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martes, 30 de octubre de 2012

VENTURAS Y DESVENTURAS DE ESTEBANILLO PARA MÍ GUSTO ALCANZA LA ALTURA DEL LAZARILLO DE TORMES EN ALGUNAS DE SUS PÁGINAS. INDISPENSABLE PARA CONOCER LA VIDA DE NUESTROS SOLDADOS EN FLANDES

LIBROS DE ALTO CONTENIDO ESTÉTICO, FILOSÓFICO Y MORAL. LIBROS DESCATALOGADOS E INENCONTRABLES PERO QUE AYUDAN A RECABAR Y A RECAPACITAR SOBRE UNA VISIÓN DEL MUNDO ACTUAL. ESPAÑA ES LA PRIMERA POTENCIA MUNDIAL EN EDICIÓN QUE RESPONDE AL TEMPLE LIBERTARIO DEL ESPAÑOL PUES DECÍA GRACIÁN "español soy hasta la gola que siempre la libertad fue española". Los españoles tenemos más libertad de conciencia que los enciclopédicos galos o los anglosajones dominados por el pensamiento único. LOS LIBROS OS HARÁN LIBRES




Vida y obra del Estebanillo González hombre de buen humor compuesta por él mismo

 

I

Cargar en España para descargar en Flandes… porque desestimando los hispanos lo bueno que encierra su patria sólo dan estima a las raterías extranjeras. Estas son frases de esta novela picaresca, la más completa, acaso la más ácida y desvergonzada, la de un soldado de los tercios viejos, aunque siempre procuraba hurtar el cuerpo a las balas alemanas o suecas o haciendo los más bajos oficios cuarteleros como ranchero o furriel, bien cargada la escopeta de donaires y estratagemas, pues nos dice que la misión de un soldado es sobrevivir pero en esta supervivencia afanosa el autor anónimo hijo de un converso va demasiado lejos criticando la heroicidad de aquellos militares al servicio del rey.

No cree en el heroísmo del Miles Gloriossus (su autor debió de ser un clérigo que conocía la obra de Plauto) el buen Esteban, pero se muestra tan ingenioso en sus salidas que consigue el perdón de su coronel, del almirante y hasta del verdugo, porque formó parte de la tripulación del maestre Colona y posteriormente en el ejército del Cardenal infante. Peinó el viento y fatigó las selvas, navegó todos los mares y combatió en todas las ciudades de Europa: Milán, Nápoles, Rocroi, Innsbruck, Viena, Brujas, Mastrique, Nimega, por más que siempre procurando cobertura en la retaguardia como marmitón o jefe de cocina en campaña. Su testimonio bufonesco y deformado-una furibunda diatriba contra los estragos de la guerra- fue recogido por los partidarios de la leyenda negra, parcialmente, y sólo en aquellos puntos que les interesan como tesis y antítesis, soslayando el aspecto libérrimo y tolerante del alma española en aquellas pavorosas guerras de religión. Guillermo de Orange por ejemplo no hacía prisioneros. Enemigo capturado, enemigo muerto. El Estebanillo no es la obra de un motolita cualquiera ni de un bufón. Hace una defensa de la fe católica desde la oposición a través de unos ojos aparentemente picarescos.

No era un tonto y parece bien informado aunque, de lo que se desprende de tanta correría que hacen del protagonista un mílite ubicuo, no pudo tener los dotes de la bilocación mística. La narrativa da la sensación de que se metió en batalla y que estuvo en todo el fregado, pero físicamente esto es imposible.

Las escenas de su novela parecen copiadas del cuadro de la Rendición de Breda, vista desde la óptica de uno de los más ínfimos soldados, de un mandria, que fue machacante de los sargentos del mariscal Espínola, ese que pinta Velázquez en la rendición de Breda.

 En todas sus hazañas se muestra indiferente a la adversidad, taimado, descreído, antisocial o poco solidario como se dice ahora[1] con las miserias ajenas y las propias, sucio y desnudo sin demasiada afición a la honra, la riqueza, los amores lo que la sociedad de su tiempo en tanto aprecio colocaba, resultando el bufón de corte (pudo ser también el enano de las “Meninas”) un místico en potencia por el desapego a las cosas del mundo, profeso de la orden de la desventura y de la Hermana Pobreza por único dios su propio pellejo, hábil y sutil en el manejo de la lengua, habla en germanía pero su español es de tal calibre que por lo acendrado del estilo supera a toda la novelística del genero, el Lazarillo incluido y los libros menores de Cervantes. No pudo ser testigo de tantas guerras ni andar metido en tantos follones, lo cual evidencia la habilidad del narrador para contar las cosas igual que si las hubiera visto. Tampoco cabe duda de su estampa autobiográfica.

El libro está escrito en primera persona pero ello también ocurre en el Pedro de Urdemalas atribuido al doctor Laguna. El médico de Carlos V nunca pudo viajar a Turquía. Cuando se lee este viaje para cuya escritura el autor recopiló mucha información y testimonio de personajes epocales en el lector cunde la impresión de que se trata de una vivencia personal, siendo todo imaginativo. Recoge la información de centones, habladurías, lo que se escribía y decía en aquella época. El siglo XVII fue muy hablador.

Aunque gallego de Salvatierra, desprecia a su patria con una frase que haría a más de uno del BNG llevarse las manos a la cabeza… no hay cosa más grande que no tomarse uno en serio a lo propio o que saberse reír de sí mismo… “antes puto que gallego”… “soy Estebanillo González y fui niño de las escuelas, gorrón de nominativos y llamador de molleras. Romero, medio tunante, fullero de todas las tretas, aprendiz de guisar panzas, soto alférez de cien banderas,”.

II

Se conjetura que su padre, un físico judío que curaba en la corte de Carlos V, que se retira a Galicia emulando al del Lazarillo que cera un soldado que regresa a Salamanca al disolverse su compañía. Parece el Estebanillo emular al Lazarillo, pero hay pasajes en los cuales la supera, dibujando un cuadro de costumbres de la época tan maravilloso, trepidante como desenfadado que hacen pensar en una cosa: que no en vano fue nuestra nación-España contra todos, decía Quevedo- el primer país del mundo de grato vivir y fácil amar, a despecho de las penurias y congojas de un galleguiño que marcha a Roma en busca de fortuna y en recorridos por el orbe ejerce todos los oficios: paje, escudero, estudiante, buhonero, cohén de una coaxca (burdel), monaguillo de un clérigo y ordenanza de un capitán de los tercios viejos. Es también anónima esta obra, aunque publicada casi medio siglo más tarde que la de su paradigma.

 El autor debió de ser, lo mismo que el de Lázaro de Tormes, o un cura rebotado a la delincuencia, o  un soldado de los del tornillo, esto es, desertores que acaba en galeras sentado en el duro banco del cómitre junto a los remos, la barriga llena de torreznos y de frascas del tonel, harto de vino y comiendo tajadas de raya y filetes de tiburón, en coloquio perpetuo con los atunes pues aquí una de tres o iglesia, mar, o casa real. Boga, boga, marinerito.

La escuadra castellana era temida a través de los siete mares. El protagonista conoció las tres bazas como seminarista en Alcalá, embarcado en la marina de guerra comandada por Antonio de Oquendo el que combatiera a los piratas ingleses que asolaban las costas de Cádiz. En un pueblo de Córdoba, estando un capitán de banderas “haciendo gente” después de su naufragio en el Golfo de las Yeguas[2] vio los fuegos de San Telmo haciéndose soldado de tierra en Arahal. El cabo o capitán de aquella compañía marchaba para Mastrique pero, como de los arteros se hacen los osados, volvió a desertar quedándose en el Potro de Córdoba de vendedor ambulante. Comió el potaje de frangollo[3] de los cuarteles, compartió tasajo bacalao y cecina[4] con la chusma de forzados.

Arreó mulas cerriles y cabañiles con los monteros de Sierra Morena. Fue lugarteniente de pobres, mozo de espuelas de un caballero santiaguista, galán de monjas y flor de conventos a cuyos muros se arrima en procura de la sopa boba. Lo mejor de la picaresca es lo que tiene de exagerado, de esperpéntico. No deja de ser más que una deformación literaria de la realidad como la novela negra o el western de invención anglosajona. Lo que ocurre es que aquí son más realistas y tratan los autores de hacer un poco de crítica social. La vida se vivía con mayor intensidad por tales fechas.

Esculpe un cuadro brioso de costumbres, un kaleidoscopio de la vida bajo el reinado de Felipe III y de Felipe IV cuando paradójicamente España se militariza y la gente viaja de modo constante. El imperio español era aun el mayor de Europa y no había sobrevenido aun el declive que con tanto tesón intentan adelantar los apasionados de la Leyenda Negra. El hambre y la penuria eran mayores en Inglaterra, los Nederlands o Francia, de donde llegaban todos los buhoneros de Madrid a vender baratijas y alfileres a la dama boba. Vualá. Pero esos no nos lo cuentan. España era el país más libre de la Tierra. El verdugo de la Torre de Londres no paraba de cortar cabezas y en Paris se organizaban a cada poco noches de San Bartolomé.

 Tardaría casi dos siglos más en ponerse el sol  de los Austrias pues en Flandes el  Apolo español calentaba a los hugonotes a conciencia, que para eso allí estaban los tercios del Duque de Alba. ¿Quién dijo que España estaba machacada? Con el cuarto de los Felipes nuestra monarquía alcanza su glorificación visto a través de la lente cóncava y convexa de un gallego cara linda y mucho donaire que decía de sí mismo ser un hijo de puta… pues antes puto que gallego.

 Hijo de padre desconocido que debió de ser un cura o un militar. Desde las orillas de Rivadavia se dirige a las riberas del Betis atravesando Portugal que seguía siendo español por aquel entonces y nos cuenta sus aventuras. Gustábale  el trago por cierto… “soy un cuba en Sahagún y en San Martín pellejo, piezgo y odre en Rivadavia, del de Montilla consuelo y al de Sacramenia no le hago ascos”[5].

Se embarca con la flota, se desembarca, es pícaro de costa[6]. Sube, baja, sale y entra del calabozo, pega alguna que otra cuchillada, participa en un duelo. La acción de la novela es un truculento vaivén que a veces marea o cansa porque las tretas y añagazas son siempre las mismas y no tan ingeniosas como las de Lázaro de Tormes aunque cuando engaña a los judíos de Ruana demuestra que no hay cuña peor que la de la misma madera. El episodio se parece al de los yangüeses del Quijote y al cervantino daca la cola, asturiano.

III

 El Esteban se hace pasar por el hijo de un portugués quemado por la Inquisición y se presenta en la sinagoga de Rouen a que le socorrieran, con unos papeles, y una redoma en que traía las cenizas de su progenitor que fue carne de hoguera, según les contó a sus “protectores” que al escucharles no paraban de soltar el guay y de hacer aspavientos de dolor, y hablándoles en su lengua les pidió ayuda. Pero la cendra era un pufo.  

Todos con el rabí a la cabeza aflojaron la mosca y le dieron junto con una bolsa de monedas un salvoconducto para que se presentase ante un “mercadante” de París, pues decía que iba a Viena a ver a unos parientes, recalando primero en la capital de Francia (¿No serían estas cenizas falsificadas un anticipo de la profecía del Shoah?) y les explicaba cómo se había quedado sin dinero, cosa imperdonable en uno de la tribu de Leví, pues al pasar por Pirineos fue asaltado por unos ladrones.

Los hebreos se mostraron conmovidos por la historia que les contara el portugués en ladino (toda una patraña) y le pidieron algunos de aquellos polvos para quedárselas como reliquias de mártir pero él dijo que no les podía dar más, que se le acababan y quería guardar alguna para sí[7], y ellos bendijeron al peregrino y cantaron la chemá[8]… el dio de Israel te de infinita gloria pues mereciste corona de mártir.

Con los veinticinco ducados que escotaron aquellos buenos hijos del profeta Moisés en la faltriquera y una carta de recomendación para el tratante de París, de su mismo gremio, Estebanillo tomó el olivo orgulloso y ovante… alegre de haber salido tan bien del encuentro con aquella gente que siempre engañan y jamás se dejan engañar. Según confiesa en un párrafo del capítulo más brillante y de una gran penetración psicológica sobre el carácter de sus hermanos de tienden a la exageración a montar el cristo, suspicaces y descreídos.

 Muy ufano se muestra de haberles dado el timo de la estampita con aquellas cenizas de un quemado por la Inquisición, reemprendió ruta. Mucha gente hoy en Europa, empezando por el ministro de Justicia. Gallardón debieran de haberse palpado la ropa antes de promulgar como dogma de fe casi escatológico un hecho que siempre será discutible y al que todo el mundo ha de decir Amen. Los polvos de este pícaro sirvan para evitar y prevenir tanta credulidad. ¿No estaremos aceptando una estafa histórica que destruirá a la religión cristiana y a muchas naciones?

No pudo ser más gloriosa su entrada en Paris con dinero fresco y la promesa de un empleo… cata Francia, Montesinos, cata París la ciudad, escucha cantar en ladino a los mercachifles prófugos de Sefarad.

El que le esperaba entre grandes reverencias, porque los informes no podían ser mejores, le puso a vender agujas. Pertenecía la tienda a otro de los expulsados de España que se llamaba Granados y por lo visto se sabía de coro el romancero y lo contaba por tierras ajenas para su consuelo de desterrado  con voces tan poco entonadas que resonaban por todo el faubourg de Saint Germain des Prés.

Los parroquianos se preguntaban unos a otros por el nombre del que cantaba y temiendo no iría a llover se decían:

-Nous aurions de la pluie, monsieur.

-Ah bon

-Tiens, ils sont içi les espagnols

-Deja?

-Oui

Luego se fue a ver al embajador de Felipe IV que se llamaba el Marqués de Mirabel, don Antonio Dávila y Zúñiga, gran diplomático supuestamente de la tribu de Abrahán pero bautizado por lo que alcanzaría preeminencias en la corte del francés que seguía curando lamparones todavía según nos informa el protagonista de esta novela[9]

IV

 Nos cuenta que en Cazalla (Sevilla) cada día cogía a un lobo por las orejas y a una zorra por el rabo[10]. Haciendo alarde de ese menoscabo de las cosas del mundo que caracteriza al pícaro y al místico (la honra, las riquezas, el nombradío, el abrigo, la salud, la potencia sexual, echar cinco casquetes en una noche toledana) no le da demasiada importancia a que lo tomen por cornudo, en Constantina tiene a un cabrero por amo el cual no se siente avergonzado de echarse a cuestas un cabrito de pitones considerables “a causa de ser el animalejo de buen tamaño”.

 En mística este tropo se denomina santa indiferencia y Sta. Teresa lo explaya en su célebre soneto “Vuestra soy para vos nací”.[11] Al sexo y eso que dicen el amor no lo tiene en mucha estima Estebanillo aunque tampoco lo desdeña, si a mano viene.

 La carencia de obsesiones carnales y de pasiones [la maté porque era mía] otorga al libro ese desenfado y donaire que impregna sus páginas, con dosis de senequismo, aguante ante las adversidades, estoicismo y hasta resignación cristiana, lo cual tampoco quiere decir que la satisfacción del apetito genésico no fueran en aquella época tan cabal como en la actualidad. O más. No había televisión ni luz eléctrica.

 El gran protagonista de la novela picaresca son Hambre y  Desnudez. Pues la pereza engendra pobreza y aquellos haraganes no pegaban golpe. Comer más que holgar era el primer objetivo… “vendí mi hijo de cabra por cuatro reales, aplaqué el cansancio con ostiones[12] crudos y camaroncitos con lima. Fuime a dormir a la calle La Galera donde hospedan de ordinario a la gente de mi porte”. Así entra en Sevilla persignándose pues al andaluz hazle la cruz. A la mañana[13] siguiente se fue a la Cartuja donde le dan de comer los hijos de San Bruno habas o frangollos y ración de brandevín (brande wine, brandy o coñac.

 La verdad es que los vagamundos de aquellas horas de imperio pudieron comer caliente y huir de los corchetes acogiéndose a altana en los refitorios  y claustros de los monasterios. Demuestra cuan ruin era la suerte que corrían aquellos pobres soldados, que, habiendo expuesto al tablero sus vidas por favor al rey,  en pago, los desdichados recibían no más que desdén; y en fatiga  pululaban por los caminos y trochas de media Europa como espectros, licenciados de las levas por mutilación, por deserción o porque expiró el contrato… Tocaban caja en esta villa para ir en corso contra el Inglés…De esta forma- el estilo es muy lacónico y desenvuelto en toda la obra- se nos narra cómo se apuntó el “héroe” al tercio y se fue a combatir a los herejes, más que por patriotismo, pues nos asegura que para él la bandera de Carlos V no era más que una sábana pintada, por la hambruna.

Iba al husmo de las perolas y del rancho del cuartel. Su capitán era don Pedro de Ulloa En esta primera parte se describen aquellos encuentros guerreros (autenticas sarracinas) de las guerras de Flandes. En la segunda parte del libro el autor se muestra menos escéptico, no rezuma su estilo tanta desfachatez ni tanto donaire. Porque segundas partes, y aquí ocurre al revés del Quijote, nunca fueron buenas. La trama sigue tejiéndose de embustes y fechorías contadas con no poco despejo y desparpajo. El tomo segundo es un buen cuadro de campaña para conocer las operaciones guerreras y asaltos en los que participaron los Tercios Viejos. Pero todo eso lo veremos después

 

24/10/2012



[1] Lenguaje de los hermanos, surgió con la guerra de las Comunidades, un lenguaje cifrado que por Cantalejo llaman gacería
[2] Era el espacio comprendido entre el Puerto de Santa María y Canarias temido por los navegantes a causa de sus temporales
[3] arroz con legumbres
[4] dieta casi exclusiva de los embarcados
[5] tres zonas españolas famosas por sus caldos
 
 
 
 
[6] los que desvalijaban las embarcaciones y robaban a los marinos cuando estaban borrachos o dormidos. Eran muy hábiles descuideros y carteristas. Eran del Gremio de la Ganzúa que también describe Cervantes
[7] yo como mostrando un poco de sentimiento, diles amplia comisión, reservando algunas de aquellas cenizas para mí pues perdí parte de dichos polvos en una tormenta que tuvimos en el Estrecho de Gibraltar
[8] plegaria hebraica
[9] se creía que el rey de España era exorcista capaz de expulsar demonios y el de Francia curaba la escrófula (lamparones) y las llagas del mal gálico o sífilis
[10] una buena borrachera
[11] Vuestra soy para vos nací ¿qué queréis hacer, Señor de mí? Dadme alegría o tristeza, dadme riqueza o pobreza, sol con nubes, sol sin velo… pues del todo me rendí ¿qué queréis, Señor, hacer de mí?
[12] ostras
[13] la palabra es de origen inglés

CIEN AÑOS DE LA CIUDAD DE VALLADOLID por Joaquín Diaz. Se recomienda este libro, consultar la librería Alcaravan en Urueña, la Villa del Libro

LIBROS DE ALTO CONTENIDO ESTÉTICO, FILOSÓFICO Y MORAL. LIBROS DESCATALOGADOS E INENCONTRABLES PERO QUE AYUDAN A RECABAR Y A RECAPACITAR SOBRE UNA VISIÓN DEL MUNDO ACTUAL. ESPAÑA ES LA PRIMERA POTENCIA MUNDIAL EN EDICIÓN QUE RESPONDE AL TEMPLE LIBERTARIO DEL ESPAÑOL PUES DECÍA GRACIÁN "español soy hasta la gola que siempre la libertad fue española". Los españoles tenemos más libertad de conciencia que los enciclopédicos galos o los anglosajones dominados por el pensamiento único. LOS LIBROS OS HARÁN LIBRES




A

arriba el Cerro del Cristo y abajo el autor de este artículo con un vallisoletano insigne Paco Umbral y a la izquierda el poeta conquense Diego Jesús Jimenez. En el centro, Jubilia Bustamante, esposa de Miguel Ángel Aguilar





 

sábado, 13 de octubre de 2012

el camino frances ofrece lugares bellísimos

LIBROS DE ALTO CONTENIDO ESTÉTICO, FILOSÓFICO Y MORAL. LIBROS DESCATALOGADOS E INENCONTRABLES PERO QUE AYUDAN A RECABAR Y A RECAPACITAR SOBRE UNA VISIÓN DEL MUNDO ACTUAL. ESPAÑA ES LA PRIMERA POTENCIA MUNDIAL EN EDICIÓN QUE RESPONDE AL TEMPLE LIBERTARIO DEL ESPAÑOL PUES DECÍA GRACIÁN "español soy hasta la gola que siempre la libertad fue española". Los españoles tenemos más libertad de conciencia que los enciclopédicos galos o los anglosajones dominados por el pensamiento único. LOS LIBROS OS HARÁN LIBRES




jueves, 20 de septiembre de 2012

NUEVA APROXIMACIÓN AL LAZARILLO DE TORMES. UN CANTO A ESPAÑA

LIBROS DE ALTO CONTENIDO ESTÉTICO, FILOSÓFICO Y MORAL. LIBROS DESCATALOGADOS E INENCONTRABLES PERO QUE AYUDAN A RECABAR Y A RECAPACITAR SOBRE UNA VISIÓN DEL MUNDO ACTUAL. ESPAÑA ES LA PRIMERA POTENCIA MUNDIAL EN EDICIÓN QUE RESPONDE AL TEMPLE LIBERTARIO DEL ESPAÑOL PUES DECÍA GRACIÁN "español soy hasta la gola que siempre la libertad fue española". Los españoles tenemos más libertad de conciencia que los enciclopédicos galos o los anglosajones dominados por el pensamiento único. LOS LIBROS OS HARÁN LIBRES




El lazarillo de Tormes ¿Salamanca o Alcalá?

 

“La caridad subió al cielo y quedamos a medias noches… ay, Lazarillo, que el gran secreto para vivir mucho es comer poco… si esas tenemos, mi amo, yo seré inmortal” son frases que suenan en mi memoria y el eco de la voz gangosa de aquel canónigo don Tirso que nos daba preceptiva literaria y no se oía una mosca cuando él con no poca facecia y mucha vivacidad nos leía pasajes de esta obra inmortal al final de la clase de Preceptiva Literaria, poco antes de bajar al refectorio a yantar (¡qué hambres, Dios, cuanto dolor de tripas!) resuenan rotundos y compasivos entre la crudeza del espíritu nacional y ese carácter gnómico y senequista que caracteriza a los españoles.

Que todos somos hijos del Lazarillo. Un poco santos y un poco bellacos. Galloferos y tan inocentes más que un cubo. Piadosos y descreídos, a medias entre don Pedro el Cruel doña Juana la Loca y don Enrique el de las Mercedes, tacaños y de una irritante generosidad y un poco parecidos por lo estirados y solemnes domines, imitando a ese hidalgo de Toledo (el tercer amo) que para disimular que comió se echa unas cuantas migajas de pan sobre la gola; pero también follones y truculentos, crueles y misericordiosos a un tiempo, matasietes y valentones entre nosotros y cobardicas con el extranjero, pero un pueblo vital, casta de hidalgos y de truhanes todo al de por junto. Escépticos y a las veces demasiado crédulos.

Por eso nos engañan los extranjeros y acabamos luchando contra los molinos de viento. No tenemos cura. La obra escrita el año 1525 cuando entre el emperador Carlos V en Toledo retrata el carácter y la vida en Castilla la Nueva tierra de conversos. Ya lo advierte cuando al cabo de la calabazada contra el toro de piedra a la entrada del puente del Tormes y el escudero cree escuchar adentro en la barriga del buey el sonido de las olas y atienta los cuernos que le han de acompañar toda la existencia. Son su sino pero para curar las heridas de aquel cabezazo el maldito ciego con sopilla utiliza el vino como ungüento. Otro vaticinio. A veces un vaso de buen clarete sirve de bálsamo a las puñaladas que da la existencia y van dejando un poso en el alma. Por ejemplo, en El Estebanillo que es hermano gemelo del anónimo Lazarillo aprendemos que de una borrachera estuvo 40 horas de ayuno, dos días pues de resaca sin bajar al refectorio.

 El mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo. “Hijo, Lázaro- dijo el ciego- sé que no te he de ver más”. Así fue. Ahí te quedas. El guía del pordiosero se vengó por lo del cabezo y el golpe del jarro que le rompió tres dientes. Lo abandonó en el paso de un río a merced de la corriente.

Hijo de padre soldado y madre puta a lo que se ve el inmortal protagonista fue uno de los muchos huérfanos que dejaron las guerras de religión en Europa. Se adiestró con el ciego, aprendiendo las mañas de la calle, el arte de la supervivencia y la maldad. Iban pidiendo por los descampados, sentándose a la puerta de loas iglesias donde su amo que se sabía más de cien plegarias, recitaba la oración del Justo Juez a la puerta de las catedrales, siendo recompensado por los alardes de su voz gangosa y ojos moribundos. Y mucho te quiero poquito, pero de pan poquito. Reciten vuesas mercedes la confesión general que yo las encomiendo a las Ánimas

 De este libro el héroe es el hambre. Sabemos que en Toledo vivía gente la más rica de Castilla pero era poco limosnera. El mendigo y su acompañante se hartaron de uvas en Morox (Almorox). Vid, vida. Se sentaron al borde de un camino en este pueblo de nombre moro y se dieron un atracón de pintonas valencianas y hasta agraces haciéndole un corte de manga al Profeta que prohibió a los devotos del Corán que se abstuvieran del fruto de la vid.

El Lazarillo de Tormes no es una crítica feroz contra la Iglesia sino un canto a la libertad, a la alegría de vivir vagando por las suertes de Castilla aceptando con resignación los sinsabores y amarguras que deparan los viajes a ninguna parte. Por mis maldades me vinieron no pocas persecuciones, reconoce el mozo. Busca consuelo por las tabernas y las cicatriceras o cantineras que venían jubiladas de los tercios viejos. Estas santas mujeres curaban a los esforzados mílites de los males del alma y las necesidades del cuerpo. Por otro nombre se las conocía como soldaderas. Estas bravas hembras de la raza iban al frente y compartían las miserias, los sufrimientos, los piojos de la inmortal infantería española, siendo mujeres de todo, mitad esposas mitad hermanas. El lector irá al encuentro de los barracheles fementidos, enemigos de aquellos pobres licenciados de los Tercios Viejos. El barrachel era el corchete mayor en las villas castellanas, el jefe de los alguacilillos... narra los naufragios y surge aquel portugués que en medio de una tormenta cuando la galerna rugía y la nave daba bandazos, llevando consigo un saco de nueces. Se las comió una a una y dijo:

-Morra Marta e Morra farta.

Este pasaje es lugar común en las novelas picarescas. Mateo alemán, El Estebanillo y Marcos de Obregón lo menciona. La novela picaresca es una novela de aventuras al revés. Libro de infortunios inspirados en las penurias que los galeotos y otros condenados han de padecer. Tormes en las mismas circunstancias de navegación en borrasca da cuenta de una pipa de moscatel que llevaba el barco en la bodega. La resaca le duró dos días. Muera Marta y muera harta. Si hay que ir al trasmundo vayamos alegres y contentos con el vigor que infunde en el cuerpo la malvasía de un tonel. Náufragos, romeros a Compostela. La peregrinación era una forma de picaresca. Muchos de ellos acabarían con la pihuela a los pies con la tralla del rebenque ululando sobre sus cabezas, la voz de los cómitres y los porvidas del arráez. Cía. Cia. Bogar y bogar. Eso es la vida. Esta novela es un retrato de la vida misma contada por un forzado, en fraternizad con los atunes. “El agua es lo que menos me gustaba”. Ya sé que abomina del diluvio y prefiere lo que nos legó Noé. Y no faltan las buenas consejas:

-Vana es la industria de los hombres. Su valer, ignorancia, su poder flaqueza, cuando Dios no le enseña y guía.

-Sois como la encina que no dais bellotas sino a palos- decía un cómitre

-Celos es enfermedad de locos. Pues esto de los hijos es cosa de aprensión. Muchos aman a los que piensan ser suyos sin ser dellos más que de nombre. Cornudos, sed pacientes

Toda una filosofía de vida. En realidad el pícaro es un místico que se desprende de las cosas del mundo, del poder, de la gloria, del sexo, el oro. Circula por los caminos que conducen a la imperial Toledo con esa filosofía, producto del dexamiento. Nada merece la pena. Nada es importante. Le salen encuentros bellacos y mondongueras (las gordas de la ciudad imperial) las mulas del diablo que son las coimas de los arciprestes y arzobispos andando por casas llanas y tabernas. “A todos contaba mis cuitas”. Unos se dolían. Otros se burlaban de mío”. Conoció cofradías de verriondas o las putas del camino. Monjas del amor en la casa del poco trigo el alfolí estaba cerrado a prueba de ratones y de ladrones. Por ahí cabalga Juan Pito. Todos se ríen de él. Quiso hacer el Tajo navegable. Debía de ser Juanelo. Otro motolita. En cada lugar hay un tonto de oficio. Riámonos de él a destajo. El mozo se arrimaba a los eclesiásticos por ser gente, casera, secreta y rica. Sirve a un ermitaño que era padre y cuando le preguntaba pues cómo, él respondía que es voluntad de Dios que el hombre no esté solo. Otra invectiva contra el celibato. Según las últimas noticias, han encontrado un documento en que dice que Cristo estuvo casado con una de las santas mujeres. ¿Será un rollo como el de los manuscritos del mar muerto todo un ataque a la línea de flotación de la barca de Pedro o una verdad? De verdad tiene sus visos porque en el mundo judío en el que vivió Jesús sólo quedaban fuera del matrimonio los impotentes y los tarados pues era aquella una cultura patriarcal. A ver si va llevar razón el Lazarillo en su soflama feroz contra la hipocresía y perversidad de ciertos ensotanados.

“Las hice mas monerías que gata triguera a un alcalde y más promesas que el que navega en borrasca”. Por doquier, estudiantes y frailes cucarros prófugos de su Regla, pero sobre todo soldados y se lamentan de sus caudales vacíos:

-Oh dineros que no sin razón la mayor parte de los hombres, no sin razón, te tienen por dios. Tú eres la causa de todos los bienes y el que acarrea todos los males.

Esta exclamación es un remedo que en su Libro del Buen Amor, acaso el primer gran ejemplar de la literatura picaresca, que dijo de la Ciudad Eterna: “yo vi allá en Roma do es la Sanctitá que todos al dinero facían homildat  

 No hace una sátira a la Iglesia pero sí a los clérigos. El peor amo que le tocó en suerte fue el capellán  de Maqueda con el que toparon mis pecados. No sólo le mataba de hambre pero al enterarse que le robaba el pan del arca y los bodigos de las mandas le pegó una paliza que a punto estuvo de matarle. Inmortal y ocurrente es el episodio de la llave que guardaba Lazarillo entre los dientes. Una noche empezó a pita en sueños y el cura se levantó con una estaca. Vive Dios que creía que era una serpiente la que silbaba. No hay tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco. Por dicho de eso, yo nunca moriré. El eje de la marcha de la acción es el estomago y las tripas insatisfechas y siempre regoldando, muy cantarinas ellas y poco contentas son las telarañas de la inedia. Nunca confundirás, chaval, el hambre con las ganas de comer.

 Pero cuando la desdicha está de venir sobra cualquier diligencia. Es la sabia reacción del pícaro ante su infortunio. Aprende el niño a pedir con baja y enferma voz y desparrama buenos consejos a lo largo del libro. El buen aparejo hace buen artífice. .Quebremos el ojo al diablo. Digotelo yo. Y este mendrugo pa endispués.

El libro es un reportaje de la vida en España en el siglo XVI en sus grandezas y miserias pero campa la fuerza y el ingenio. Cruzan por las páginas hidalgos pobretones, preclaros varones en la ruina, mendigos, bulderos… el buldero era el mayor cuentista que vi ni ver espero. Estamos ante el libro de un converso que se mofa de aquellos clérigos errantes que venían desde Roma a vender indulgencias. Prometían el perdón de los pecados a cambio de sumas de dinero. El asunto se iba a convertir en piedra basal de la teología protestante. Esta venalidad tiene poco que ver con el Espíritu. Santo; son añadidos, prótesis, pegotes temporales que nada han de ver con la iluminación trinitaria que hace navegar, viento del Espíritu, que sopla, y a veces recio, por en medio de mares aborrascadas la nave de San Pedro. Buenas son las cuadernas, las quillas, el velamen, los palos de mesana, pero harán falta dineros y ahí entran las apetencias de poder, la codicia y la ambición humana. Lutero quizás llevara razón en parte a través de sus demoledoras críticas al Vaticano y las denuncias simoníacas.

 Sirve a un capellán y a un aguacil y a un ermitaño que hacía penitencias pero cuando no le veía nadie bajaba a ver a su coima en la ciudad disfrazado de peregrinante a Compostela. Tenía una larga familia con aquella mujer. Otra crítica al celibato. Pero quien bien tiene y mal escoge por mal que le venga no se enoje. El summum bonum de la dicha sería para Tormes comer como fraile convidado, beber más que un saludador e ir vestido con el lujo de un teatino. Su realidad era mucho menos hermosa. El arcipreste del Salvador ratonaba el pan. Era muy avariento y cruel aquel sacerdote.

 

El héroe a redropelo de la crudeza de su primer amo, no le guarda ningún rencor puesto que le está reconocido y lo tiene por maestro ya que las consejas, avisos y refranes del ciego le sirven para graduarse en la universidad de la vida. Lázaro de Tormes representa a la España de los de abajo, el hombre común sin alcurnia, que será un sempiterno aprendiz de la sabiduría de la calle, lo que denominan en Manhattan Street wisdom. Sin embargo tiene que vengarse de su primer amo por la calabazada del puente y el golpe brutal que lo deja desdentado cuando ingeniándosela con el vino hace un agujero en el jarro que tapa con cera y absorbe mediante una pajilla. En medio de sus transportes etílicos cuando estaba probando las delicias del paraíso de Dionisio la mano del ciego que le estampa el jarro en la cara ve las estrellas y baja a las cavernas infernales del Leteo. Era una técnica de la pedagogía medieval utilizar el dolor y la burla como medio de aprendizaje. La letra con sangre entra. Lo veremos en el Buscón en Guzmán de Alfarache, en Espinel y en todos los autores que han cultivado la novela picaresca, un género autóctono español. Al pobre zagal se le quebraron a causa del golpe un colmillo y un par de muelas.

 

- Lázaro engañado me has

 

- Tío, no oliste el poste como oliste la morcilla- contesta el enfuriado y deja tirado al mendigo en Escalona en medio de una tormenta y una lluvia torrencial.

 

 

 

Protagonista de este maravilloso librito- una verdadera joya histórico-literaria y una obra de arte- es el hambre y la carestía en que viven los españoles en su tiempo más glorioso. La acción pivota en torno a las andanzas de un hijo de la piedra o un hijo del arroyo porque literalmente nació a orillas del Tormes de una pobre mujer que, muerto su marido en la batalla de Orán en 1510, ha de azotar la calle teniendo que amancebarse con un negro del que le nacería a Lázaro un hermano mulatillo. Los golpes y los desengaños que da la vida marcan el contrapunto a la trama que es una crónica de desventuras que han de ser aceptadas con paciencia y resignación cristianas pero sin desesperar y sin perder el buen humor y esa zumba o mala sombra que tienen los grandes libros escritos en castellano –El Quijote, el Buscón, El Libro del Buen Amor- todos ellos andariegos y de carácter ambulante. Su autor va haciendo circular el espejo a lo largo del camino. La ruta es de Salamanca a Toledo con paradas en Escalona, Méntrida, Borox, Torrijos. Se nos dice que los toledanos son más ricos que los castellanos pero menos limosneros.

 

Se hace una crítica feroz de la Iglesia y de las costumbres de la época. El siglo XVI a decir de los historiadores fue el del amor pero aquí falta mucho de eso y sobra gazuza. En el instinto de conservación del ser humano lo primero es atender a las necesidades de alimentación. La reproducción es secundaria o se da por sobrentendida. A él solo tienen acceso los poderosos, los que han la barriga llena o tienen derecho de pernada, los poderosos y no se daba importancia a lo de ajuntarse con fembra placentera por el relajo y la tolerancia de costumbre. Más difícil era haber mantenencia y buscar coyunda. Esa es la primera conclusión que sacamos de la lectura del Lazarillo. Su último amo un arcipreste probablemente de Talavera le obliga a casarse con su sirvienta la cual había ya parido de él tres veces. No hace el pobre desdichado ascos a cargar con la manceba del cura con tal de tener un lecho donde guarecerse y comer caliente olvidándose de su honra y las hablillas de qué dirán aun teniendo que pasar “algunas malas noches en vela esperando a su mujer que no salía de la rectoral hasta los laudes” cuando inician el primer reclamo del día las alondras. Tuvo que poner oídos de mercader a las murmuraciones y dar de lado a “sospechuelas” (más que sospechas hechos evidentes, y cantar aquello de:

 

-Uvas tiene uvas tiene la parra del cura uvas tiene, a ver cuando maduran.

 

Cuernos van y cuernos vienen y se acuerda lo que le dijo el vil ciego cuando le sacudió la morrada contra el cornúpeta de Salamanca y comprendió cuál sería su destino. Pero más cornada da el hambre. Él sabe reírse de su infortunio. Esta actitud en aquella España de alcurnias donde la honra era más importante que la vida debió de sonar a herejía pero con el “Lazarillo de Tormes” se está iniciando la novela moderna

 

 

 

El libro parece planteado para un recorrido más largo y muchos más capítulos. Después de abandonar al mendigo invidente la acción se precipita y algunos capítulos como el del mercedario muy andariego ya que “gastaba más en zapatillas que todo el convento” quedan cercenados o de vivo intento o por miedo a la inquisición. El autor que debía de ser un franciscano de Alcalá próximo al circulo de miembros de esta orden que iban por los pueblos atacando la corrupción de costumbres y pregonando que el emperador Carlos V era el anticristo, un movimiento comunero reformista que cala en el clero regular sobre todo en Segovia y en Toledo donde Bravo y Maldonado fueron los cabecillas de aquel movimiento. El Lazarillo fue escrito insistimos después de la derrota de Villalar y se nos recuerda que el padre del protagonista fue muerto en Guelbes por lo que debió de formar parte de la expedición a Argel de Cisneros. No parece por las trazas que sea el autor un converso sino un observante que critica la conducta de los claustrales y arremete contra la simonía, la crueldad, los embustes supersticiosos de alguna parte del clero muy relajado de costumbres. Por ejemplo, el clérigo de Maqueda nos los describe como mucho más bestia y taimado que el propio ciego “Escapé del trueno y di con el relámpago” nos cuenta Lázaro pues la novela está escrita en primera persona. El personaje es un anticipo del Domine Cabra quevediano, avaro, vil, desconfiado, hipócrita (el pasaje en que cuenta los bodigos mientras canturrea responsos o celebra misas porque era de los que hay que estar al santo y a la limosna es uno de los pasajes más hábiles y castizos de toda esta crónica de desaires) de malas pulgas y peor trato. Lázaro consigue burlarle con la copia de la llave que abre el arcaz donde el miserable guarda sus bodigos todos contados y bien contados pero con tan mala suerte que la llave que se introduce en el paladar lo delata una noche al roncar y hacer pasar el aire por la llave. El cura cree que es una serpiente contra la que quiere descargar tal golpe que deja muy maltrecho y quebrantado al pobre fámulo. Éste se consuela con algunas reflexiones filosóficas –senequismo hispano- “cuando la desdicha ha de venir por demás es diligencia” esto es no se puede luchar contra el destino inevitable. Otro detalle: el cruel sacerdote al despedir a su sirviente por robarle el pan del arca hace la señal de la cruz “como si yo estuviese endemoniada”. Debía ser un tipo con poca caridad y nada fiable.

 

El religioso reformista que lo da a la estampa por encima de las pendencias y trifulcas entre observantes y claustrales que conmueven a los frailes menores en aquel entonces por las trazas no parece un cristiano nuevo ni un luterano (contra lo que se ha venido escribiendo). Un judío era incapaz de haber escrito una obra tan realista y desapasionada. Más bien detrás del Lazarillo se esconde la pluma bien tajada y socarrona de un cristiano viejo, alcalaíno y cisneriano porque en Alcalá estaba la residencia del primado de Toledo que conocía los males de la Iglesia y la aguja de marear. A lo largo de sus capítulos realiza un atestado y una diagnosis sobre la Castilla del XVI poco antes del Concilio de Trento y la contrarreforma uno de cuyos focos de irradiación es la ciudad del Henares. Por sus páginas desfilan alguaciles, verdugos, porquerones, corchetes, curas de misa y olla, bulderos, maravedíes, blancas, echacuervos, del hambre y el frío que pasaban en aquellos pueblos, quebrando el ojo al diablo a lo mejor cada quince días en ayuno perenne, de putas, mesoneras, bodegueras, turroneras, de ensalmadores, hidalgos de gotera que no tienen donde caerse muerto. Se nos habla de sisas, embelecos, advertencias, alusiones a Plinio pero también de recetas culinarios como era el moreto o almodrote (queso, ajo, aceite que se echaba en las salsas) de las espadas de Cuellar, y de visitadores corruptos que predicaban la santa cruzada y prometían la vida eterna y la exención del ayuno a cambio de dineros. La fe sin obras que proclamaba Lutero. Ante la mirada del autor pasa todo un pueblo. Y traza un retablo de crítica social desde la óptica del donaire. Al que le atañe el dicho de jodidos. La prosa del libro de fácil lectura aún a día de hoy alcanza los mayores registros del castellano y es inimitable tanto en su aspecto interior como por su garbo interior que es la clave del libro...

 




miércoles, 29 de agosto de 2012

CATALINA DE ARAGÓN

LIBROS DE ALTO CONTENIDO ESTÉTICO, FILOSÓFICO Y MORAL. LIBROS DESCATALOGADOS E INENCONTRABLES PERO QUE AYUDAN A RECABAR Y A RECAPACITAR SOBRE UNA VISIÓN DEL MUNDO ACTUAL. ESPAÑA ES LA PRIMERA POTENCIA MUNDIAL EN EDICIÓN QUE RESPONDE AL TEMPLE LIBERTARIO DEL ESPAÑOL PUES DECÍA GRACIÁN "español soy hasta la gola que siempre la libertad fue española". Los españoles tenemos más libertad de conciencia que los enciclopédicos galos o los anglosajones dominados por el pensamiento único. LOS LIBROS OS HARÁN LIBRES


 LUIS VIVES DESASNANDO TESTAS CORONADAS

Antonio Parra

Bajando o subiendo de York a Londres –recuerdo bien aquellos viajes en la British Rail- cuando el tren a más de cien millas por hora  se internaba en la planicie de los Midlands umbríos campos de patatas y alguna frisona paciendo en la distancia mientras los quejigos solitarios corrían raudos ante nuestra vista, y aparecían de repente las agujas grises de la catedral de Peterborough. Los encajes de la piedra disimulaban una oración para el recuerdo de una reina española que vivió prisionera en su castillo y está enterrada en uno de los nichos del testero. Catalina de Aragón.  Había nacido en Alcalá de Henares. Allí tiene su estatua.Brutalmente noble y brutalmente desgraciada y honni soit qui mal y pense que rezaba un lema de la Orden de la Jarretera.

Mediante la política de los casorios los Reyes Católicos quisieron urdir las paces y conciertos con las otras monarquías de la cristiandad y, como no se puede conformar a todo el mundo, sólo consiguieron hacer desgraciadas a sus hijas: esta pobre Catherine, María de Portugal que moriría de sobreparto, Juana la Loca. Fueron fieles, nobles y desdichadas infantinas llorando su desconsuelo ante la rueca o asomándose a un alto mirador desde donde reclusas e ignoradas vieron pasar la vida.

Pero sobre todo sentaron pauta de desentendimiento y melancolía en las relaciones anglo españolas aunque yo siempre amé a aquella Inglaterra cuando era un Jardín de María. Vivíamos en un pueblo del sur del Yorkshire. Nombre más bonito no lo habrá. Edenthorpe (la aldea del edén), pero en este mundo traidor resulta que no hay paraísos. Todo resultó ser un espejismo. Luego no pudo ser. Más vale honra sin barco que barcos sin honra y envié a mi escuadra a pelear contra los herejes no contra los elementos. La frase del Rey Prudente marcó mi trayectoria. Los sueños se vinieron abajo I am a dreamer.

 Oxford me entusiasmó. Aquellos estudiantes con sus becas y sus togas cintas de mi capa estudiantil que a lo mejor son ya pasto de las polillas enterradas en un viejo baúl o aquellos birretes que remataban en un cuadrilátero del que pintaba una orla de los graduados (Goodbye, mister Chips) y la chapela enorme de los doctores que daba un aire renacentista a los decanos. Se la ponían sin terciar. Es esa boina humanística que lucía Vives –semper vivas- en los libros de texto sacados por la editorial del mismo nombre de mi primer catón, en la que yo aprendí a leer y a soñar.

También se la vi poner en Oxford en una ceremonia de investidura a Andrés Segovia a Salvador de Madariaga. Con gorra y sin gorra aquel gallego siempre me pareció un tonto en siete idiomas. El humanista valenciano era  otra cosa. Sobre todo un pedagogo, un filosofo de la pedagogía en cuya obra se imparten consejos acerca de cómo aprender lenguas modernas (de viva voz, si es posible), cómo ha de ser la mujer hacendosa buen ama y amante de su marido y de sus hijos en de institutione feminae christianae, y  hasta la forma cómo hay que trinchar un asado o coger con la mano un cuchillo-artes cisorias- si hay que dar azotes y cómo han de ser esos castigos pupilares o el deporte. La proverbial locución de mens sana in corpore sano se la debemos a él. Pues la obra de este autor ha sido una de las más saqueadas por aquellos amigos de lo ajeno que gustan de refreír a los demás. Estamos bajo las alas del cuervo.

Quise, siguiendo la senda de la didáctica, andar tras la huella de Luis Vives en Inglaterra, ser don oxoniano pues yo sabía más latín que muchos de aquellos dómines que a mí traduciendo y escanciando hexámetros de las Geórgicas no me seguían; era un as y  Eneida en mano pocos me ponían un pie delante y acabé de maestro de gaya doctrina en un pueblecito de la cuenca minera del Yorkshire. Todo fue bien en mis clases hasta que un día aquel Payling canijo levantó el dedo en mitad del aula (era una tarde de primavera y yo explicaba a Berceo) y me hizo una pregunta bocajarro please mister:

-Sir, what do I want Spanish for if I am gonna be all my bloody life down in the pit? (Oiga, señor, para qué coños necesito saber yo español si me voy a tirar la puta vida en esa mina de los cojones).

Me llevaron todos los demonios y no supe qué responder.  Recogí mis bártulos, metí mis libros y mi guitarra en aquel mini colorado y me volví a Madrid con aquella frase a flor de labios del Cancionero de Upsala: “que yo no quiero amores en Inglaterra que los tenga yo mejores en la mi tierra”.  Se equivocó la paloma. Se equivocaba. Por ir al norte fui al sur. Creí que el viento era agua. Que la noche la mañana. Se equivocaba pero esta fe de erratas es lo que salpimienta mis textos. Toda mi vida ha sido un error.

Algo tiene aquella isla antigua tierra de Merlín que seduce a los caballeros andantes como yo, pero estos esforzados hidalgos nunca podrán rendir la plaza. Vives fue otro derrotado. Huyó de Londres rumbo a Flandes con los corchetes del rey Tudor royéndole los talones. Nunca es bueno entrometerse en estos líos de alcoba.  Enrique octavo le tomó ojeriza por haber sacado la cara por su mujer Catalina quien al fin y al cabo era casi su paisana.

 Este valenciano que españoleó por las cortes de Europa y enseñó en la Sorbona, Brujas, Lovaina, Oxford fue el paradigma del genio universal tan  sabio como desgraciado e incomprendido. Estuvo al lado de Catalina en su ostracismo lo que le hizo perder la privanza con su marido Enrique VIII del que era también asesor. Se libró de ir a la Torre de Londres por chiripa.

El marido de esta reina inglesa nacida en Arévalo aparte de un poeta más que mediano y de un músico mucho más que aceptable un cristiano ferviente en su juventud hasta el punto de haber recabado el título de Defensor de la Fe otorgado por rescripto papal remató en Barba azul. Sus líos conyugales dieron lugar al Cisma de Occidente. Si por una herradura se perdió un caballo y por un caballo la guerra y así sucesivamente sabe dios lo que se puede perder por una mala mujer – bueno son todas buenas en realidad aunque unas mejores que otras retiro lo dicho-. Acaso el mundo entero.

Un Tudor se encoñó con Ana Bolena que había nacido con Seis Dedos en la mano derecha y un cierto estrabismo visual lo que debió de darle un atractivo sexual más allá de lo corriente y ocurrió lo que tenía que suceder pero Ana no se conformaba con el puesto de barragana regia. Quería ser reina. Ahí empezó todo el rebujo. La mediación del cardenal Wolsey protector de Luis Vives y de  Tomás Moro, los legados papales, los interdictos y por último la excomunión que abría un camino sin retorno en las relaciones de la Iglesia Católica e Inglaterra. A partir de entonces y tomándole a Lutero la palabra para los ingleses Roma sería la Gran Zutana.

A su mujer natural Enrique la hija de los Reyes Católicos la dio carta de repudio desterrándola fuera de la corte. Vivió en  el exilio y en la pobreza a la sombra de aquella catedral gótica que acudía a saludarme  en mis viajes hacia el sur a toda la velocidad por la ventanilla del expreso entre la melancolía y el haze (esa especie de borrina que difumina los contornos del horizonte en el paisaje inglés) y allí murió.

La vida de Luis Vives, preceptor de Catalina y profesor de latín de Felipe II, en términos más modestos fue también a lo largo de sus cuarenta y ocho años una pugna contra la pobreza. Hubo de abandonar su querida tierra de los naranjos (añora siempre a Valencia en todas sus cartas) para convertirse en preceptor o institutor una especie de criado intelectual o profesor particular de los ricos para llevar príncipes por la senda del recto proceder y del buen saber  (desasnar testas coronadas fue su oficio) pero sus amos le pagaban siempre tarde y mal. Esta lucha por la subsistencia del pensador, del escritor, del novelista, del poeta, siempre fue acérrima. Yo la he sentido sobre mis propios huesos pues el amor a las letras supone un estilo de vida equivalente a la precariedad, el vértigo. Siempre a salto de mata con la vida. Los banqueros son los que tienen la pasta y muy volubles y caprichosos los mecenas son. Más agarrados que un chotis. Más tacaños que Paul Getty.

Baroja acumulaba patacones en una caja de zapatos. Dámaso Alonso al que conocí en el bar de Filosofía tomándose una caña preguntaba por los adeudos de la colaboración. Antonio de Olano el otro día en el sepelio de Alfonso el del Gijón el mismo criterio: si me pagan me retrato; de otro modo, mi pluma no entrará en los tratos de la prostitución. Sin embargos las dichosas tijeras del sastre del Campillo aquel que cosía de balde y encima ponía el hilo se ciernen sobre nuestras cabezas. Cervantes ahí lo tenemos palanganero de una mancebía en Valladolid y Quevedo como zaguanete espadachín o “armario” de un príncipe italiano. Tomás Salvador – el mayor novelista de posguerra - era policía de la ronda secreta, Luis Romero corredor de libros. Valle Inclán murió en la pobreza y Rosalía de Castro que vivió en la calle de la Ballesta se metió a puta. Benet ingeniero se ganaba la vida construyendo puentes bastante buenos mejor que sus libros que por lo menos no se caían lo mismo que  los personajes de sus novelas infames. Volverás a región y así sucesivamente.

 El más listo de todos fue Cela que harto de criar hambre, rencores y caspa y de no tener para el café se circuncidó, se puso la hipa viajó a Jerusalén en calidad de preboste de la alianza hispano israelí y mano de santo chico. Murió millonario y le dejó a su viuda joven y rica la Marina Castaño que con un ojo llora y otra repica un buen pico. Hoy es el cadáver más opulento de todo el camposanto de Padrón.

Y ahora al fin de tantos años cuando parezco haber recuperado contacto con lo que más quería mi Picle me pregunta dónde estas, dad, qué has escrito, qué has publicado, y, transfixo en esta cadena de reconversiones, cribas, purgas y excarcelaciones de la literatura y aunque mi compromiso con la verdad de Cristo y el amor a mi patria sigan incólumes y en mis trece, le he de decir, pues acá me ando, mi hija. ¿Y de dineros? Nada. ¿Qué hay de lo mío? Pues la verdad que muy poco, corazón. Como no venda mis favores por la red o me brinde como acompañante maslo de algunas viudas desconsoladas, mal me veo.

 Mis sueños y mis textos duermen en un cajón limbo de los justos seno de Abraham y trabajo emparedado entre dos pibas, tres milanas bonitas y cuatro archivas que vigilan la parva y el ojo del amo engorda el caballo, la Fuensanta, vaya nombre de paleta, los coños grandes de doña Almudena la Mayor y la Reme carcasa de la muerte brujas curujas muevete despacín que ya me viene querida Reme. Pues sí hija sí. Que putas son las que están en la ventana qué putas son las que están por el balcón pero la cosa no tiene vuelta de hoja. Y esos de ahí en eso que no saben escribir pues las nombro escritores. Por decreto.

-¿Nunca callarás, Verumtamen?

-Difícilmente.

Pero a lo que voy. Luis Vives semper vivas fue para mí un paradigma un modelo a seguir por su compromiso con la verdad en tiempos de crisis que emanaba de la profundidad del pensamiento cristiano de este escritor que no se rindió ni ante la insolencia ni la injusticia ni la prepotencia de magnates, reyes y pontífices.

Toda su obra fue una exhortación a la perseverancia en la fe verdadera y una impugnación contra musulmanes y judíos. A Francisco I de Francia le echa en cara fomentar la disensión en el bando católico entablando alianzas con el turco, al Papa de crear ligas con Inglaterra y los venecianos en contra del emperador Carlos V de España y Alemania.  Condena las guerras pero avisa son un castigo de Dios. Tiene tiempo para escribir páginas de oro sobre la mujer cristiana y entregarse a una serie de especulaciones filosóficas que ponen en entredicho a los escolásticos y a todo Aristóteles. Sus choques contra los frailes fueron del mismo tenor aunque no tan rigurosos como las de Erasmo.  Iñigo de Loyola cuando era estudiante en París iba a Flandes a recabar fondos entre los soldados. La fraternidad de armas es la fraternidad de armas y allí trabó contacto con el institutor valenciano que un verano le convidó a comer en su casa de Brujas. Cuentan sus biógrafos que Vives, la cordura personificada, debió de observar en aquel estudiante ciertos signos de la enajenación mental de aquel veterano bajo las banderas del Duque de Nájera. Era un loco de las reales ordenanzas, de la disciplina, del método, de la estrategia y la táctica. Los jesuitas, por ironía del destino, fueron los encargados de llevar adelante la contrarreforma que había preconizado Luis Vives pero por caminos muy distintos (era un impulsor de la paz, de la concordia y de esa libertad que transparentan las páginas evangélicas con esa delicadeza y tersura) y no a mandobles y bayonetazos de los guardias de corps del papa. Salvaron el edificio pero el espíritu se echó a perder. Los jesuitas, grandes educadores, se inspiraron en toda la propedéutica viviana para implantarla en sus colegios y noviciados pero colocaron algunas obras del sabio humanista como el Libro sobre San Agustín en el índice. Vives semper vivas y Vives el divino se le llamaba en los salones de grados de Salamanca y Alcalá.

Si no te gusta Erasmo se decía entonces o eres fraile o eres asno.  Le repugnan los monasterios relajados de media Europa; un avispero de envidia, codicia y malos ejemplos trajeron el Saco de Roma de 1527 y lo que vino después casi se veía venir. Pero desde su cátedra de Brujas y de Oxford la voz de este humanista valenciano que se expresaba en el mejor latín resonó poderosa por todos los ámbitos. Sin llegar al fundamentalismo de los anabaptistas alemanes es un defensor de la pureza evangélica. Propugna  una reforma de la Iglesia desde la libertad y la inteligencia pero sin tocar para nada a la liturgia.

 Sus páginas aun ahora me parecen henchidas de piedad y de caridad cristiana y creo que tienen una relevancia singular cuando nuestra fe católica se siente conminada por amenazas mucho más determinantes que las que afligieron a la cristiandad en el siglo XVI. Detestaba  la superstición tanto como la prostitución (dos males irremediables) y puso en duda algunas hazañas de ciertos santos tal y como vienen descritas en la Leyenda Áurea  de Jacobo de Vorágine obra del siglo XIII y que más tarde acapararía censuras de otro paisano mío el dominico Melchor Cano, o los excesos del culto a relicarios pero sus manuales de oración y algunas misas que compuso motu propio por ejemplo contra el flagelo de la peste que afligió a Flandes en 1529 hoy resultan primorosas y valederas.

No estamos pues ante un hereje. Vives no era un hugonote ni uno de esos conversos con mala leche a los que se les ve el plumero o el Talmud asomando la oreja. No. Él era un humanista cristiano, un europeo y un católico en el primigenio sentido que tenía esta palabra en boca de Tomás Moro. Universalidad. A man for all the seasons. Un hombre para la eternidad. Por eso habrá que decir: Vives semper vivas. El retruécano es adecuado. Sí. Que viva. Que viva Vives eternamente. Si hoy volviera tendría que emplearse muy a fondo para desasnar muchas testas coronadas. Aunque tal vez a estos cetros y tales armiños puede que les quede poco.

Sábado, 04 de marzo de 2006

 

lunes, 13 de agosto de 2012

carlos colubi escritor pixueto

LIBROS DE ALTO CONTENIDO ESTÉTICO, FILOSÓFICO Y MORAL. LIBROS DESCATALOGADOS E INENCONTRABLES PERO QUE AYUDAN A RECABAR Y A RECAPACITAR SOBRE UNA VISIÓN DEL MUNDO ACTUAL. ESPAÑA ES LA PRIMERA POTENCIA MUNDIAL EN EDICIÓN QUE RESPONDE AL TEMPLE LIBERTARIO DEL ESPAÑOL PUES DECÍA GRACIÁN "español soy hasta la gola que siempre la libertad fue española". Los españoles tenemos más libertad de conciencia que los enciclopédicos galos o los anglosajones dominados por el pensamiento único. LOS LIBROS OS HARÁN LIBRES














parragalindo@terra.es

CARLOS COLUBI COLUBI – ESCRITORES ASTURIANOS



El cuento es una de las piezas literarias más difíciles en literatura porque requiere una habilidad específica para plasmar en unas pocas páginas el contenido de una novela larga. Los ingleses lo cultivaron desde las tales de Chaucer medievales y modernamente los sketches de Dickens y la short story. Entre los rusos las sdachi de Gogol,  Chejov y Turguenev a los que imita el portugués Eça de Queirós otro maestro del género, alcanzan la perfección. En España se cultivó  a principios del pasado siglo con voluntad. Los periódicos tenían por costumbre insertar el famoso cuento semanal entre la que destacaron Zamacois, Pedro Mata y José Francés. También Baroja y Pereda. Pero es un género en el cual descollaron los dos grandes maestros asturianos: Clarín y Palacio Valdés. Tengo para mí que “Adiós Cordera” y “Solo “ en el que se narra las vacaciones de un comerciante madrileño que ahorra largos años para regresar a su tierra y se ahoga en el río Nalón  una tarde de baños del tórrido mes de julio son los mejores cuentos del idioma. El cuento como manifestación artística tiene que ver con la literatura oral, y el asturiano fue de toda la vida un pueblo parlanchín que se jaleaba contando historias en sextaferias, espichas, filandones y esfoyazas, instituciones que desaparecieron hace tiempo y a este lado de Pajares se han mantenido a trancas y barrancas.

 La tonada, la endecha o la amuravela pixueta son parcelas en las que el hombre de la calle desplegó su cacumen literario, su numen creativo y esa original llaneza, tan encantadora e irónica, del pueblo astur. Tampoco perdamos de vista al chigre que Jovellanos reputaba como “salas de conversación”.

Me llegan ahora dos textos de Carlos Colubi Colubi que para mí, degustador siempre de las buenas prosas, me han llenado el alma de añoranza y de ternura. Los dos cuentos “Mingucha y la mar” y el pecado de Marieta, que ganaron el último premio literario del Ayuntamiento de Cudillero tienen esa urdimbre maravillosa, con poder de evocación, de la historia corta en la que se guardan los secretos de todo un mundo y vibran en la cuerda estética de los dos grandes maestros astures citados, el ovetense Leopoldo Alas y el polariego Don Armando.

 Ambos hablan el lenguajes de la mar y son un homenaje a la mujer cudillerense, más conocida por pìxueta (de peje, o peixe en bable) y son un canto al amor eterno de estas bravas hembras que recorrían los pueblos del concejo con la herrada a la cabeza o una cesta de mimbre para vender el pescado de las capturas de sus maridos bregando en la mar.

 Colubi homenajea  a las que quedaron viudas después de los naufragios a causa de aquellas galernas que azotaban el litoral cantábrico – me acuerdo que la de 1961 dejó sin hombres y sin mozos a la población, recomiendo la lectura de José de Palacio Valdés al respecto- y seguían adelante.

En Mingucha, la mujer del Antón el Colorao, se hace la descripción perfecta y cabal de un marinero que va a la altura y entretiene sus ocios por el invierno junto al fuego del llar reparando las redes calentándose por fuera y por dentro con una buena bota de vino. Ello no obstante y dada la afición para empinar el codo propio de esos pescadores que se juegan la vida en las lanchas y que en cada salida al sarreu, a la roballina o al besugo pueden ser sorprendidos por un temporal no era óbice, para que aquella leona, esa mujer fuerte, adorase a su hombre….sanpedrin hermosu, consérvamelo como ye y que me vaya yo enantes. Todo un paradigma para una época de violencias conyugales. Ellos y ellas no aguantan un pelín. A la primera de cambio, un divorcio. Antes en los tiempos de Mingucha y Antón el matrimonio era para toda la vida.

La mar hace música a cada ola, en cada línea, de este texto; la mar querida y temida, que todo lo da y todo lo quita. Está muy bien escrito. En medio de su rotunda sencillez es una alabanza a la hembra cudillerense, porque la mar por estos pagos tiene alma de mujer. Encuentro en estas dos breves historias resonancias del alma grande de la Demetria de P. Valdés o de Pinín el de la Cordera que muere sirviendo al rey al igual que el hijo del Colorao que sucumbe en Cuba a bordo de una fragata comandada por Villamil en defensa de la reina María Cristina.

 Y el idioma que utiliza Carlos es para descubrirse- se lo recomiendo a los filólogos por lo felices hallazgos que contienen  palabras que son de uso local, un bable auténtico, reminiscencia de viejos vocablos castellanos, el que hablaban los marinos de la Invencible y de Lepanto que en contacto con otros mares y otras gentes adquirieron préstamos lingüísticos, y que han llegado deformados a causa de anagoges, metonimias y otros tropos fonéticos del habla común de los pixuetos que se comen letras y cambian las sílabas. Por ejemplo del bretón les rocheles (restingas de los cantiles), o del inglés (estacha, stitch). En Laredo, en Candás, en Vegadeo trabajaron los mejores carpinteros de ribera de nuestra flota. Ellos armaron los galeones, zabras, lanchas y navíos de alto bordo. Asturias gozó siempre de una gran tradición artesanal y su capital no fue el dinero sino su gente, algo que convendría recordar en estos tiempos de crisis. Tengamos esperanza.

Otro aspecto digno de subrayar en Machuca y en Marieta es la profunda religiosidad de la gente de la mar entreverada con tradiciones de origen sincretista. Propia cosa es de los hombres de la mar. El cristianismo o el catolicismo en este caso no es la simple escritura que pretendía Lutero ni la Biblia a palo seco. Y esto también convendría recordárselo a los curas que desde el concilio intentan acabar con tradiciones arraigadas en estos queridos pueblos y que en sus sermones se escapan por la tangente obviando la crisis y el mangoneo de políticos y banqueros.  Ahora resulta que san Roque no existió.  Lo bajaron de su peana, lo quitaron del santoral.

Pues, bueno, para algunos, entre los que me cuento,  seguirá siendo el abogado contra la sífilis o mal francés. Yo creo hasta en el la cola del perro de san Roque que le lamía las llagas al santo, y que menea el rabo por toda la edad media a lo largo y ancho de las peregrinaciones jacobeas.

Y subo siempre que puedo a Santa Anina de Montarés aunque fuese un ara de Júpiter venerada por los celtas, hoy cristianizada para mayor honra y gloria de Dios y protección y gracia de los que faenan en la mar a corta distancia del enclave de esta ermita.

Recoge también la amplia tradición musical cudillerense. En la villa siempre se cantó mucho. Son amigos de la alegría y de la folixia. Se cantó el perendango – como bien nos recuerda el autor- el salero, el descansao, y la giraldilla una variante de la danza prima, a la cual se refieren nuestros clásicos del XVII. Y se cantó casi con furor la habanera.

 Por último, se citan a personajes entrañables, muy conocidos en la comarca. Verbigracia.: a Carola la de la Cabaña, intima amiga de nuestra abuela Manuela y mi tía Concha, los Mulatos de la Casona, que siempre les compraban algún peixe a las vendedoras que subían al Rellayo. Eran amigos de casa y el abuelo nos hablaba de las veladas y saraos que se armaban en aquel hogar en tiempo de filandón. Un cura por lo visto muy perillán al cual prestabanle las mozas; era el capellán del palacio de Villademar. Nunca faltaba al convite, se sentaba al armonium y tocaba polcas y pasodobles algunos un poco subidos de tono. La Delfina está divina/dabame buenos achuchones/muerto por ella estoy de amor…. Coplillas algo subidas de tono eran del gusto de don Marcelino al que apodaban el Divino.

 El hecho de tener diferencias ideas políticas no empañó un adarme la amistad entre los de la Cabaña y la Casona. Allí cuando la guerra se escuchaba la BBC de Londres y aquí éramos de Radio Berlín. Mi suegra Elenita que en paz descanse tuvo en la persona de un apuesto teniente de navío de la marina alemana del Almirante Canaris un admirador. Un tal Hans. Pertenecía a la dotación del submarino germano que se refugió en la Concha de Artedo huyendo de los ingleses.

Cuando acontecieron las sacas de la republica y los ajustes de cuentas del otro bando en posguerra ambas familias se ayudaron mutuamente.

La división entre caízos y ribereños que resaltan ambos cuentos, los de arriba y los de abajo, dos barrios del pueblo donde resonaban diferencias, recuerda a Pereda cuando en “Sotileza” divide a los de Santander entre los callealteros y los de la

ribera .

Pero pelillos a la mar, non vos preocupar porque en España tales discrepancias se solucionan o a palos, con un vaso en la taberna, o con un rosario de la aurora.  Pero que guapu es Cudillero, tiene a la mar por amiga y por patrón a San Pedro, según creo que entonan con voz de habanera los romeros de  la amuravela y mientras Cudeiru viva bajará san Pedro a la fuente el canto… el señor san Pedro con todos los santos…

Enhorabuena, Carlos. Te felicito y te agradezco por este buen rato que me hiciste pasar. Tu apellido en ruso anda en boca de los popes. Significa amor fraterno, caridad. Quizás del nombre la raza le venga al galgo.



domingo, 12 de agosto de 2012



para ccolubi@yahoo.es