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jueves, 12 de septiembre de 2013

ESCRITORES MILITARES DE LA RUSIA BLANCA


SESGO PROFÉTICO DE LA LITERATURA RUSA. MATARON AL ZAR PERO EL SEÑOR LO HA RESUCITADO PARA BIEN DE LA HUMANIDAD


EL CADETE DE LEONIDAS ZUROV. DELICIAS DE LA LITERATURA RUSA. CANTO AL EJERCITO DEL EMPERADOR

 

Rusia vive por estos días tiempos de exaltación honrando al último zar asesinado por las fuerzas siniestras y a la familia Romanov; algunos incluso dicen que Nicolas II resucitado en la persona del primer ministro Mevdevev tan parecido a él que es como dirían los ingleses “his spitting image”. Lecciones que nos da la historia. El crimen no paga. Los asesinos serán apartados a la gehenna y los santos suben al cielo. El último zar con su bella familia, la emperatriz, el zarevich, y las cuatro princesas, que fueron fusiladas un 18 de julio en la tahona de Ipatiev el rico mercader de Yekateringrad (mandaba el pelotón un judio húngaro por nombre Imre Nagi y los soldados eran todos letones y estaban borrachos porque ningún soldado del ejercito rojo tuvo el valor de accionar el gatillo contra el zar que siempre fue tenido en Rusia por un dios) fue canonizado.

La tragedia de la primera guerra mundial, la revolución de octubre, la toma del palacio de invierno y la guerra civil espantosa que subsiguió marca uno de esos momentos culminantes de la historia universal que tuvo correlativamente su parte alicuota de una enorme literatura. Pocas lenguas en el mundo con excepción tal vez de la griega, podrían plasmar el “pathos” de lo acontecido: los combates, las destrucciones de ciudades, las violaciones, las ejecuciones sumarias, los incendios, la miseria, el hambre en el marco de esa arquitectura de belleza melancólica en comunión con la naturaleza que brota de la pluma de los maestros rusos.

El cadete” de Leonidas Zurov es un novela lírica que canta al ejército ruso, a los cadetes de la Guardia Blanca, del regimiento Preobrajenski, que custodiaban al Zar en su palacio de invnierno y en los perímetros de Tzarkoe Tselo en Petrogrado. Se trata de una casta historia de belleza y de pureza que exalta los nobles sentimientos de amor a la madre, amor a la patria, a la mujer que te sale al encuentro de tu vida, a la solidaridad y a la amistad. Por sus páginas se escucha el canto angélico del querubín y asoma el Cristo ortodoxo con sus barbas mientras la Virgen María sonríe bendiciendo bondadosa desde el candil de los iconos. Suenan a lo lejos después de la nevasca las campanas de alguna iglesia.

dentro de la catedral percibió a Kuny Miej. En las vetustas arcadas rebotaba la dulce melodía del oficio, los íconos centelleaban y al centro bajo la cúpula recogíase un expectante silencio que devolvía el sonido de los pasos”

Mitia es enviado a la academia de oficiales de Petrogrado. Quería ser militar igual que su padre el general Kornilov y va a sentar plaza en la escuela de Junkers. Tenía 14 años y aquel otoño de 1917 días después de las fiestas de la Asunción la campiña olía a manzanas “y las amarillentas mechas de los abedules enlutaban el alma… las filas de los arces aparecían mordidas de urentes arreboles; sobre el encristalado de la mansión zigzagueaban las llamas policromas”

La pluma de Zurov al describir el encuentro y la despedida del estudiante con su madre adquiere rotundidades homéricas. Esta le imparte su bendición según la costumbre ortodoxa. “En un recodo del camino, sosteniendo con la mano izquierda la fusta y el capote, Mitia se volvió haciendo el saludo militar y, perfilada sobre las gradas de la escalinata, vio a su madre que le bendecía, trazando sobre el aire pequeñas cruces”

Los diálogos son  contundentes, las descripciones, maravillosas. El alma rusa se hincha como el bulbo de la cúpula de un “sobor” (catedral) y protege como el manto de la Madona al lector. Y abundando en esto mismo existe el efecto “sobornosti” (catedralidad) una melodía que suena eterna melopea a lo divino a través del canto diaconal y hace que el corazón, por más que nuestra razón no lo entienda, caiga de hinojos a los pies de la imagen del Redentor. Únicamente las novelas rusas de este periodo poseen ese tono repetitivo del efecto catedral cuyos ecos se propagan a lo largo de capítulos y de frases entrecortadas del soldado que parte al frente, los besos de la mujer amada, los gritos angustiados de los pasaportados a Siberia, el lúgubre maneto de los encarcelados en las zahúrdas de la checa.

Los héroes de estas historias aceptan su destino (“suaba”) con resignación y sin odio a sabiendas de que la Madre Rusia ha pecado y va a ser sometidas a la prueba de una larga purificación. El pueblo ruso asume esa misión mesiánica de trascendencia que se manifiesta en ese lupanar donde una belleza rusa se decide por el cliente más desamparado, o un presidente Putin que escribiendo en el NT le dice a Obama que no hay pueblos mayores ni menores que a los ojos de Dios todos somos iguales.

En ese sentido soteriológico el pueblo ruso, el verdadero Israel, cumple el papel de protagonista frente a la masonería, las fuerzas oscuras, o encarándose con el estado judío exportador de armas y de conflictos, reclamo de las mafias y de los señores de la guerra que se valen de la argucia, el chantaje y la mentira como medios de coacción pues para ellos el asesinato y el terror se encuentra a la orden del día, se encargan  de fungir como antagonistas del drama o la novela de la historia.

Nadie hubiera podido sospechar que el pueblo ruso después de Stalin, de la Perestroika, y de los horrores del comunismo, del miedo a la bomba atómica que nos inculcaron a nosotros niños que crecíamos durante la guerra fría, iba a desembocar en un Putin mesiánico defensor de los pobres y los desvalidos del planeta, otro san Jorge en la lucha contra el dragón. Inefable y sorprendente contraste.

Claro, que, por eso lo difaman, le hacen la guerra, lo retratan en picardías de maricón y otras infamias. Son los herederos de los que fusilaron al zar en la casa del judío Ipatiev que vuelven a la carga.

Mitia va a ser un soldado sin suerte pero un verdadero oficial de la guardia que defiende el palacio de invierno y participa luego en la reconquista de Ribinsk. Es victima de esos cambios, de esos aggiornamientos, transiciones, consensos, trampas saduceas y politicastros ucedeos que son el escudo detrás del cual se abroquelan los judíos para proyectar sus revoluciones. Manejan como nadie las treinta monedas de la sangre, llenaron la tierra de campos de Haceldama. Es el caldo de cultivo del agit prop.

Dimitri Kornilov ve cómo a los cadetes de la guardia por orden del soviet lo despojan de la “gimnarskerska” de la nobleza y le colocan una rubaska de “poilu”. Es detenido e introducido en un convoy de castigo del que se apea en marcha librándose de la muerte. Antes un comisario judío ostentando en la “papaja” (gorro de astracán) la estrella de cinco puntas e había dicho:

        -Te perdono, mamoncillo, eres valiente.

Y el cadete se cuadra y entona el himno del zar:

        -Boshe, zaria, jrani[1]

        -Largo de aquí, yo conozco bien tu madre, hijo de puta, una burguesa. Tú ya no eres un barín (duque) tú eres ya carne de checa, Excelencia

En medio de las lagrimas el valiente cadete escupe al comisario y prosigue la estrofa imperial con mayor fuerza

        -Tsarvu, slava nam[2]  

El alma rusa descrita con magistral pluma por Zurov se compadece y se entiende perfectamente con la española. La lengua castellana se adentra en los penetrales de este ruso deslumbrante donde existen maravillosas descripciones como estas dignas de la Iliada o la Odisea:

“detrás del pueblecillo en un soleado prado, se instruían los noveles soldados. Al diario ejercicio sucedía la faena de bañar al ganado. Mitia habíase prendado de cierta yegua rosilla que aun amantaba a un gracioso potrillo bayo, mientra Lagin concedía todo su afecto a un caballo moro… nuncios de `primavera, los días eran apacibles, radiantes de luz, benditos, impregnados de la alegría del cielo, de la fragancia de las tiernas hojas gomosas, del gorjeo de los pájaros. En las afueras de la ciudad sobre las tumbas de los soldados una ruda hierba acaba de verdear”

Es el magnifico contraste entre la vida y la muerte y la indiferencia de la naturaleza ante las penalidades y sufrimientos del hombre. Sin que falte el lado cómico. Por ejemplo, cuando describe a aquel sargento mayor que se alista con los blancos para pelear contra los “krasnoarmeitzi”[3]

        “al toque de revista los voluntarios advirtieron, cuadrado, delante del coronel, a un desconocido de híspido bigote bermejo y rapada cabeza, que vestía un usado uniforme lleno de remiendos en el que brillaban dos condecoraciones sujetas por un alfiler. Era el sargento Arjip Simenovich. En aquel suboficial Mitia y Lagin reconocieron al mujik que sentado a la orilla del río fumaba tranquilamente su pipa”

La lectura de esta enternecedora novela me ha reconfortado en estos tiempos de tribulación y de persecución. Una voz en ruso me ha dicho con suave y amistoso acento:

-No te aflijas. Ten fuerte. Soy yo. Estaré con vosotros hasta el final de los siglos

Cristo vive en la historia y en estos momentos el Príncipe de la Paz nos habla en ruso confundiendo a los señores de la guerra que parlamentan en su algarabía o nos largan espichas en inglés. El país de la resurrección posee estos incontratables enigmas. Cabría pensar que al zar al que fusilaron los del sanedrín judío se encuentra de nuevo entre nosotros. Tengamos calma. Las puertas del infierno no prevalecerán. Les recomiendo que lean este libro de un militar Leonidas Zurov “El Cadete”. Pasarán un rato agradable, se reconciliarán con la vida aunque se les esponje el corazón de melancolía.

 




[1] Dios salve al zar
[2] Padrecito zar, seas nuestra gloria
[3] Soldados rojos

domingo, 8 de septiembre de 2013

estamos hechos unos mozos de 70 años. Gracias, Virgen Santisima, por la reunión, el vino, la fraternidad y el esp`´iritu de excelencia que la SRI inculcó edn nosotros. Aunque de lejos hewmos seguido sirviendo a Cristo

EXCELENTE AGAPE. AMENIZADO POR LA MUSICA DE UN RABEL. ESTAMOS HECHOS UNOS MOZOS






fotos de la reunión. Agradecemos al Adelantado de Segovia que se hizo eco de nuestro encuentro




MALESTAR DE LOS CURAS POR LOS CAMBIOS EN LA DIOCESIS. PESE A TODO, NUESTRA REUNIÓN FUE ENTRAÑABLE Y MARAVIOLLOSA


carta abierta al obispo de Segovia, don Ángel Rubio

 

Estimado Sr. Obispo:

Un año más los de la promoción del 55 nos hemos reunido a los pies de la Virgen de la Fuencisla a cantar el himno. Gracias a su benevolencia-nosotros seguimos amando a la diócesis de San Geroteo y precisamente el nombre de Fuencisla, según he podido entender a través de mis estudios históricos no procede de Fuente de la Isla sino de "Fons Xisla, ya que Xisla fue uno de los primeros pastores de esa iglesia en remotos tiempos visigóticos y antecesor en la cátedra donde Su Ilustrísima dirige a la iglesia segoviana- y a los buenos oficios de Eliseo y de Jaime Olmos.

Fue una reunión fraternal. Después de cantar el himno fuimos a uno de los mejores mesones de nuestra capital, el restaurante que regenta Isaac Martín Herranz, que también pertenece a nuestro curso. Todos, sin faltar uno, afirmamos y sostenemos que aquellos benditos años de seminario fueron los más importantes de nuestras vidas, a la sombra de la Torre Aceitera cuyo perfil empinado nos protege y nos vigila.

Me tomo la licencia, pecador de mí, de expresarle mi agradecimiento por los que la Iglesia de Segovia hizo por nosotros. Aquellos operarios diocesanos (don Julián García Hernando, don Pedro Recio, José Pedro Carrero, Marciano Monroy, José María Díez el que era hasta hace poco deán compostelano) nos dieron lo mejor que tenían y sabían, sin pasar por alto aquel gran cuadro de profesores don Valeriano Pastor, don José del Moral, don Felipe, don Fausto etc. Pero en la reunión de este año alguno de los presbíteros no acudió a la cita. No quiero citar nombres pero a algunos el reajuste y los cambios de parroquia que ha tenido a bien decretar Su Ilustrísima les han ocasionado alguna zozobra.

Ya somos casi septuagenarios. Ellos han servido con celo y buena disposición a la Iglesia.

Pero tienen deudos y familia a los que marchar a otro lugar puede causar trastornos.

No quisiera entrar en sus dignísimas competencias episcopales. Episkopos en griego significa el que gobierna, el que mira y es una dignidad que les viene investida desde los Apóstoles.

Sin embargo, hágase cargo de la parte humana. Algunos como el capellán de la Fuencisla don Serafín Merino lo está pasando mal pues me llegaron rumores de que ha sido víctima de calumnias y en el terrible sacrilegio que uno deslamado perpetró sobre la imagen de Nuestra Señora de la Fuencisla él no tuvo responsabilidad alguna, dice que no fue robo sino un atentado para escarnio de la devoción que tenemos todos los segovianos hacia nuestra patrona.

Otro asunto que está causando inquietud entre nuestro sufrido clero diocesano es el de los "sacerdotes inmigrantes". Algunos, no todos, por supuesto, no consiguieron adaptarse al rancio espíritu de nuestra iglesia.

Comprendo perfectamente su preocupación, señor obispo por la carestía de vocaciones en una de las diócesis que dio para la gloria de la Iglesia una leva enorme de sacerdotes.

Sin ellos no habrá sacramentos, las iglesias y conventos se quedan vacios y la ruina amenaza a la gran fabrica eclesial.

Acepto sin embargo la voluntad de Dios pero en mi libro "Seminario Vacío" lanzo una posible solución: la ordenación de curas casados sin que ello sea impedimento contra la norma del celibato que la iglesia latina cultivó como un don sagrado aunque se trate de un canon, de un mera disposición de disciplina eclesiástica que se incoa después de Trento, que nada tiene que ver con el dogma, pero que tantos quebraderos de cabeza os ha causado a muchos obispos a lo largo de la historia. Sería una fórmula de acercamiento al pueblo que involucre la "desclericación" y la "laización", ordenando a varones piadosos, de vida recta y, a ser posible, instruidos, sabios con una buena preparación humana, litúrgica y teológica. El sacerdocio es un ministerio pero también es un oficio.

Ignoro si con esta propuesta me inmiscuyo ,con atrevimiento e insolencia por mi parte, en algo que no es de mi competencia pero quede ahí la idea.

Estoy seguro, don Ángel Rubio, que hará todo lo que esté de su mano para consolar a aquellos presbíteros perjudicados por el "reshuffle" que ellos acatarán con la obediencia y humildad que sienten hacia su obispo.

Yo se lo ruego en nombre de la caridad y le hago llegar mi preocupación y me tomo la licencia de publicar esta misiva Internet . Es la caridad, el espíritu de obediencia el que me impulsa porque prójimo viene de "proximus" el allegado, el vecino y con frecuencia estamos cayendo en ese papanatismo altruista  "buenismo" o "panfilia" de ir a buscarlo a las chimbambas.

 Es lo más fácil, lo otro mucho más difícil.

 La caridad y el perdón empieza por aquellos que están cercano y viven a nuestro lado con sus virtudes y defectos.

¿No estaremos cayendo en una aberración?

Me tomo la libertad de escribirle y espero que no me tome a mal pues admiro su gestión pastoral en tiempos tan difíciles.

En el seminario nos enseñaron a amar a la Iglesia y seguirnos amándola precisamente porque como en toda sociedad humana hay cosas que no nos complacen.

Beso su anillo pastoral y le deseo salud y todo tipo de gracias con la iluminación del Espíritu Santo. Quede con Dios.

Antonio Parra ex seminarista

martes, 3 de septiembre de 2013


el adelantado de segovia nos dedica una página a los pipis del 55
este blog defiende la unidad de España y a su cultura

SOCIEDAD
De vuelta a 1955
Un grupo de antiguos alumnos del seminario de Segovia se reúnen cada año en la iglesia de la Fuencisla para rememorar y recordar sus viejos tiempos de universitarios.
Tamara Gil - Segovia

domingo, 1 de septiembre de 2013

AMO A SERBIA MI YUGOSLAVIA. AHORA CON SIRIA OBAMA VUELVE A LAS ANDADAS

EL DIA DE SAN CASIANO
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BRUXAS CURUXIAS

Como tengo una joroba y hasta tres (coscorrones que me dio la vida, ponte recto, chaval que parece que andas encogido- no ando encogido, lo que ando es escocido) con las mismas me fui a Fuensaldaña a un lugar que llaman Puente Perín, que diz que allá curan a los cheposos. Encontré mogollón de brujas en aquelarre y pronunciando los conjuros. Un colega que por lo visto entiende de nigromancias me dio una fórmula mágica para remediar un mal que tanto me avergüenza:
-Tú di siete. Siempre siete. El nombre de siempre.
El cotarro estaba muy animado. Unas eran viejas, otras feas pero otras muy guapas talmente que creo que alguna era de las que anuncian las noticias en el telediario. Estaban duro que te pego. Decían:
-Lunes y martes, miércoles, jueves, sábado seis.
En ese instante yo recité la fórmula que traía preparada y canté la “niña bonita”
-Y domingo siete.
Se volvió la bruja mayor  sorprendida y dijo
-Eh
-Soy yo.
-Quitarle la chepa a ese.
Y me volví al pueblo muy contento más derecho que un huso con la espalda como una tabla. Ya no tendría que soportar los dicterios de mi señora que me acusa de desfilau, so desfilau que parece que vas vencido por la vida. Tengo una muller que ye la repera. Casé con hembra brava.
Entré en una taberna que las hay buenas en aquel pueblo palentino. Se bebe buen clarete y conté mi historia entre vaso va vaso viene y se me arrimó otro quebrao que el pobre un labrantín, que Casiano se llamaba, el cual de tanto seguir inclinado la esteva del arado o de tanto mirar para la tierra que nos ha de acoger a todos en su regazo caminaba baldado. Me dio pena y le dije la fórmula para erguirse tieso nuevamente. Quería volver a ser mozo y en esta vida no hay recambios ni para lo uno ni para lo otro pero bueno; otros se conforman con menos. Todo erguido, todo tieso, arriba España. A Casiano ya no se le alzaba ni con mejunjes ni yerbas ni viagras. Bebimos cuanto quisimos de aquel clarete y le di la formula:
 -Mira, hijo, esto, esto y esto. Tú cuando te acerques al puente que dicen de Perín, verás a las brujas reunidas y cuando la bruja abadesa suelte el conjuro de los días de la semana tu cantas la “niña bonita”.
En efecto para allá se fue el bueno de Casiano que no celebra su santo sino en año bisiesto, cada cuatrienio, por orden de San Pedro que cuenta la leyenda que una vez iban san Nicolás de Mira y san Casiano camino de París y en esto que encontraron a un carro volcado y al carretero dando voces y pidiendo ayuda. San Nicolás al que llaman el misericordioso se quitó la sotana y se puso a ayudar al carrilero pero san Casiano se negó. Dijo que no quería mancharse la casulla. Con gran esfuerzo sacaron al carruaje del atasco. Cuando murieron los dos fueron al cielo y a la puerta les esperaba san Pedro que dijo a Nicolás:
-Tú obispo de Mira, siervo bueno y fiel tendrás dos fiestas al año pero a Casiano por negación de ayuda te condeno a que tu fiesta no la celebren los cristianos más que el 29 de febrero, es decir: los bisiestos junto con santa Emma y san Dositeo. Seréis emblema de mala suerte.
Efectivamente el jorobado de Fuensaldaña iba por la nava que perdía el culo y allí encontró a la cuadrilla de brujas debajo del puente cantando la canción de siempre:
-Lunes y martes, miércoles, tres, jueves y viernes, sábado seis.
-Y domingo siete- gritó Casiano
-Eh- dijo sorprendida la madre abadesa de aquel convento del maleficio- ¿Y a usted quien le ha dado la vela en este entierro?
-Yo que lo sé. Es lo que me han dicho.
-Pues ahora la chepa del otro ponérsela a ese.
Hete aquí que mi amigo volvió cariacontecido a Fuensaldaña. Y con dos jorobas hecho un cheposo doble. Reunidos en la taberna, quería matarme. Pues sacó una poderosa de muelle.  Y no hay argumentos contra la de Albacete. Traté de hacerle comprender que el remedio había fallado por ser año bisiesto.
-Mira, nin. Es que este año de 2012 es bisiesto y trae la cigua.
-Que cigua ni que leches. Tú que te reíste de mí.
Hube de salir de naja del chigre aquel porque Casiano no se avenía a razones ni a otros comedimientos. Y los de Fuensaldaña también querían ajustarme cuentas como me pasó en Aldehorno por las fiestas de San Pichaque que no es otro que el Bautista al que en otras partes conocen por el Degollao. Allí también tienen muy mala leche.
Mucho que lo sentí. No paré de andar hasta llegar a la raya de Asturias que es tierra de brujas y de grandes supersticiones, mítica región donde moran las divinidades prelatinas y del mudo romano y pero donde vive harto buena gente.
 Vuelvo camino  de mis manes lemures y penates. Aguarda la casona donde en otros tiempos había un dios para cada necesidad. Para proteger a los infantes, para que se suelten la lengua y echen a andar para que no se empapice el nene, para que no arda la casa y para que no nos venga el mal de ojo y la burra para con bien. Cuando un astur hace la higa  doblando el puño y enseñando el pulgar entre los dedos índice y corazón es que se siente acorralado por espíritus maléficos. Ahora en mucha casas he visto colocado un búho sobre la encimera del aparato de la televisión. Si antes los diaños entraban en los hogares por la chimenea, ahora el mal del desasosiego del horror y del crimen penetra a través de estas ondas maléficas que siembran el pesar, la malquerencia y la desavenencia en las casas. Es la fuerza de los rayos catódicos. Inapelables. Convincentes. Lo dijo la tele, dogma de fe.  Si antes se decía que no hay campana sin bruja ahora habrá que pensar que las brujas moran en la caja tonta y algunas son hermosísimas chavalas, diaconisas del terror que recitan sus congojas en forma de letanía como si tal cosa, profetisas de la crisis y de la mierda que nos envuelve. Garlan como gárgolas y escupen fiemo. Todo es un subir y bajar, un eterno blablabla. Profesas de la mentira, se embadurnan el cuerpo de pez y de vinagre al modo de hechiceras y echan a volar. Sólo les faltan las escobas. Que el diablo reina por el aire es un concepto que se espiga en la lectura de los textos de los santos padres. Arredro vayas, Satanás.
En Arbás del Puerto me lavé en el caño frente a la iglesia y mi espalda seguía tiesa, crucé el redolín derecho como un huso y encomendándome a todos los santos y a la Virgen de los Milagros que allí se venera enfile la bajada del puerto. Me crucé con unos vaqueros que me preguntaron por qué iba tan alegre y yo le conté el caso de mi fortuna.
-Voy a San Salvador a dar gracias por una promesa. Echai un traguillo
Y les di de beber de una bota de buen vino que llevaba en el zurrón. Me miraron sorprendidos como si yo fuese un trasgo o una aparición.
-No, no soy aparecido ni  fantasma. Como y bebo. Y las ánimas ni comen ni beben.
-Llevo conmigo la piedra de San Pedro también denominada rejalgar, la piedra del lagarto y la llecherina, una piedra cónica que se suele enrollar al pescuezo de las vacas para que den leche.
-Tened.
 Los dos vaqueros un poco a regañadientes aceptaron el regalo y uno me dijo que a una res de su vacada se la habían secado las ubres.
-Pues poséelo y ya me dirás.
-No estarás tú agueyau- dijo el rústico.
-Que bah. Yo quito los males del mundo con mi talismán.
Se hizo de noche y creo que cerca de Campomanes donde hay un bosque de acebos y de carbayos vi a la estantigua de la santa Compaña. No me asusté un punto cuando una de aquellas almas en pena repitió la oración del Justo Juez al tiempo que decía:
-Andai de día que la noche es mía.
Tendí mi manta bajo un hórreo deshabitado y me puse a rezar mis preces. Así que dormí placido y amaneció un nuevo día glorioso y yo me sentía un hombre nuevo con ganas de  echar a andar  como para inaugurar el mundo. Si es por la cabeza santa Teresa y si es por detrás san Blas. Andad de día que la noche es mía. Bah. Ningún miedo me dan los difuntos. Más temo a los vivos. Sobre todo a las vivas. Esas sí que tienen peligro. Dios te hizo, dios te crió. Salten los ojos de quien te embrujó. Me sé muchas fórmulas contra el aojamiento. Algunas en gallego:
Cucurucú
As nenas d´Alemeida
Calentaroneme el cul
Quiriquí
Traerlas aquí
Caracá llevailas pa allá.
Soplín soplín
Vete diablín
Soplón soplón
Vete diablón
Al diaño de la televisión
Curo el mal de madre, el percebín o erisipela, alferecía y la gota coral con leche de burra y cagadas del gato negro y la artritis con emplastos de piel de conejo y la rabia con este conxuro: “Nuestra Señora por el camino venía. Tres libros de oro en la mano traía. Uno que leía otro que escribía y otro del mal de la rabia decía: fuentes claras a correr, campos verdes a pacer que de la rabia no has de morrer”. Y a los que andan por los caminos pa que no les mate el pedrisco les rezo la oración de san Bartolo: san Bartolomé se levantó cuando el gallo cantó. Con Jesucristo se encontró. ¿Dónde vas, Bartolomé? Señor con vos iré. No conmigo no. Mas, te daré tal don allí donde se te invocare no morirá mujer de parto, ni pastorcito en su cabaña que mal rayo le parta”

lunes, 27 de febrero de 2012

continuará

VICENTE ESPINEL

jueves, 29 de agosto de 2013

LOS ÁRABES Y LOS JUDÍOS SON PUEBLOS HUERFANOS. CONSIDERAN UNA MALDICIÓN LA VIRGINIDAD Y NO CREEN EN NUESTRA SEÑORA. SON DOS POSTURAS IRRECONCILIABLES ENTRE EL ANTIGUO Y EL NUEVO TESTAMENTO Y EL ALCORÁN
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NUESTRA SEÑORA ASUNTA QUE SE VENERA EN LA IGLESIA DE SANTO DOMINGO DE AREVALO

FIESTAS DE LA DORMICIÓN. HERMOSO Y PELIGROSO AGOSTO
Luz de domingo, sol de los senderos, ando camino de la batalla donde muchos pobres soldados deben de yacer enterrados bajo la arena ardiente de la blanca trocha. Madre, acógelos en tu seno a los jóvenes que murieron en Brunete.
Hay jaramagos y espartales a un lado y en lo alto la torre de un vetusto castillo sólido y robusto cual era la fe de España.
El cuerpo me pide canto como la tierra pide lluvia contemplo horizontes de sierras azuladas sin nieve en los picachos, transparencia hialina de estos cielos purísimos, esta claridad vivificante, que me transportan a las fiestas de Nuestra Señora en la infancia cuando ayudaba, tal día como hoy de hace muchos años, a misa mayor en la catedral y llevaba recogida en un pliegue la capa del señor deán.
Ay don Fernando Revuelta qué bien te recuerdo mientras entono por el camino el viejo himno alma redentoris mater que per via coeli porta manes stella maris sucurre cadenti surgere qui cura populo. Son estrofas emocionantes de estos versos medievales a la Virgen asunta. Alma no quiere decir alma.
Es una palabra hebrea almah (virgen) en la que yacen los grandes misterios de la teología marial un intrincado laberinto que hay que contemplar no con los ojos de la carne sino con los de la fe y del corazón porque el entendimiento no los capta. Un dogma semejante al trinitario al que va unido el de la concepción purísima, la redención, la fuente de la gracia. María corredentora.
El mes de agosto cuando ya está la mies en la troje y se quedan los aleros de los tejados sin golondrinas es tan hermoso porque en España siempre fue el me de la Virgen. A través de ella adoramos a Dios. Es lo que diferencia a los cristianos de los judíos. Para ellos la virginidad y la esterilidad viene a ser un castigo divino. Los protestantes son unos cristianos huérfanos o al menos a mí me parece. ¡Cuántas veces visitando las maravillosas catedrales inglesas me sobrecogió es frialdad de sus altares. No hay vírgenes ni santos.
Y ese cristianismo a palo seco siempre me pareció adusto. El culto de hiperdulía vino de Oriente como la luz y la cruz.
Allí los ortodoxos celebran con procesiones de rosas, de manzanas y de flores la dormición y su transporte al cielo entre las alas de los ángeles. En España arraigó y tiene la misma procedencia oriental.
En Arévalo en la iglesia de santo domingo puede apreciarse un hermoso lienzo de una doncella tendida en un lecho de flores.
Con esto no se honra a la muerte, se celebra a la vida. María madre del mundo y de los hombros elegida por el Altísimo para portar en su seno al Criador de la Vida. María madre de la iglesia, a quien invocamos en las tribulaciones y las necesidades. bendita luz de agosto. Bendita paz del sendero.
Es todo un signo el que a lo largo de más de veinte siglos las potencias del mal no hayan podido borrar la imagen de la Virgen del fervor popular. Es la Madre de Dios. Teotokos.
Su veneración ya digo tuvo que ver con los bandos teológicos en Constantinopla cuando el obispo Nestorio se alzó contra la creencia aceptada por la tradición de que no sólo era María madre del Cristo hombre sino también del Cristo dios.
Nestorio, que fue un obispo seguidos de Arrio, sólo aceptaba la maternidad humana y eso dio lugar a la herejía pero sirvió al mismo tiempo para irradiar la fe a toda la Ecúmene.
Los primeros godos eran arrianos y en sus templos dignificaban al Cristo hombre.
Eran pueblos barbaros pero gracias a ellos el cristianismo se propagó desde Georgia por toda Europa. Es un misterio y un milagro esta intercesión.
La virginidad era algo pagano inconcebible para los semitas. Los romanos guardaban y veneraban a sus vestales y ofrecían sacrificio con los frutos de la tierra a la Magna Mater, a Cibeles, la madre que surgió de la espuma y se convirtió en pan, uvas, higos verdes, pámpanos y de todo lo bueno que da la tierra.
Madre de Dios, madre de la humanidad, Virgen purísima, que se mantuvo a la violencia del sexo, al dolor de la ausencia, los partos, las miserias y enfermedades a los que estamos abocados los mortales.
Voy por el camino cantando el himno y pensando que el estado mejor es el de la continencia. Claro que lo digo ahora que soy viejo.
Cuando era mozo las tentaciones me tumbaban en la búsqueda de ese ideal que no encontré en las mujeres que se me cruzaron por la vida. Pero ya me estoy metiendo en honduras; mejor será leer a Berceo y recordar la cuaderna vía del pobre monje que no encontraba su convento y daba tumbos por los senderos de tanto recorrer tabernas. La Virgen lo socorrió.
Mira la estrella, llama a María. Ya es anochecido. Un manto de estrellas se asoma al jardín. Bien valdrá un vaso de buen vino. Las luces se han apagado y en el cielo los ángeles ya cantan vísperas en este hermoso día de Nuestra Señora. Me meto entre pecho y espalda un vino de tres orejas y le doy gracias a Dios que me perdonó a mi pecador que un día quise imitar, con grandes peligros para mi salvación, al Santo Bebedor.
Honré, al fin y al cabo a santa Nefixa por culpa de ese Baco traidor. Santa María como al pobre fraile de Berceo vino en auxilio de mí, pecador. Beso al jarro que es sangre de Cristo y el que no me entienda  en las desdichas de mi corazón peor para él
viernes, 30 de agosto de 2013

 

lunes, 19 de agosto de 2013

LA LUGAREJA DE AREVALO ¡QUÉ MARAVILLA!

LA ERMITA DE LA LUGAREJA EN AREVALO SE PARECE A UNA CATEDRAL RUSA

LA LUGAREJA DE AREVALO

 Existe un parecido extraordinario entre estos dos templos el uno está en Georgia y el otro es la famosa ermita de La Lugareja en Arévalo que no era una ermita sino una verdadera catedral arriana del tiempo de los visigodos y que fue reconstruida en ladrillo visto, según los patrones del arte mudéjar.
Se trata de edificios exentos con varias cúpulas, un campanil y varios ábsides cuya esbeltez invita al recogimiento.
El edificio arevalense actualmente abandonado al culto y propiedad privada no la pude visitar las dos veces que anduve por la Capital de las Morañas por su parecido con las catedrales rusas o sabor refuerza la tesis que el cristianismo en España vino por Levante siguiendo un poco la primitiva ruta jacobea que desembarca en Cartagena y se extiende hacia la región mesoriental y la norteña hasta alcanzar Galicia.
Este es el camino del arte románico como incipiente fórmula del arte sacro. La Lugareja es una de esas catedrales sorprendentes de origen misterioso que uno encuentra en su deambular por las dos Castillas, erguidas como castillos de devoción sobre una loma, donde se cantó el evangelio, se llevó a cabo el oficio divino largo, acompasado, suculento del rito mozárabe, mayormente cantado porque hay que tener en cuenta que la liturgia bizantina es una representación oral de los misterios de la Redención que no tienen por qué ser comprendidos, sólo ser creídos.
 En definitiva este templo para mí es toda una belleza dando gloria a Dios entre las aranzadas que cercan al Adaja. Sus muros son el testimonio de la fe de un pueblo viejo, orgulloso de ser campeón de la cruz en su larga lid con la media luna.

 

 




AYER MEOME UN BURRO Y HOY ME AHOGO. DEDICADO A micer Mas el que es menos y siempre pide más, un judío iluminado que pide la independencia, pero Cataluña sin España será una mierda. La minoría del CIU y todos sus convergentes debieran leer a Quevedo y Gongora o a mosén Cinto, pero son unos ignorantes llenos de violencia verbal por ahora, que de las palabras siempore en este país se pasa a los argumentos de la "poderosa" de Albacete. Lean por favor los exaltados, a ver si se les pasa la neura. Están locos

quieren hacer al Manzanares Navegable... ayer meome un burro y hoy me ahogo, parodia de la sequía



este blog defiende la unidad de España y a su cultura
EL MANZANARES EN QUEVEDO Y GÓNGORA


El arte de Quevedo es el luquete de naranja/limón que ponemos al vino para quitarle el acíbar y despojar a la vida de todos esos posos de amargura que la circunda, aunque, bien es cierto, los que seguimos a Xto hemos de beber el cáliz hasta las heces como lo bebió don Francisco tres veces desterrado, dos a punto de morir, una en la emboscada que le tendieron los venecianos, y se libraría por pies, por hablar el italiano sin acento ninguno, como un toscano, y la segunda en un lance amoroso en que acabó con tres de sus oponentes, que, en sacando la de Toledo, no había espadachín que le pusiera un pie delante y eso que era zambo, por lo que Góngora se mofa de sus cacorros, hacia adentro y desmangallados, así como de su presbicia (tenía los ojos malos y era cegato aunque su vista de lince fuera tan aguda como su daga). Dos veces lo desterraron de la Corte a sus predios de la Mancha y en una ocasión lo llevaron a presidio cinco años a León, en una fría mazmorra del convento de una orden militar(1) llena de humedades, lo que aceleraría su muerte.
Como buen español(1), fue victima de la malsana yedra, que con harta frecuencia crece al sur de los Pirineos como el mal francés que del otro lado viene y que aquí se convierte en morbo visigótico, que llevó a Fray Luis, a Jovellanos, a Cervantes a la cárcel y a otros tantos al destierro. Dicen que la saña constituyen el vicio y el deporte nacional. Por eso se ensalza aquí, hasta los cumbrales, a la medianías. Para triunfar en este país hay que ser del montón o tener buen parecer. ¡Ah! Las apariencias españolas. Aquí los mediocres nunca hicieron daño, mientras al que despunta en algo se le corta la cabeza.
Y un consejo- vademécum para andar por las españas: ser siempre del montón. Como Quevedo era egregio y aventajaba a todos en estatura literaria y en calidad humana, fruto de su vividura, pues fueron a por él. Tengo para mí que el mejor libro, la mejor novela, y única en su género, es el Buscón, todo un tour de force estilístico y de solercia en el manejo del idioma castellano, del que su autor conocía todos sus recursos secretos. Que maneja como si fuera mago del idioma. Y esta esgrima verbal le hace fulgurante en el estilo y en sus estocadas, certero.
Escritor, todo meollo, o carne sin hueso, nunca cáscara [hoy no lo entenderían] nada de hablar por hablar. El fondo se adecua a la forma en una perfecta hipostasis del mensaje. Y esto es el desiderátum de la perfección. El no va más Mujeres y gallinas, vecinas, todas ponemos. Unas, cuernos; otras, huevos. ¿Se podrá contar mejor una historia sobre la condición femenina en este ras con ras, en este par de lineas, dos auténticos tijeretazos de versos? No. Los libros y los versos de este prócer, desde sus tratados teológicos hasta las letrillas jocosas como Erase un hombre a una nariz pegado en que pone en berlina a Góngora y con él a todos los sayones y escribas de nuestra España, tan voluble, tan tornadiza, turiferarios de Caín, no son para paladares delicados. Hay en ellos mucho cuajo, por lo que su literatura nunca será apta para cuáqueros miramelindos. Es Quevedo la antítesis de la cursilada a lo Julián Marías. Por eso le salieron enemigos a mansalva y aún lo queman en efigie los hijos de los hijos de los nietos de aquel linaje de narigudos ridículos, cornudos, o simplemente malvados que él tanto festejara.
Aún lo tienen por peligroso y lo queman en efigie a la chita callando pero él sigue siendo el coloso del parnaso de las letras castellanas. Parece que me mira don Francisco desde la calcomanía con que honro su memoria en mi despacho y se sonríe con sorna. Saca pecho, enseña sus guedejas cansadas de tanto afán dejandolas colgar en desaliño de estudioso sobre el pescuezo y oculta el pie equino, de nacimiento, lo que, aún renqueante, no le impidió cabalgar y ser el mejor espadachín de la corche y no esos matasiete que pinta de cartón piedra e imitación Pérez Reverte en sus novelas de época. En el callejón de la rinconada de la iglesia de san Martín, justo donde está la calle de La Ballesta, un jueves santo, a la salida de los Oficios, tiró de espada y dejó muertos a tres contrincantes que le cerraron el paso. Todo un maestro de esgrima y no los de las novelas por entrega de Reverte.
¿Causa del riepto? Uno de los caballeros abofeteó en el atrio del templo, a la vista de todos, a una dama. En guardia. A la salida nos vemos. Pues vale. Pero de uno en uno, caballeros. El maestro de esgrima no era un matasiete o uno de esos jaques que lampaban por la corte, galanes de monjas, cortejadores a la hora de misa y el triduo, única ocasión en que aparecían en público las señoras como dios manda. Las que iban al prado en coche tenían mala reputación. Dentro de las carrozas con las cortinillas bajadas recibían a sus amantes. Podía pasar de todo. A veces los bastidores se meneaban con un ritmo sospechoso, el tiro parado y tieso el tentemozo, dormitando el cochero ciego de vino y sin menearse silenciosos con el saco de granzas al morro los caballos ruanos de los caballeros o las mulas episcopales pues también tenían por costumbre de bajar al Prado los eclesiásticos en desguisa.
Este era Quevedo. El caballero de las espuelas de oro como le llama casona. ¿Misógino? Ni por pienso. A su pluma debemos el mejor soneto en castellano y en él canta a la mujer. Y su lamento de letra herido y de amante despachado aun esparce el eco que han conseguido quebrar la vara de la muerte:
"Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevase el blanco día
y podrá desatar el alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera
mas no desta parte en la ribera
dejará la memoria donde ardía
nadar sobre mi llama el agua fría
Y perder el respeto a la ley severa;
Alma a quien todos sus días pasión ha sido;
Venas que humor a tanto fuego han dado;
Médulas que han gloriosamente ardido;
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido
polvo serán, mas polvo enamorado"
Se refería a Lisi. De quien fuera Lisi poco sabemos. Sólo que el poeta la inmortalizó en estos pensamientos. La vida real fue mucho más cruel con él. Los grandes hombres acaban contrayendo matrimonio con la que menos les conviene y su bodorrio de mozo viejo con una tal Felipa acabó en desastre. Pero ahí queda como pecio de aquel desastre conyugal aquella antífrasis: "mujeres y gallinas, vecinas, todas ponemos".
¿Don Francisco putañero? No sé pero conocía el mundo por de dentro y de ese mundo parte fundamental es el bello sexo. Habría que colegir al trasluz de sus escritos que ese conocimiento íntimo de la condición femenina no la ganó en los libros o en los confesionarios como Tirso, que era fraile, sino "viva voce" alternando en las tabernas(2) y abriendo la puerta llana de las mancebías. Su concepto de la existencia era demasiado grave para tomarse en serio a las mujeres. De ahí sus exclamaciones utópicas sobre el amor, el olvido y la muerte. Polvo y ceniza en definitiva pero polvo enamorado. "En tus ojos, Lisi, vi el oriente en hermosura duplicado", etc. cruzaba el deán el portillo y venían detrás un par de diosas. Amor divino y amor profano que lo uno no quita para lo otro.
A lo que se ve debió de ser visitador frecuente de los puticlubs de entonces que se llamaban cuexcas(3). Había una en Madrid, la Casa del Tocame Roque y otra en Alcalá que dio pie al dicho de "A alcalá, putas, que llega San Lucas"(4).
Es posible que la tal Lisi por la cual bebe los vientos el poeta fuera una de aquellas mozas de partido tan abundantes en Madrid, a lo mejor una de aquellas irlandesas tan mal vestidas y hablando con acento de Coca por su afición a empinar el codo, "tan mal vestidas y tan bien hechas" de cuya arribada da cuenta en alguna de sus cartas. Así que Alcalá, putas, que viene san Lucas y mujeres y gallinas todas ponemos. Ojos ponéis de vendimiar agüela, frase con la que alude a las alcahuetas. "Cuando te abracen, advierte, que segadores semejan, con una mano te abrazan, con otra te desjarretan... con un cuarto de turrón y con agua y con grajea goza un Píramo, barata, cualquier Tisbe gallega... corita(5) en cogote, gallega en ancas, ran mujer de pullas para los que pasan" está describiendo a las ventaneras, costumbre que tenía un nombre legal: solicitación... al trato torpe.
So capa del desenfado burlesco, Quevedo es de una profundidad aterradora. Toda su poesía recuerda un cuadro del Bosco por las descripciones que hace de la corrupción y relajo de costumbres del Madrid del primer cuarto del siglo XVII.
La rechifla con que describe el Manzanares es deliciosa: "Tieneme del sol la llama tan chupado y tan sorbido que en mi se mueren de sed las ranas y los mosquitos". Y es facistol de chicharras en la solfa de lo frito el aprendiz de río que lleva penosa vida condenada de charquillos, merendero de tusonas y de mirones que bajaban a ver las ninfas desnudarse en el arroyo estantío... muy hético de corriente, muy angosto y muy roído, con dos charcos con muletas... acostado en un puchero el cuerpo y el sueño a gatas", etc.
En las numerosas aceñas que debía contar a la sazón la raquítica ribera del Manzanares observa el paso del tiempo, otra de las preocupaciones de Quevedo: "azudes de la noria de la vida son las horas; ayer ya no es, no existe mañana y hoy es un punto fugitivo... soy un fue y un será y un es cansado..".
Pero hay otro detalle, aparte del panorama jocoso que traza sobre el Manzanares, en lo social y costumbrista con sus lavanderas a las que algún beneficiado baja a ver las nalgas mientras recuden los pañales del niño, con sus trémulas pausas y los mastines de Sodoma que hacen acto de aparición de atardecida, los azacanes o aguadoras, las damas de toldo y arandela o meretrices, los mendigos que acuden a despiojarse, los niños que van a bañarse en las pozas o a jugar al marro, y es la información meteorológica que facilita. Como colofón de lo dicho, el Manzanares, a falta en Madrid de una plaza del Potro cordobés, del Arenal de Sevilla, el Perchel malagueño, el Zocodover de Toledo, el Arrabal arevalense o el Azoguejo de Segovia, punto de encuentro de perailes, pícaros, rameras y gente del bronce, hace las veces de "locus communis", paradero del que va y viene. Garcilaso que debía de ser tan inocente como buena persona y mejor poeta ve al Manzanares lleno de cisnes, ninfas y nereidas, utilizando un tropo muy común entre los poetas del Renacimiento en su afición a la mitología. Era mucho pedir. La ribera del Manzanares estaba poblada de ninfas pero de otras especie diferente a las que describe Garcilaso. Góngora y Quevedo en su sorna son más realistas al tiempo que nos proporcionan valiosa información sobre el referido "locus amoenus" que no era tan ameno como para mirarlo con ojos idealistas sino realistas.
Por tales trazas el siglo XVII debió de ser seco. Se había producido un cambio climático en toda Europa. El clima que era lluvioso y bonancible en las centurias precedentes debió de acusar los efectos de una glaciación. En 1666 a causa de esta sequía acontece el gran fuego que arrasa Londres y la plaza mayor en 1634 también se quemó quedando sólo la Casa de la Panadería.
Esta sequía trajo consigo aparejada la hambruna. Mientras, los literatos se toman la cuestión a pitorreo. Eso y empezar las jácaras todo fue uno. Fue tan capona la primavera que no pudo abrir. No hay agua pero no falta el vino. Se alude a los moscos irlandeses cuya borrachez se hace manifiesta en las calles de Madrid o a los moscos tudescos que ingerían una cantara de un golpe en las bayucas aledañas a las escaleras de San Felipe. España se desentiende, se despreocupa. Toros y cañas y autos sacramentales para olvidarse de los desastres de Flandes o los naufragios de la Flota de la Carrera de Indias. Los piratas ingleses estaban siempre al acecho. Ande yo caliente ríase la gente. Aquí cada uno va a lo suyo y eso le saca de las casillas a Quevedo. Empieza una refriega, una lucha entre dos colosos. Los dos tenían un conocimiento eximio de los idiotismos del idioma y no se les iba lo que se dice la fuerza por la boca
Góngora a la vista de la escualidez del "Támesis de los Madriles" y del escuchimizado hilo de agua que vertía en aquellos tórridos veranos exclama: ayer meome un burro y hoy me ahogo. Y se cachondea con la misma insolencia de sus puentes. "Mucho puente para tan poco río" dice del de Toledo, y del de Segovia, "señora puente castellana cuyos ojos están llorando arena" y en otro verso de su letrilla hace referencia a que "los orines de las mulas den salud al río". De lo objetivo se pasa a lo subjetivo y el río de una ciudad va a ser el pretexto para una recia enemistad entre don Francisco y don Luis. La reyerta literaria hará las delicias de los amantes de las bellas letras porque en ella predomina el insulto. Sí pero hay que saber insultar. Además, la sangre nunca llega al río. Y en este donoso cruce de invectivas Góngora llama a Quevedo Anacreonte, melifluo y zambo y putero. Cegato y pelotillero. Quevedo se despacha motejandole de tahúr, mal sacerdote, judío y narigudo. Los dos poetas mayores de nuestro siglo de oro se ponen de vuelta y guerra o a caer de un burro. Lo de ayer meome un burro debió de ser ficción de Góngora pensando en su rival




MEOME AYER UN BURRO


Y hoy me ahogo en aguaduchos de orines. Poco más o menos Góngora y el ínclito Quevedo se mofan a porfía del río de Madrid que no es el Eúfrates ni el Tigris. Más bien un cagadero. Tuvo por afluente el Arroyo Abroñigal que es un río meadero, todo boñigas. Allá donde la villa y corte exonera su vientre, lava sus culpas y antiguamente había verbenas. Por la de San Marquillos el Verde y luego la de San Antonio que es la primera que dios envía. Bajaban allí las ninfas disfrazadas de chulapas, a hacer de cuerpo y viejos verdes tonsurados arrastrando la loba y el manteo al salir del coro las espiaban desde las peñas con un catalejo que el locus amoenus siempre tuvo mirones para el amor de alquiler. Darse un lote de vista y llevarse las manos a la cabeza con un adonde vamos a parar y cómo están los tiempos no estaba mal visto.
El propio autor de Los sueños murmura del rumbo aciago que cobraban sus tiempos. A juzgar por estos versos todo sigue igual en el hombre. Nada cambia:
Todo se ha trocado ya. Todo del revés se ha vuelto.
Las mujeres son soldados y los hombres doncellas.
La obsesión que manifiesta Quevedo por los putos entre los que incluye a Góngora también había gente saliendo del armario en nuestro Siglo de Oro
Por Cuaresma, combates nabales que nabos y cohombros los daba excelente su ribera, lo mismo que cebollas y orondos tomates de un rojo casi lujurioso. ¿Rábanos? Los de su ribera, los mejores. Aunque siempre picaron un poquito. En la costanilla del Ava Pies y el postigo del Avemaría había sinagogas y muchos rabinos. Con el edicto de expulsión muchos de ellos se metieron a frailes y colgaban morcillas y botillos a la puerta de sus conventos por bien parecer. Madrid no es lo que parece. Aquí el personal siempre vivió hacia adentro. Un lastre que arrastramos de nuestros antepasados los judíos. También, se cursa estudios por ser más. Y por mejor parecer. El parecer es el súmmum bonum de los hidalgos de gotera, la honra, el buen criterio. Hasta, sin haberse desayunado muchos días, como nos refiere el Lazarillo se echaban migajas en la barba para anunciar que habían comido. Por ahí vienen los calvos. Observa Quevedo que hay calvas de muchos tipos: sacerdotales, jerónimas, y calvos calvísimos, aprendices de calvo y aquellos que no saben portar su calvicie con dignidad, a lo Anasagastegui, que la por entonces se hacían el recorrido. "Hay calvo que re rebuja para tapar el melón y aparece hecho un basilisco". Aquí estamos yendo y viniendo del "no te jode a nos ha jodido". Vivimos un sinvivir de la política entre el tupé de Sagasta y el recorrido de Anasagastegui, áspero tribuno de la plebe vasca, que, por no saber, no sabe llevar su calva con dignidad.
Luego llegan los sastres. ¿Sastres vienen? Pues al infierno. El ángulo de visión de Quevedo, el de un verdadero buzo de las clases sociales en el maremágnum de gentes con los que le tocó convivir. Odiaba a las viejas, pues no en vano tuvo fama de misógino. A los sastres. A los médicos y a los sacamuelas.
. Ay sí. El Manzanarillos debe de tener la sangre municipal y espesa y por eso y por la mierda que corría en los remansos pasada la Virgen de Atocha se criaban tan buenos tomates, lechugas y pimientos. La villa y corte era un pueblo desde 1606 en que obtuvo el título de capitalidad por orden del tercero de los Felipes. Góngora fue nombrado capellán regio y puede que la ojeriza con Francisco de Quevedo, aspirante al oficio de cortesano y que tuvo vara alta en la ante corte la del valido el Duque de Lerma se debiera a ser los dos contrincantes para un mismo empleo..
Además dice el refrán que quien es tu enemigo el de tu oficio. Aparte de gananciosos de la sopa boba y anhelando un beneficio, una sinecura, una prestamera, los dos eran grandísimos poetas. Los mejores que hubiera jamás en esta lengua. Las rivalidades a muerte se originan precisamente en esos concursos oposición en que los españoles se queman las pestañas memorizando textos que no les servirán para nada sino para colgar un título en la pared y pasarselo a los demás cerrar el pico, aparentar más, ¿veis?
Yo estudio, yo soy algo, más que tú, el origen está en el puñeteros morbo visigótico y buscarse un carguete de por vida a costa de la iglesia que fue la primera que abrió el torno o lotería de las oposiciones a canonjía, luego vendrían las de notarías, que esas sí que son peliagudas o las del ingreso en el Cuerpo Jurídico del Estado o en la Cuerpa mismamente. Luego a tumbarse a la bartola.
Manía del español que quiere vivir sin pegar golpe. Góngora ganó un beneficio en la catedral de Córdoba pero no pisaba la catedral, no iba nunca al coro y tuvo que tener que pagar, como consta en los archivos, multa de muchos maravedís por su inasistencia pero ay amigo obtuvo aquel beneficio a fuerza de codos y estuvo una hora de reloj, en lo que caía la arena por la clepsidra, recitando una tesis de la Summa de Santo Tomás. Tenía un título. Hoy mucho más rentable que aprobar oposiciones es meterse a político y entonar la coplilla gongorina sobre la meada del burro que provoca inundaciones por Madrid.
De nada sirve que fuera si no un mal sacerdote al menos muy negligente -apenas se le conoce haber abordado el tema religioso en su obra- y de origen converso al que asustaba comer jalufo. Pero había ganado las oposiciones. Ayer meome un burro y hoy me ahogo. Agua va. Cuando las dueñas se ponían a arrojar los pericos o servicios de aguas mayores. Góngora se fumaba el Oficio divino y se quedaba en alguna timba o se iba por las rinconadas de la vera del Guadalquivir a la búsqueda de algún efebo.
Sacerdote sin vocación y cura de misa y olla. Por la mañana cátedra de Prima y por las tardes, de sobrina. Ahí nos las den todas. Se da la buena vida y busca, villano en su rincón, una misericordia segura en la que sentar sus posaderos y tener ración por oposición que es para lo que empollaban latín los españoles de entonces y los de ahora se atiborran de temas. Aspiran a un buen pasar, eso que se llamaba antes la vita bona del Beatus ille. Echa la galga, amigo. Tumbémonos a la bartola. Pasan los clérigos con el bonete de tres puntas, las mulas hacaneas con un paxio o artolas cargada de libros camino de Alcalá terciado el manteo y la loba cuajada de cazcarrias y de barro de los charcos del camino. Suben la cuesta los arrieros. Huele a ajo y a vino y a trasudores de Castilla cuando va de el personal trajinante y detrás llegan los ministriles. Un domine con antiparras acaba de pasar camino de su casa a pupilo. Va a dar "lición" a sus gramáticos. Les enseñará algo de gramática parda.
Un morisco cargado de un banasto con hortalizas. Una vieja marivina a la que hiede el aliento podrido del mosto, la cebolla y las caries. Y sigue la comitiva con ministriles, algún jaque arreando un macho burreño de gran alzada y ahí están las lavanderas cantando las coplas del momento mientras restriegan la colada que reúne las bragas de una marquesa y los calzoncillos con palominos de un obispo. Y no podían faltar en esta escena los azacanes cargados de cantaros de agua de nieve. Delante de las damas de toldo y arandela, "cisnes del placer, y fenices del gusto". Abigarrado retablo de tipos y de costumbres. A cada profesión le corresponde un vicio.
Un niño llora y un viejo con su lazarillo canta la oración del Justo Juez. Las capas negras de los letrados se confunden con las capas pardas de los mercachifles y labradores, las tocas blancas de las dueñas hacen contrapunto con los velos negros de las viudas. Cantan los cubos de los carros a los que no se permitía pasar por la puente y han de vadear por el albero salpicando los charcos o hundiendose en el légamo. Estallan en el aire las trallas. Se escuchan algunos juramentos. Algunos carruajes hacen molino y los carreteros se quejaron toda la vida del pontazgo de la Puente Castellana.
Los borrachos de Velázquez se han reunido en un corrillo y coronan a Baco desnudo con una corona de laurel y lo cubren con un manto purpura como el que cubrió las desnudeces de Noé. Uno de ellos que debe de ser fraile huido del convento les sermonea en latines. Nadie le hace caso. Mucho puente para tan poco río sí pero con mucha humanidad viva que se mueve por abajo y por arriba. Señora doña puente Castellana, tus ojos están llorando arena.
La literatura estando más allá de la imagen que en encandila y decipit (decepciona), según los escolásticos, es vividura y transcendente. La imago es una noción ficticia de lo intrascendente. La imagen destruye y deslumbra pero la palabra o el concepto construye e ilumina. El arte de la palabra va mucho más allá de la cinemática y el cine es cínico pues poseen el mismo étimo griego; "kinos" designa al movimiento pero también al perro.
Quevedo y Góngora que son a la vez culteranos y conceptistas nos llevan por las altas sendas de la imaginación. Nunca frisó nuestro idioma tan alto como en estos dos vates, tan diferentes y tan parecidos. Esta trifulca sobre el río de Madrid en el que coinciden descriptivamente pero que luego van a desenvainar, por rigurosidades e inquinas personas que no hacen al caso, las plumas, convertidas en lanzas. ¡Y qué lanzas, madre mía! Al ver lo que escriben el uno del otro los ahora políticamente correctos, escritorzuelos de toma chicha y nabo, se llevan las manos a la cabeza y gritan:
-Insulto. Insulto.
Pero hay que saber insultar, señores míos, y hacerlo con cierto salero. No ese desmantelamiento que les es propio a los anti-castizos.
La literatura, insistimos, es vividura. Y vividura profética. Por eso mismo cuando nos encontramos en un libro donosamente escritos nos asalta la impresión de haber estado en aquel sitio, en aquella casa o a la vera de aquel río que nos pinta el autor. Uno ha subido y bajado unas cuantas veces por el Puente de Toledo y está familiarizado con el genus loci y los manes madrileños.
Nos han sucedido aventuras. Vimos no a las ninfas y nereidas pero sí bastante ninfas del cantón que en el Cerro la Plata cobraban a duro el "polvo". Niños y militares sin graduación algo menos y una paja tres pesetas. Algunos fuimos iniciados en el amor a tan módico precio por la Josefa una sacerdotisa de Venus al aire libre, que venía de Valencia, culona, de amplias tetas, tenía un poco de bigote pero compensaba. Cela dixit.
Hemos visto desfilar a los pastores de la mesta. A los jaques sacamantecas con la "poderosa" entre la faja, y a los mismos borrachos de Velázquez dar tumbos por las bayucas aledañas a la catedral de san Isidro que ya estaban abiertas hace cuatro siglos. Nos hemos puesto la coroza de los penitentes que salían en Viernes Santo detrás de un paso al lado de las vestidas de dolorosas luciendo cuerpo y jeme.. Tan chulas y presumidas ellas. La religión aquí estuvo íntimamente relacionada con el sexo.
Acompañar al Santo Entierro era un pretexto para lucir su cuerpo serrano. Debían de ser las mismas damas que acompañaban a Felipe IV tan salaz como piadosísimo a los triduos y oficios de las Cuarenta Horas que organizaban los jesuitas. Nuestro catolicismos es áspero, algo tristón y pasionista. Ya lo decía don Francisco: "Católica y cruel Majestad".
Hemos padecido y gozado de situaciones similares a las de Quevedo o a las de Góngora. Los genios en sus escritos nos invitan a hacer un viaje hacia el futuro. Ay Madrid que te quedas sin gente, la ciudad por la que ha discurrido gran parte de nuestro vivir. Universidad de picaresca y de misticismo. Aquí la luz tutela y es tan ardiente que acaba destruyendo. Madrid me mata a mí. Madrid te mata a ti. Por eso tanto le queremos.
A veces tuvo aire de sepulcro. Cuando Dámaso Alonso se refería a un millón de cadáveres ambulante sabía bien lo que se decía. Con algo de sepulcro pues todo en la vida es cárcel y todo en la vida es sepulcro.
"Del vientre a la prisión
vine en naciendo
de la prisión iré al sepulcro amando
y siempre en el sepulcro
Estaré ardiendo.
¿De amor? Por supuesto. Quevedo y Góngora que conocerán tan bien a las mujeres las dan poca importancia. Lisi la amada inmortalizada en el soneto del polvo enamorado es un accidente. Don Francisco lo que conoció mayormente fueron las Lisis a la vera del Manzanares, las tusonas, busconas y godeñas, en particular las hijas de la Verde Erín cuya arribada a la Corte desde la católica Irlanda era todo un acontecimiento, y que tanto le entusiasman, tan mal vestidas como bien hechas, un tanto inclinadas al mosto, las coritas asturianas y gallegas de ancas triunfales, que con una mano te abrazan y con otra te hurgan la faldriquera.
¡Ah las dulces mozas querenciosas del oro, todas del partido de Santo Tomé, zamarreando por la orilla del río estantío "en esta capona primavera que no pudo abrir un lirio".
No le gustaran a Quevedo, a lo que se ve, mucho los ríos; lo intuía, estaba oliendo el poste. Parece sentir en sus versos las humedades reumáticas de aquella mazmorra a orillas del Bernesga, del Órbigo y del Castro que son cachirríos y del Duero meninos (por afluentes). Allí le esperaban las sombras. Todo en la vida es cárcel. He ahí otro signo del poder premonitorio que mueve la pluma de los que escriben, sobre todo, si lo hacen bajo la luna de la inspiración y el poderío que brinda la introspección profética.
No se entiende muy bien esa tirria que le inspira don Luis. ¿Serían ramalazos de ese anticlericalismo proteico que se detecta en toda la literatura castellana? ¿Odio de clérigo? ¿Rija de opositor a Corte?
Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla
Docto en pullas cual mozo de camino.
Apenas hombre, sacerdote indino.
Que aprende sin Christus la cartilla,
Chocarrerías de Córdoba y Sevilla.
Y en la corte, bufón a lo divino.
¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo rabí de la judía,
Cosa que tu nariz no lo niega?
No escribas versos más, por vida mía,
aunque esto de escribas se te pega
Por tener de sayón la rebeldía.
Duros epifonemas. Le tacha de judío converso y de maricón (poco hombre) y de narigudo.
La odiosidad debió de nacer en el complot contra el Duque de Lerma que significaría la caída del Señor de la Torre de Juan Abad de patitas en el destierro. En su invectiva apunta un dato de una gran solidez histórica que ha sido poco estudiado: la influencia que tuvieron los criptojudíos en la corte de Felipe IV a través de los jesuitas. Pero se da asimismo la paradoja de que Quevedo se va a coger a la protección de los jesuitas y durante sus presidios y destierros sus amigos serían los jesuitas y su biógrafo sería un jesuita. En otros epigramas censura a su rival su afición al juego: tahúr, poco cristiano, mal clérigo. Misal apenas. Naipe cotidiano. Capellán del rey de bastos que en Córdoba nació. Murió en Burgos. Y en Pinto le dieron sepultura.
Por su parte Góngora en un poema escrito ahora justamente hace cuatro siglos dice de Francisco de Quevedo lo siguiente:
Anacreonte español, no hay quien os tope,
que no diga con mucha cortesía
que ya que vuestros pies son de elegía
vuestras suavidades son de arrope
¿No imitareis al terenciano Lope
que al de Belerofonte(6) cada día
sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas y le da un galope?
Con cuidado especial vuestros antojos
dicen que quieren traducir al griego
No habiendo mirado vuestros ojos.
Prestadle un rato a mi ojo ciego(7),
porque a luz saque ciertos versos flojos
Y entenderéis(8) cualquier gregüescos(9) luego.
El soneto gongorino tampoco tiene desperdicio. Tilda a su oponente de poeta descuidado, suave, zambo, mal caballero(10), espadachín y matasiete. Y le pide que le ponga la mano en el culo para escuchar una ventosidad de sus adentros. Góngora no se tira un farol. Se tira un cuesco.
La polémica entre los dos grandes literatos, aunque profusamente estudiada por la erudición, ha dejado inédita una idea importante: el enfrentamiento de Quevedo, caballero de la orden de Santiago, que ridiculizó a los que querían hacer santa patrona de España a una judía Teresa de Jesús, y los cristianos nuevos. Tanto él como Lope -éste de una forma más superficial- tomaron partido por los cristianos viejos.
De modo que sus diferencias con los conversos, que tanto nombradío e influjo trujeron bajo el mandato del valido del Rey, el Conde Duque de Olivares, y su aireamiento con los franceses que tenían el criterio de que la Santa Sede había caído en manos de los judíos, pudo ser un motivo de su detención y posteriormente su encarcelamiento en San Marcos de León durante un quinquenio. Una flagrante injusticia.
Al parecer, el mejor escritor en lengua se movía en contextos políticamente incorrectos para su tiempo. De todos modos, espíritu crítico y valiente, mete el dedo en la llaga y descubre uno de los enigmas de la historia española y las causas de su decadencia.
Aunque cegato, su pluma era certera, y su visión de aguila caudal que diquelaba desde muy lejos.
Su fama de chistoso y jaranero que tiene en la cronología hispana, donde todos los chistes guarros se atribuyen a Quevedo, no se compadece con la hondura de su pensamiento tan español, tan entero. Miré los muros de la patria mía. ¿Acaso este postergamiento y ninguneación a que se someten sus obras, más citadas que leídas, sea otra venganza judía?
Mientras tanto las aguas del Manzanares siguen fluyendo enterradas bajo un bunker de hormigón por decreto de los nuevos munícipes faraónicos anhelosos de convertir a este afluente del Tajo que pasa por los Madriles en un nuevo Guadiana. Pronto lo harán navegable y habrá choque de escuadras y batallas "nabales" por menos de un pimiento. Es igual. Ayer meome un burro y hoy me ahogo. Ay, Manzanares, Manzanarillos, en ti se mueren de sed las ranas y los mosquitos.
14 de agosto de 2008
1. Todo este mundo es prisiones;
Todo es cárcel y penar.
Los dineros están presos
en la bolsa donde están
la cuba es cárcel del vino
la trox es cárcel del pan
la cáscara, de las frutas
Las espinas del rosal.
El cuerpo es cárcel del alma,
la tierra es cárcel del mar
2. Fue cliente del figón de Juan Lepre que abría sus puertas en la calle Huertas de Madrid. Parroquiano de ese establecimiento fue también Diego Velázquez y alguno de sus comilitones del jarro le sirvieron de modelo al cuadro Los borrachos
3. Casa de tolerancia (Germ.)
4. En la fiesta de san Lucas el 18 de octubre se solían impartir los grados a los estudiantes
5. Corito, asturiano. En el siglo XVI las gallegas, asturianas y vizcaínas no gozaban de buena reputación.
6. Belerofonte, el hijo de Neptuno, que montó a Pegaso y venció a la Quimera
7. El culo
8. Por oír
9. Pedo
10. Quevedo fue el caballero de las espuelas de oro. Su defecto físico no le impedía ser un consumado experto en la equitación