían escuchado allí durante siglos deprecantes, compungidas, pidiendo la misericordia divina. Ten misericordia de nosotros, señor. Aquella plegaria había sonado en aquel recinto miles de veces. Kyrie eleison. Una fila de clérigos con los ornamentos más ricos que guardaba el ropero medieval de la sacristía para aquel jueves que relucía más que el sol – había casullas y dalmáticas del siglo Xi y una regalada por doña Berengüela que enseñaban estampados y fimbrias que eran obras de arte, nuestros antepasados reservaban lo mejor de sí mismos para la virgen y el Señor, no había codicia ninguna en las legaciones- y don Asterio nuestro precentor que aquel jueves oficiaba como subdiácono llevaba una gorjal en el cogote que pesaba un quintal y le devolvía un aire majestuoso y respetable, se parecía a san Lorenzo, con fimbrias hiladas en oro macizo que debieron de costar un dineral (andando el tiempo tuve ocasión de admirar en un archivo la preciosa tunicela). A pesar de las joyas que llevaba encima don Asterio era pobre como una rata y moriría en pobreza. ¿Quién podrá acusar de avaricia a aquellos pobres clérigos de Segovia? Vivían de un magro estipendio, alguna capellanía monjil, y algún funeral por el que percibía un duro. No. Es posible que en el Vaticano sean ricos pero los curas son pobres. Son de los nuestros y además tenía Asterio que aguantar al edecán del obispo que era un hombre pequeñito de pelo blanco y de sonrisa bonancible sometido a la regia voluntad de su fámulo. De la gestión y el mangoneo de la diócesis se encargaba Julián Tuero un asturiano fornido que había nacido en el pueblo del Inquisidor Valdés. Sus gestos eran muy vivos y la mirada penetrante. Daba órdenes al cabildo haciendo sonar su gran vozarrón. Gustaba ser denominado hijo del trueno. Era un aristócrata. El obispo, a su lado, parecía un pordiosero cercado por aquellas eminencias capitulares de entre ellos destacaba el prelado Tuero hecho un figurín luciendo la muceta una especie de babero de lana blanca y calzando mocasines de fieltro con hebilla de plata sobre los calcetines morados. Hablando con su vozarrón de vaqueiro metía a todo el cabildo en vereda cuidando de que se cumpliesen durante las celebraciones todas y cada una de las rúbricas del ceremonial. “Yo cuidaré del esplendor de Tu Casa” era su norma. También al obispo lo traía derecho como una vela cuidando de que el número de pasos sobre la grada fueran los precisos y que las cáligas que calzara en la misa pontifical fueran del mismo color que el de la casulla. El obispo fray Daniel como era un santo y había sido franciscano antes de acceder a la mitra se dejaba hacer aceptando como penitencia la pompa y el boato prescritos por el maestro de ceremonias.

-Debía de ser don Fernando el que portase el báculo y no ese pobre fraile menor al que preconizaron obispo nadie sabe por qué- murmuraban los beneficiados.

-Para cabo de vara o para sargento mayor ese asturiano no tendría precio- respondía don Alejandro Fucsina el magistral que era el rival de Tuero. Había dos bandos en la sala capitular de aquella santa iglesia catedral. Una la encabezaba el magistral y otra el secretario del señor obispo- Y ¿tú qué opinas, Asterio? Si no andas listo, ese te va a quitar el puesto porque ya le veo venir. Se inmiscuye en tu tarea de maestro de ceremonias y no debieras consentirlo.

Don Asterio, el maestro de ceremonias, puesto que obtuvo tras reñida oposición disertando una hora de reloj mientras caía el aluvión de la clepsidra – ese reloj de aluvión que ha popularizado el ordenador y que antaño servía para medir los tiempos de los sermones, de los cantos en el coro y de las pláticas y prácticas catedralicias- y era un experto en los ritos que adornaron la adoración en la SRI (el caldeo, el sirio, el basilio, el maronita, el griego, el rumano y hasta el ruso) como no tenía ya demasiadas aspiraciones a la Curia, poco le importaban aquellas comidillas y rivalidades capitulares. Llevaba el ceremonial litúrgico en la cabeza pero no era un maniático del rigor. Su manga era ancha y solía decir:

-A Dios le gustan las cosas bien hechas pero somos humanos y a veces fallamos incluso en lo esencial.

Abstracción hechas de estas fruslerías, el jueves de la Virgen de Agosto era una de las fiestas más hermosas del año en aquella cátedra cuando toda la urbe rendía homenaje a la Virgen Blanca aquella talla gótica que sonreía mofletuda en su edículo central del altar grande ostentando al niño en brazos adornada la cabeza de una inmensa corona de plata. Se le decían piropos en latín y en vernácula. Se la cantaba y se la bailaba. Aquella luz del gran jueves del verano en Segovia ha iluminado las tinieblas de mi existencia. Ahora que lo pienso el haber sido niño de coro me ha ayudado a entender mejor a la Iglesia en sus miserias y en sus grandezas. Los papas vienen y van y muchos de aquellos prelados y canónigos han bajado al sepulcro. El sacristán Melecio fue enterrado con una copia de aquel manojo de pesadas llaves que colgaban de sus artríticas caderas. Espero que esas llaves le abrieran las puertas del paraíso. Pero queda lo esencial. Aquella sonrisa de Nuestra Señora en su trono, la luz especial o el sabor de aquellas moras que picábamos Teodoro y yo por los barrancos de Tejadilla. Tampoco he sabido nada de él. Las veleidades de la vida hicieron que los caminos se bifurcasen y no volviésemos a ver jamás. ¿Nos veremos en el más allá? Tampoco eso importa demasiado. Lo importante, lo real, fue nuestra fe a sabiendas de que los papas, los obispos, vienen y van. Para el creyente que vive aferrado al baluarte de su fe, todo lo demás es vanidad. Y está claro. Todo se os dará de añadidura. Rouco que acaba de cumplir los 75. Hoy se jubila. Vino el papa bendito que Benedicto se llama pero esta generación sigue siendo la misma después del baño de magnitudes y de multitudes. 



domingo, 30 de julio de 2023

  

ZAFIOS MANFLORITAS BUJARROS Y BARDAJES CONSUELOS DE LA RED

 

 

Zafios manflóricos

Zafios y repetitivos

Los manfloritas llegan tarde

A los cenáculos del amor

Tiéndete en el triclinio

Hazte una paja, corazón.

Tiempos recios

Doce meses muy duros

Daca acá el consolador

Fue un año bisiesto 2020-12-01 que termina gracias a Dios

Pero habrá que hacer de tripas corazón

Cuida tu bandullo

No crie berros el ombligo

piedra que rueda no coge moho

Gárgaras mañaneras sine qua non

Y a la tarde masturbación

Las chicas de internet

Se te abren de piernas

Paga un toquen con la Visa

Echa un dólar

Palmaditas en el culo

Los zamarreños llevan el bodigo

En procesión

Costanilla arriba

Tiempo redondo

Altares vacios

General aburrimiento

E incomunicación

Los militares se van de Loyola

El moños se corre de gusto

Otegui el asesino mueve a compas el acordeón de la muerte

a ese tiro en la nuca

perico saltará por los aires

Entre amenazas

Empieza la función en la gran sinagoga

Días amargos para
España de perdición

Pedos de Satanás oliendo a azufre

Los paisajes se han vuelto luciferinos

Sánchez visita un hospital entre abucheos

Rodeado de gorilas

Y chaquetas antibalas

Mucho miedo tiene ese mamón

Yo me pongo a leer Café de Artistas

De CJC EN EL GIJÓN

Vino una hetaira y se puso a tocar el violín con el coño

Habilidades griegas

Jamás se vio cosa igual

Una cruja instrumento de percusión

El sexo por la red

Príapo y Aqueronte

Aguardan la embestida

Tiene los dedos largos

Y el soldado zahareño se pone de puntillas

Hace mil visajes

Tenada  berreadora

Este redil del amor

Que cobija todos los vientos

Sexo global

A petición del usuario

Un chisquete una moneda

Por una urna de cristal

Nalgas prietas

culos en pompa

Chichis al aire

Pollas al desgaire

Colgantes pechos

Senos descomunales

Roma madre

Un chupete quiero

Poner mis labios

En esa areola de recién parida

Melenas al viento

De la cibernética mancebía

Gimen las sacerdotisas del gusto

Pronto llorarán

 INVOCACIÓN AL ESPIRITU SANTO

 

DEUS QUI CORDA FIDELIUM

SANCTI SPIRITUS ILLUSTRATIONE DOCUISTI

DA NOBIS IN EODEM SPIRITU RECTA SAPERE

ET DE EJUS CONSOLATIONE GUADERE

PER CHRISTUN DOMINUN NOSTRUM

AMEN

 

 

Oración para mantener la salud

 

Concede nos deus

Perpetua mentis et corporis

Sanítate gaudere

Et per intercessionem beatae mariae semper virginis intercessione

A presenti liberare tristitia

Et aeternae perfrui laetitia

 


 

EL RAPTO DE LAS ESPAÑAS UNA FOTO ATROZ PARA OLVIDAR

Antonio Parra (I)

Padre, perdónalos. La escena es atroz. Se trata de una sacrílega pantomima. Cinco milicianos participan en una representación irreverente simulando el fusilamiento de dos sacerdotes revestidos de alba, estola, amito. Están los reos de rodillas mirando para la cámara. El de la derecha mientras sostiene con la izquierda un misal con la diestra hace que bendice a la antigua usanza, índice anular, esos dedos extendidos en majestad y perdonanza de los cristos bizantinos que en liturgia tienen un nombre y ya no me acuerdo el gesto cómo se llama. La escena representa el paisaje después de una batalla que ha sido seguramente la toma y el expolio de un convento por las turbas incontroladas.

Delante de ambos sayones yace, alzada la falda una niña muerta y seguramente violada. La criatura no tendría más de cinco o seis añitos. A ambos lados dos de sus comilitones empuñando un arma en representación macabra y olvidándose del cadáver tendido a sus plantas hacen como si estuvieran a punto de descerrajar un tiro a los supuestos presbíteros. Ver esto me parte el alma.

Uno de los que están de pie mira serio y retador para la cámara mientras el otro, aferrando el revolver, “se concentra en su objetivo” Vamos, andando, parece decir. El moreno del pelo rizado con pinta de torero, perdulario y macarra, parece ducho chequista en darle mulé a los fachas. ¿Sería un pariente de García Atadell, el sicario de las Brigadas del Amanecer, aquellas escuadras de la muerte que en el Madrid rojo aterrorizaban a la población civil en el otoño del 36 y que, habido y capturado por los nacionales, fue fusilado en la cárcel de Sevilla? Arthur Koestler en sus memorias de la guerra de España da cuenta de este sujeto que le pareció al autor del “Cero y el infinito” un iluminado, un místico. Debió de darle un fervorín religioso de mucho cuidado pues este fanatismo religioso al revés es el que llevó por odio a los curas –y la verdad que en parte algunos no eran del todo inculpables- a acabar con la Iglesia Católica Española de una vez. Se desató rancia enemiga, almacenada en lo más profundo. De ese pozo sin fondo del rencor empezaron a salir hasta cascos de botella. Parece que vino el anticristo y los otros se defendieron con una cruzada. Alrededor de dieciocho mil religiosos, según la historia de Montero, un libro que recomiendo y que está descatalogado, puesto que la Iglesia Católica en un acto de reconciliación que le honra no quiere saber, olvidar es perdonar, perecieron a mano airada. Un verdadero holocausto. A unos los emparedaran de que los prendieron, a otros los pasearon y dejaron sus cadáveres sin enterrar, como la niña que en la foto alarga sus piernas con sus calcetines blancos y los zapatitos de charol del día de fiesta, sobre una cuneta o en una zanja. A otros los despeñaron desde un arrecife como en el lugar marinero de Peña Castillo, Comillas, o les defenestraron sin más.

Por detrás otro tipo doblada la cintura el pelo con bastantes entradas y subido en un canapé desfondado que demuestra el desbarajuste de un expolio simula que está punto de agarrotar a uno de los ajusticiados con una pértiga procesional de Asperges y dejar tieso al “cura”. ¿Qué tiene este fulano en el bolsillo del pantalón de atrás? ¿Una cantimplora o una bomba de mano?

A la derecha aparecen un montón de huesos y calaveras. Esta parva de escombros fuera probablemente el resultado de la profanación de las tumbas del osario en la misma iglesia. El tremendo teatro de la pantomima se enmarca en lo que parece ser el patio de un seminario. La cámara enfoca al fondo las columnas de lo que se llamaba en los noviciados tránsitos por donde los alumnos paseaban o tenían recreación, la quiete, los días de lluvia. Arriba asoman ventanas abiertas pues debía de ser verano y todos los personajes aparecen en mangas de camisa. Estoy casi seguro de que este lugar era el seminario conciliar de Barbastro pero no lo puedo aseverar de forma tajante. Fue una de las muchas burradas que se perpetraron durante la batalla del Ebro. Los paisanos participantes en este acto bárbaro no exhiben ningún distinto o uniforme pero lo más probable es que fueran anarquistas. Pura FAI. No se trata de soldados. Ninguno de los combatientes regulares de los dos bandos – el Ejercito de Maniobra de Modesto hizo prisioneros y respetó sus vidas, al igual que las columnas de Varela que tuvo en jaque a sus legionarios para prevenir desmanes y, según me contó mi padre, del que hablaré después él mismo participó en el fusilamiento de dos regulares que habían violado a una mujer casada en Teruel- creo que fueran capaces de cometer tal atropello. Se trata de comisarios políticos. Toda esa chusma que aparece cual orgía de chacales y consuma su sed de sangre al albur de las revoluciones. Las venganzas. La malquerencia. La bestialidad.

Este retrato encontré entre las páginas de un breviario. En mis años de regatón cuando fui objeto de una persecución política que me dejó sin trabajo intenté ganarme la vida honradamente como librero de lance o colporteur pues siempre me han gustado los libros religiosos. Y allí estaba en un alijo de libros de la biblioteca de un convento que se deshizo y yo compré a buen precio. Se trata de una prueba inconcusa y sin apelación de aquellas barbaridades pero no pasó siquiera el filtro de la censura franquista, dada su crudeza. Por lo que pienso que hay mucho material gráfico de este tenor que no saldrá nunca a la luz y más con la política existente en la actualidad de demostrar que sólo los del bando nacional eran cafres y los otros unos benditos.

Salvé, sobre eso mismo, la aducción de una prueba testifical que bien podría ser útil composición de lugar a efecto de saber lo que ocurrió a las generaciones venideras. Después me han dicho que Fray Justo Pérez de Urbel la insertó como un atajo en blanco y negro en las páginas de su Mártires de la Iglesia. Editorial AHR, Barcelona 1956.

Los libros no dan de comer, tal vez ni siquiera para desayunar pero otorgan cierta satisfacción moral al aficionado que trata de salvar de las llamas o del olvido testimonios que no debieran borrarse para que la misma historia no se vuelva a repetir. Mi ánimo aquí al dar a la estampa de Internet esta instantánea no es el morbo ni el revanchismo sino un afán moralizante, en pugna con mi deontología profesional de evitar toda escabrosidad obscena. Los anglosajones se pasan esa norma por la taleguilla pues casi todos los días nos dan el postre poniéndonos los cadáveres de la mesa a cuenta de la guerra de Irak que también es una guerra de liberación y civil agravada por ese fanatismo religioso que siempre caracterizó al Islam.

Para mí esta foto de la niña ultrajada y asesinada es un poco la vera efigie de la crueldad de aquella contienda que ojalá no tengamos que vivir nunca más. Un grito, una llamada de nie immer o never again pues no se trata de un único holocausto. Hubo muchos holocaustos. Y no puede haber muertos de primera categoría y como archivero y bibliotecario que soy he aprendido a asimilar un talante independiente. Hay que estar de parte de las víctimas.

Me hago cruces y reflexiones al socaire de la trepidante actualidad que está teniendo ahora mismo esa historia de nuestra conflagración civil contada en fascículos triunfantes que a mi juicio no están dando sino una versión parcial. A los españoles nos están comiendo el coco. Da la impresión de que los vencidos fueron los vencedores. Que Franco y sus generales estratégicamente era un manazas y que Rojo, Riquelme y comparsa sacaban a los nacionales muchas cabezas de ventajas. Poliorcéticamente tal vez sí pues la defensa de Madrid llevada por el general Rojo junto con Miaja que para eso habían ganado sus estrellas en los blocaos de Xauen y Dar Akoba, fue de libro y numantina aunque a costa de muchísimas bajas y el apoyo tremebundo de toda el armamento norteamericano traído aquí para experimentar (por ejemplo, las ametralladores Hochkins que fueron baluarte del “no pasarán” y mira de fuego que acabó con tantas vidas de mozos españoles en la Ciudad Universitaria) y de las famosas armas checas. Pero aquí no vamos a revivir batallas.

No se olvide que la República contó desde el primer momento con gran capacidad de medios. El oro. Las comunicaciones. La propaganda. Los internacionales. Con el apoyo logístico de Stalín y el agit prop del Kommitern. Pero la indisciplina, la desorganización entre los cuadros y el enfrentamiento entre trotskistas y comunistas y las clásicas desavenencias banderizas, le dieron la victoria a Franco que supo mantener la unidad y controlar la balanza entre las muchas facciones políticas (falangistas, requetés, monárquicos, cedistas y jonsistas, soldados de leva y militares profesionales). Bueno, la victoria. Es un decir en realidad. Porque en una una guerra civil no hay tal.

Una guerra civil la perdemos todos y el pueblo llano que sin comerlo ni beberlo se ve inmerso en unas hostilidades como aquéllas los que más.

Es un error cargar las tintas del lado de la alianza del eje con los nacionales. Contribuyeron qué duda cabe pero Franquito anduvo más listo aunque dios quiera que aquel enfrentamiento entre españoles no vuelva a repetirse. Ya casi lo teníamos olvidado pero al parecer hay fuerzas interesadas en insistir con terquedad en todo aquello. Tengo para mí que el primer intento para borrar la memoria dando un paso al frente fue obra del anterior Jefe del Estado.

Desde luego una de las causas del conflicto en el que tuvieron mucho que ver el dinero y las soldadas, toda vez el descontento de algunos cuadros con la Ley de Azaña, fue el choque entre militares. De un lado estaban las estrellas y del otro las barras. Pugnas ideológicas a causa de la conciencia que dejó en muchos hombres honrados la mala gestión de la monarquía, la abdicación de Alfonso XIII y la corrupción de la guerra de Marruecos, se entreveraban con las pagas e intereses crematísticos. Conozco bien a los militares pues me he criado en un cuartel como aquel que dice. Háse no de echar en saco roto un considerando: los de África habían sido enviados allí o a Canarias para quitárselos de en medio como disponibles forzosos. Serían los rebeldes. Llevaban estrellas en la bocamanga según la antigua tradición castrense española.

Por el contrario, los que quedaron en la Península gozaban de las preeminencias de la escala. Los ascensos y los mejores destinos eran para ellos. Estallado el Movimiento, suprimirían los galones por las barras a la usanza yanqui. Franco, acabada la guerra, les respetó el grado y si no tenían delitos de sangre fueron reinsertados aunque algunos, bastantes, estuvieron en prisiones militares y, eso sí, con una mancha en el expediente. Los vencedores llamaban a los vencidos los “capados” y también los “de la tarja”. Pese a tales remoquetes siempre se les consideró compañeros de armas, cobraban sus haberes y echaban cigarros y se tomaban sus cañas en los cuartos de banderas como los demás. A la mayoría se les revocó el mando en plaza.

De los dos regimientos donde se desarrolló la vida militar de mi padre, uno era tradicionalista acérrimo, el 41 de Artillería y el segundo, el 13 Ligero de Getafe, por una tradición que se remontaba a los tiempos de Riego, de adscripción mucho más liberal. Para mi padre, un oficial que provenía de las clases, el choque entre los de la tarja y los de las estrellas fue tremendo. Pero de estos extremos y de otros al hilo del pie de la atroz foto que adjunto le hablaré en mi próxima entrega.


sábado, 29 de julio de 2023

 

APORTELLADOS DE SACRAMENIA Y FUENTIDUEÑA


Aportillados eran los adelantados del rey, castellanos que pagaban Parias castelarias lo que les daba derecho a ser señores prevenidas en frontera con todo su ajuar. Para ser aportellado –este adjetivo define toda la reconquista con su entera mentalidad de combate- había que estar empadronado en una villa o ciudad, tener allí casa, corral o dehesa desde san Miguel hasta la santa trinidad, pagar la fonsadera o pecha de guerra y manejar espada, lanza y capillo, tener caballo. Hay que tener en cuenta que las armaduras eran entonces caras. Prerrequisito era el haber sido armado caballero y jurar lealtad al monarca. Los aportillados o aportillados podían administrar justicia y recibían la cara de alcalde Es el principio vasallático otorgado en avenencia y de mutuo acuerdo (los godos no firmaban nada a no ser con la sangre y les bastaba la palabra empeñada) para cabalgar en algara contra el moro cuando la anúteba lo reclamase. Los caballeros eran mesnaderos bajo el pendón real. A tales aportillados se refiere el fuero de Peñafiel del cual ya hablamos otrora y que es uno de los más interesantes para los medievalistas. Don Claudio Sánchez Albornoz hace un estudio exhaustivo del mismo y lo clava. Es un fuero que fija los usos y costumbres de los sexmos ribereños del Duratón. Zona que había sido repoblada y don Claudio dice que el gran problema de la España del siglo X al XII fue la despoblación del Duero por gente de muy diferente origen. La integraban los gascones llegados de Francia siguiendo a los monjes repobladores del cister y de Cluny, vascos, satures, cantabros pero sobre todo casi en un 37 por ciento eran exaricos o cautivos agarenos que habían sido obligados a moverse hacia el norte tras las exitosas campañas en Al Andalus de Alfonso el emperador. Abrazaron seguramente a la fuerza la fe cristiana. Van a ser los primeros componentes de la fuerte raigambre mudéjar de esta zona que se irá desplazando hacia el Oeste por Cuellar, Arévalo, Peñafiel. Otros eran muladíes raíz mucho más antigua y asentada porque es obvio que no todos los mozarabes quisieron ser mártires hubo bastante chaqueteo y se sumaron al credo del Coram, o árabes descendientes de cristianos conversos al Islam también por obligación. Todo un variopinto melting pot. El Duero era la tierra de frontera. Tanto el como sus afluentes se encuentran salpicados de fortalezas y castillos. Los antiguos tumbos refieren que el dueño de estos señoríos el conde Ansurez de Monzón era un muladí: Ibn-el- Manssur y Alfonso III de León en 912 dona la tierra de Cardaba cum edificiis a un tal Gonzalo Téllez para hacer cargo de esta zona de monasterios y de morabitos tanto musulmanes como cristianos que vivían encuevados en simas que ese dan en abundancia por estos valles. El cenobio oriental va a ser sustituido por una fundación monástica del Cister. Esa va a ser la constante durante los siglos medios: el anacoretismo bizantino visigótico va a a ser siendo sustituido poco a poco por una firma de vida en común y a la occidental. Eso desde un punto de vista religioso. Desde un ángulo económico los monasterios eran auténticos fundos de explotación agropecuaria


miércoles, 18 de junio de 2008

SEGOVIA ALTIVA



 

EL RETIRO FERIA DEL LIBRO

















 

Всенощное бдение 29 июля 2023 года, Сретенский монастырь, г. Москва

МОЩЬ! "Верую" на день Крещения Руси в Киевской Лавре EL PODER DE LA FE FIELES UCRANIANOS ENTOAN EL CREDO EN EL MILENARIO DE LA CRISTIANIZACION DE RUSIA EN LA LAURA DE KIEV

 SCHLAGEN UND STEIF HALTEN

ICH HABE BEI ​​DEN VERGANGENEN WAHLEN NICHT GEWÄHLT, WEIL ICH MEINEN SCHLAG gerochen habe, UND ES GIBT DIE ERGEBNISSE, DIE SIE ZUM LACHEN BRINGEN; Dass ein separatistischer Terrorist den Schlüssel zum Zustand des Konsenses hat.


PICHIMÓN MORTADELO UND FILEMON machen sich darüber lustig, dass der Katalane etwas ausgibt.


  Er ist der Leiter des Tanzes. EINE VERDEDERO-SCHWALBE MEIN LAND IST GRAUSIG GEWORDEN, MUSS ES SO SEIN? Sollten wir zurücktreten und den Kopf senken?


  SOROS hat hier das Sagen und Sie wollen nicht drei Tassen Brühe. CAUDINE GABELN.


  Ich bevorzuge die Lechetrezna, um den Pucherazo zu verdauen.


  Das Land riecht nach einem kranken Topf, aber wir Märtyrer der Sache, lasst uns unsere Köpfe neigen und ihn in die Toza des Henkers legen

 COUPER ET TENIR RIGIDE

JE N'AI PAS VOTÉ AUX ÉLECTIONS PASSÉES PARCE QUE J'AI SENSÉ MON PUNCH ET IL Y A DES RÉSULTATS À VOUS FAIRE RIRE; QU'UN TERRORISTE SÉPARATISTE A LA CLÉ DE L'ÉTAT DE CONSENSUS.


PICHIMÓN MORTADELO ET FILEMON SONT POILUS QUE LE CATALAN DÉPENSE.


  IL EST LE CHEF DE LA DANSE. UNE HIRONDELLE VERDEDERO MON PAYS EST DEVENU EFFRAYANT, DEVRA-T-IL ÊTRE COMME ÇA ? FAUT-IL RESIGNER ET BAISSER LA TETE ?


  SOROS EST EN CHARGE ICI ET VOUS NE VOULEZ PAS TROIS TASSES DE BOUILLON. FOURCHES CAUDINES.


  JE PRÉFÈRE LE LECHETREZNA À DIGÉRER LE PUCHERAZO.


  LE PAYS SENT D'UN POT MALADE MAIS NOUS LES MARTYRS DE LA CAUSE INCLINONS LA TÊTE EN LE PLACEANT DANS LA TOZA DU BOURREAU

 PUNCH AND HOLD STIFF

I DID NOT VOTE IN THE PAST ELECTIONS BECAUSE I SMELLED MY PUNCH AND THERE ARE THE RESULTS TO MAKE YOU LAUGH; THAT A SEPARATIST TERRORIST HAS THE KEY TO THE STATE OF CONSENSUS.


PICHIMÓN MORTADELO AND FILEMON GO HAIRY THAT THE CATALAN IS SPENDING.


  HE IS THE HEAD OF THE DANCE. A VERDEDERO SWALLOW MY COUNTRY HAS BECOME SCARY, WILL IT HAVE TO BE LIKE THIS? SHOULD WE RESIGN UP AND LOWER OUR HEADS?


  SOROS IS IN CHARGE HERE AND YOU DON'T WANT BROTH THREE CUPS. CAUDINE FORKS.


  I PREFER THE LECHETREZNA TO DIGEST THE PUCHERAZO.


  THE COUNTRY SMELLS OF A SICK POT BUT WE MARTYRS OF THE CAUSE LET'S BOW OUR HEADS PLACING IT IN THE EXECUTIONER'S TOZA

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sábado, 22 de julio de 2023

 THE DAY OF THE MAGDALENA

The crosswinds of history continued to whip my face. Icy, wintery ones that blew furiously in the winters through the gutter Calle Real up Calle Real down. there was no other distraction. The three P's of that winter: pipes, walks and home. Eolo bulges threateningly at Segovia brandishing his heralding trident of flu and pneumonia. That place was the place where the old walled city made us bald and showed its ass of living rock. The windy whims of Pluto blow that blows you incubated plague and death. It was the route where the hearses descended on their way to the Santo Ángel cemetery. Whenever I walk down that hill, gloomy thoughts come to my mind and I always stop to meditate in front of the window of the Cervantes bookstore. My countrymen are people with a bad temper who, under the guise of familiarity and good-naturedness, keep the letter of the convert up their sleeve. Some have bad ideas about us and in the past the Bravos, the Coronels, the Dávilas made war. Beneath the noble profile, the hidalgos of dripping -go on, hide the tragic face and comunero of envy and gossip that lead to civil war. In the same way that Jerusalem had the mania of stoning her prophets, here the one who slacks off has his head cut off. They always walked with brown beaks but their pulse did not tremble when it came to stoning the hetairas. The priestesses of taste sweetened the old city a bit, covered in acibar and rancor. One day Cirila, who was the madame, the teacher bee, the abbess of that Monastery of Venus, by another name La Farela, had to come out to beat a mob of youngsters who were pounding the doors and windows of that Cupid's dovecote walled to the convent of Visitation nuns:

"Are you not ashamed of you horny dogs against this tabernacle that keeps the mysteries of the Eucharist of delight where many of you were engendered?" exclaimed the abbess of Venus, who had been a cook before becoming a friar. She professed but had love affairs with a chaplain of Moorish origin, she left the convent of San Vicente down there and professed in the oldest trade in the world.

I well remember Cirila that afternoon, which was none other than that of July 22. Raising all the upright and repentant, they celebrate the right hand of the Sinner. She appeared under the lintel of the gate of happiness and regrets half naked with her tits in the air, made a Eumenide. In the presence of her imposing presence we all ran away from the door of the mancebía and my friend Carrasco, the son of a civil guard sprained a skin.

—Afufa, this aunt kills us

Oh, what voices Cirila, who was Galician, used to hit. Dejected, we gave up the idea of edging those doors and windows like parapets lined with sheets of zinc. Some jumped into the academy stables and others went down to take refuge in the arcades of the Santa Eulalia atrium where a hackberry tree cast its shadow in the heatwave. The madame did not stop calling us sons of bitches.

—If I go there, I capo you and leave you without a pilila.

The voice of the poor woman, full of anger, resounded throughout the alley of Santa Isabel. The heraldic ghosts of the palace of the Marquis of Buitrago disturbed the sad rooms of that haunted house, which no one had entered since it was closed in the 16th century. Then Agapito Marazuela, a neighbor of that neighborhood, who was rehearsing his popular tunes to the dulzaina, putting an end to the exercise, left the whistle in a corner and stuck his head out of the balcony and looked at us with one eye covered. The cemetery chaplain began a mass for the dead with them and the quatrains of the Dies Irae by Tomás Selano were heard

"What the hell is going on?" Is the world sinking? Did the doomsday trumpet sound?—asked the Domine Cabra who had just opened the House to pupils.

His oratory and his house of Latinism gave in from the back with the brothel. Altars, taverns, brothels, councils were always in secret communication through Old Castile and this is not by chance. But the clergyman, Cerbatana, does not use such fussiness, not because of virtue, but because a shake with the famous Emerenciana, a party girl from Teruel, cost ten maravedíes. The Domine listened to the voices and insults of the priestess of love as if they were responses from Jeremiah:

"I swear that the maiden seems a bit alienated," he said, laughing to himself at the strands of their beards through which hunger was creeping, and he retired to his chambers. He pouted and said that those voices were an excuse to leave his students without dinner. They would fast for the conversion of the sinner.

Apparently (and this was the explanation given by Uncle Braguetita, a regular customer), Doña Cirila was furious because a captain from the Flanders tercios had arrived bellowing like a father bull in desire for a female and had taken his best pupil and almost discovered her.

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