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domingo, 23 de julio de 2017

hoy estoy cabreado con dios

MI PRIMO AGUSTÍN FALLECIÓ
Antonio Parra

Hoy estoy un poco cabreado con Dios.  La naturaleza se cobró su estipendio y avasalló, triunfal, la muerte los despojos de mi primo carnal verdadero hermano Agustín.  Hoy se me ha muerto algo de mi propia alma y  cuerpo que lo vi horrible y macabro en ese rostro arropado en un sudario blanco cuando los del crematorio destaparon el féretro y apareció pavoroso y desencajado incipiente aviso de calavera - como me ves te verás; como tú eres yo fui- la orlada de los ojos profundos como socavones exvoto de la cera todavía con manchones de la sangre que se congestionó en una agonía que fue tormento y purgatorio.  Demasiado.
 ¿Qué crimen pudo cometer mi primo para haber tenido que aguantar dos años esta crucifixión de un melanoma en un pie?  No entiendo.  Pongo doble contra sencillo y los ojos de la carne me llevan a la obscuridad de la nada al final macabro y absurdo de la vida de un recio castellano de 63 años.  Venciendo mi repugnancia estampé un beso sobre la frente lívida y le hice sobre las labios la señal de la cruz deseando vivamente que esta persignación fuera fiducia de salvoconducto del viaje a la eternidad. Para los cristianos la cruz de dolores persecuciones desacatos humillaciones insultos contumelias enfermedades y otras crueles realidades es la moneda que todos llevamos prendida entre los dientes para pagar al barquero y sacar pasaje en la misteriosa nave de Queronte. Conviene no escupirla jamás y tenerle bien agarrada en el mandibular.
 Es como si dijésemos que así atenazáramos inmovilizándole por los mismísimos a un púgil que siempre acecha, siempre hostiga y acabamos tirándola en la parva como en aquellas luchas que nos echábamos en la era las tardes de trilla y brega cuando éramos niños a ver quien era el más fuerte y tú Agustín aunque más bajo que yo me tirabas contra las cuerdas.  Al caer de espaldas recuerdo que me aterrizaba el vacío y esta mañana al cabo de tantos años he vuelto a sentir aquel vértigo de caer de espaldas no a una mullida parva de espigas tiernas sino a las aguas salobres y tenebrosas del lago de la eternidad. Murmuré un réquiem por lo bajo que parecía un mutis y luego en alta voz dije ante sus despojos una frase:
-Agustín, siempre fuiste un valiente. le supiste echar un par de cojones a la vida. El cáncer te ha vencido pero estoy seguro de que tú buscarás revancha en la resurrección de cristo.  Hasta luego.

Todos estábamos aterrados en aquella cámara fría y desnuda que en el tanatorio llaman la Sala de la Despedida.  A ella nos llevó a los del triste cortejo aunque para disimular ibamos hablando de nuestras cosas tratando de dar un aire de familiaridad a ese momento tan trascendente una azafata de talle fino y guantes blancos.  Los ojos de la fe avezados a calzar las antiparras de la teología el dogma y los viejos conceptos me llevan a la seguridad de que él está cerca de Ti, Señor.  A tu lado y que le preparaste a Agustín una morada en tu reino, allá en lo alto, o donde sea. 
Que habrán acudido a recibirle en la gloria los Ángeles y ese serafín de los prefacios al que entonaba su melodía al armonio su padre mi tío Pedro que era el sacristán de Fuentesoto en aquellas multitudinarias misas  de Angelis y que su madre, la Juana, a la que él llamó a voces antes de expirar Madre...madre.  Madre y santa María y san Pedro y san Gregorio y todos los justos de mi pueblo y todos los pueblos habrán prestado acogida en los prados amenos de la eternidad.  Según dijimos en la recomendación del alma que me cupo el honor de leerte en tu lecho de muerte a la cabecera de aquella cama del 12 de octubre tan impersonal y tan fría para ti que eras entusiasmo puro y carcajada viva que no merecieras reclinases tu cabeza para exhalar el último.
 Otro absurdo que me llena de angustias y de dudas pero no te preocupes, Agus, lo superaré.  Mi fe es más vieja y recia que todas esas cantinelas con los que nos sorprende el pateta siempre tan oportuno y tan poderoso que lo llaman el señor que preside los designios pero lo derrotamos y vencimos con aquellas oraciones tan inspiradas del misal latino y luego yo te escuché que decías Jesús José y María valedme en mi ultima agonía y llamabas a tu madre, la Juana a la que yo siempre tuve por santa y a la que tu hermana Lidia acude al cementerio de Fuentesoto a llevar flores y a suplicar su intercesión para pedir algún favor o cuando la aflige una necesidad.  Estoy seguro de que ella también estaba allí.  Con Jesús María y todos nuestros patronos tutelares. ¿Recuerdas cuando ibamos a coger botijos de agua a la fuente grande?  A trillar, beldar, arrancar hieros o algarrobas a Las Suertes Viejas que estaban a casi cuatro horas de camino, cerca de Valdezate y que para ir a labrarlas había que uncir el carro a las cuatro de la mañana.  O las moras que cogíamos en un bote por la fiesta de Nuestra Señora.

 Con azúcar o algo de arrope sabían buenas.  Estaban superiores.  Aquel mundo que dejamos atrás no era ni mejor ni peor que el que vivimos ahora pero ya no es.  Se apagó el fuego y quedan los rescoldos y los rencores que aquel pueblo del que salimos  eran muy envidiosos y quejados de esa enfermedad tan norteamericana del “keep up with the Jones”.  De aquella tierna etapa de la infancia datan las primeras crueldades.  Pueblo de cristianos viejos o acaso nuevo pero de catolicismo y de cristiandad poco, personajes que no te daban una hogaza o te invitaban a comer asado el día de la fiesta si no estaban ciertos de que iban a recibir diez.  Muy mirados y muy a lo suyo y, según tú decías, Agustín, muy zorros.  Pero estas menudencias y trastornos tales mezquindades no pertenecen al corpus dogmático, son materiales para la casuística.  Pero hay que hacer balance sub especie Aeternitatis y llegan el momento de las verdades.
 Castilla dio de sí todo lo que tenía que dar y se ha venido abajo por el mal de siempre: el morbo visigótico, la ignorancia de los fetiches, las suspicacias y desplantes entre unos y otros.  Siempre busqué el viejo espíritu pero sólo encontré ruinas y mezquinos destripaterrones.  Los hispanos de los que decía un papa Deus aspicit benignus- ¡qué ironía!- nos vigilamos unos a otros en vez de querernos y de perdonarnos que es lo que cumpliría.  Ese y yo más porque nos hemos hecho supremamente materialistas y en este tiempo y en aquel y siempre estaba el tanto tienes tanto vales.  Los había que querían un sitio preeminente en la tribuna de la iglesia y aunque más malos que Judas pérfidos y traidores colmaban la iglesia de bodigos para ser invitados a las comilonas en la rectoral.

  Reunión de pastores oveja muerta y ya se sabe el mejor cuarto asado y el cobro de diezmas en especie que los reverendos se comían en carne pellizcando el culo de la mejor moza y siendo piedra de escándalo para el feligrés.  Algunos no eran muy evangélicos.  Querían mandar.  Pecados de sexo, bueno pues por ese cabo todos somos pecadores y no tenía importancia al cabo del tiempo y cuando tantas aguas han llovido que lo que contaba tu padre el sacristán que en aquellos sanpedros del ayer el cura de Valtiendas se bebía una cántara y luego no acertaba, arremangada la sotana, a los pedales de su bicicleta para subir la Cuesta Los Carros o el de Pecharromán que en cada fiesta le hacía un chico a una moza del arciprestazgo.  O el de Cuevas que se masturbaba en las eras coram pópulo que tío mas guarro para que le viésemos todos los chicos.  El peor pecado eran la soberbia, la envidia y la falta de caridad, el querer ser los mandamases y caciques del pueblo y eso que a sí mismo se llamaban discípulos de Jesucristo.  Todo pasó y de aquello quien se acuerda.  La vida fue evolucionando.  Éramos pobres y felices.  Pero la vida tenía cierto sabor y yo ando la querencia de aquellas horas, de aquellas rosas, de aquel tiempo de amistad en que éramos como más libres y desinhibidos, de aquellas chanzas inocentes, de aquel vino. En una fotografía en que comparecemos tú y yo retratados por un fotógrafo de feria a lomos de un caballo de cartón se nos ven los vientres abultados.  Hambre.  Hambre a secas.  Gazuza de posguerra y es que no había, hijo.  Cuando tu madre mi tía Juana que era una santa le daba sopillas para merendar a tu hermano el pequeño que no sé si era Pedrito o Salva nos poníamos todos en corro o sentados sobre los bancos de la cocina y éramos felices si nos daba a probar una cucharada y como pajarinos abriendo el pico.  Hambre y no había.  Por eso se nos inflaban las panzas como a los niños de Biafra.
 Vivencias comunes del pobreza en compañía deba de dejar una huella indeleble como aquella luz de nuestro pueblo, los olores del establo, el sudor fuerte y perfumado de las caballerizas, el aroma de estoraque al pasar cerca de la fuente en la cerca del médico, las esquilas de los astros en reata del molinero de la Villa que preparaban unos escándalos de aquí te espero cuando barruntaban una yegua con hipómanes, o las  del burro yeguato del tío Aquilino grande de alzada y esquelético como su dueño que bajaba para las pobedas la chaqueta al hombro a regar su cerca la azada al hombro tieso más que un huso, la mala leche de la Tía Maricruz Nuestra Señora de los siete tobillos la única en el pueblo que se echaba polvos en la cara y luego supimos que otros polvos también echaba y a ti te preguntaba muy interesada:
- ¿Tú eres el chico del sacristán?
- Sí, señora, para lo que Vd  quiera mandar.
- ¿Y donde anda tu padre?
- A las tierras.  A labrar.
- Hogaño le veo poco, hijo.
- Tía Maricruz ni falta que hace
A ti te tenía buen concepto.  Por algo será, asumí.  Y recuerdo las impresiones que marcan para toda la vida: las tardes de invierno en el callejón que para calentarnos jugaban los mozos al chito y nosotros al zorro pico zaino que era un divertimiento muy antiguo y español. Y los bailes de candil por san Pedro cuando le mangábamos al Bigote las garrapiñadas y los perillos al hortelano del Valle de Tabardillo cuando venía a vender y se quedaba en las bodegas, bebía más de la cuenta y luego le pasaba lo que al cura de Calabazas que no encontraba el camino y nosotros aprovechando que andaba el hombre un poco chispa le hurtábamos algún perillo.

 O cuando la noche de Ánimas nos mandaba tu padre a tocar las campanas y allí estábamos acurrucados en el campanario muerto de miedo los dos.  Alguna paloma sorprendida en su nido al vernos levantaba el vuelo y a nosotros se nos erizaban los cabellos pues creíamos fuera un ánima.  Las castañas y nueces de Nochebuena.  Y los filandones de San Andrés.  Correr el gallo por las Candelas.  Los cantes de ronda cuando se iban los quintos y al Irineo le tocó a África.  O poner la enramada después de la Minerva y el Corpus. Felices éramos a nuestro modo. Ayudábamos a misa al cura Saturnino que nos daba una perra chica o una patada en el culo si nos equivocábamos en el confiteor.  La escuela de doña Catalina la esposa de don Tomás aquel maestro que según decían era de ideas y se libro de ir a la cárcel alegando que estaba loco y lo internaron en el manicomio de Quitapesares. ¡Dios mío, al cabo de los años comprendimos  la tremenda injusticia que supone el emparedar a un maestro tildándole de débil mental por pensar por su cuenta!  Aquella puta guerra, la guerra, y lo peor las revanchas.  Por lo general el personal se escudaba en la religión y la política para dar rienda suelta a sus instintos inferiores, pero a mí siempre me pareció que don Tomás sí entendía de política.  Los demás no.  Era un buen maestro.
  Volviendo la vista atrás uno tiene que volverse cínico o un hipócrita.  Todo aquello de entonces ahora sale por lo visto.  Pero a mí los malos ejemplos clericales no estorbaron mi fe en la religión.  Ahora bien como yo no quería ser un cura de misa y olla como aquellos que bajaban a nuestro pueblo en la bicicleta con la sotana arremangada que enseñaban los pantalones negros y a nosotros nos sorprendía que llevasen pantalones como los demás pues me salí.  No quise saber nada.  Pero continúo en aquellos valores del Evangelio y en la piedad y en el amor de Nuestro Señor Jesucristo.
 Luego vino la emigración o evasión del campo a la ciudad.  Recuerdo aquellas vísperas de San Silvestre que nos presentamos en la plaza con tu motocarro  una Trimak recién comprada cómo nos miraba tu hermano Maudillo que quería venirse con nosotros para Madrid pero no había plaza en aquel triciclo con el que empezaste a trabajar, el primero de la saga de una flota de camiones.  En el puerto de los leones se planta nevar y no teníamos cadenas.  Hubimos de poner nuestros abrigo y nuestras chaquetas debajo de las ruedas para el agarre en la nieva y no sé ni como coronamos la montaña.  A fuerza de tesón, que tú siempre le echaste a la vida muchos cojones. Los dos tiramos para adelante enderezando nuestras propias rutas.

  Algunos domingos salíamos juntos a alternar o nos metíamos en un bailorro a asustar a algunas chachas y yo un poco bisoño te pedía consejo sobre cómo había que hacer para que las chavales te diesen baile y tú decías mira te has de comportar normal decirle cosas agradables que no vean que te azaras.  A las mujeres les gusta saber que tú mandas.  Buen consejo, mas ni por esas.  Hasta tomé complejo de que nunca tendría novia de que nadie me querría.  Hay que ver, Agustín que cosas se le meten a uno en la cabeza.  Y pensaba en aquellos recuerdos agradables tratando de espantar la sensación horrible de mi beso de despedida, ese olor a cadaverina, espeso y dulce de los muertos cuando empieza el heder y la descomposición de la carne y de la sangre.  Estaba como zombie.  Desde el tanatorio sur hasta la Almudena donde iban a hacerte polvo y ceniza había un atasco infinito.  Nos perdimos un pare de veces en una de las incorporaciones, casi me choco contra un taxi.  Estaba como alelado.
  La noticia de tu muerte me dejó frío y todavía no me lo creo que puedas estar muerto. ¿Adonde te has ido? ¿Cómo será el cielo? ¿Cómo habrá sido tu entrada en el Paradiso?  Cavilar sobre estos misterios me saca de quicio, siento como una desazón un cosquilleo en el estomago y es que la eternidad me da vértigo y quiero suponer -y este es mi único razonamiento- que de la misma manera que en tantos azares y peligros sentimos una especie de protección y misteriosamente nos vemos salvados de las acechanzas y trampas de la existencia, en la hora de la muerte Él seguirá ahí a pie de obra.  Al menos es lo que ponía en la oración diaconal de la recomendación del alma que te leía cuando estaba en los estertores de la agonía.  Mas una cosa es predicar y otra dar trigo.
 Yo también tengo dudas y un miedo infinito.  A ese vacío de tus ojos cerrados que dejaban de ser ojos para volverse cuencos de calavera...  A esa sonrisa macabra que vi en tu cadáver.  Bien es cierto que no eras tú sino tus despojos en la hora del hic jacet mas no por tales reparos deja de activarse mi congoja.  Por eso iba recordando con tu hermano Pedrito los buenos momentos de cuando éramos chavales.  Bromeando haciendo nuestros planes ilusionados con el vivir. Bien es cierto que era un subterfugio. Una escapatoria.  No entiendo nada.  Tengo la mente en blanco esta mañana hermosa de verano cuando la circulación en la M 30 es caótica y por la mañana la tele retransmitía el encierro de san Fermín.  Otro breve responso y más lloros de los deudos de un curita joven capellán del cementerio cuando llegamos después de perdernos otra vez por las aleas de la inmensa necrópolis.  A mi me hubiera gustado entonar el Libérame me Domine de Morte Aeterna y musitar el a porte inferi o el dies irae pero recité estas secuencias de los viejos funerales para mí mismo.

  Había mucha gente y allí estaban tus hermanas Rosario Lidia Salva y Pedrito mi escolta de poca talla pero de corazón grande el que más se parece a ti.  Me impresionó la dulzura de tu nuera Esperanza que me dio a besar a tu nieta y yo la bendije.  Esta niña es clavadita a ti.  Y ese pensamiento me confortó un poco. Porque en esos ojos almendrados se posaba tu luz por ese milagro de los genes y tu cuadratura.  Y el amor que vencerá a la muerte, en esta megapolis superhabitada de fantasmas donde todo es difícil e impersonal hasta morir los ojos un poco asustados me alejaron del cabreo que siento esta mañana de sol con Dios - uno puede a veces estar enfadado a veces con lo que más quiere ¿no?- me dio cierta tranquilidad e hicimos las paces.  Él está cerca de Ti, Señor.  Lo sé.  Le habrás preparado esa morada que se merece tras su crucifixión del  cáncer de piel y la muerte que Tú quisiste compartir con Agustín, conmigo, con todos, pero Te pido no me des tan dura prueba como la suya que no sé si lo resistiré.  Vermis sum et non homo, miserere mei, digo con el Santo Job.
  Al regresar de la Almudena a mí me pareció que entre los ruidos del tráfico de la calle impersonal los cláxones de los automóviles entonaban un Miserere.  Y luego el aleluya de la Resurrección en Jesús. Aparqué en una de las zonas más bonitas de Madrid Alcalá con Goya y entré a cortarme el pelo en una barbería.  La vida sigue.  Muerte, ¿dónde está tu victoria?  Volví a inquirir sólo para mi capote. La verdad es que no entiendo nada pero acepto la muerte como una parte esencial de mi condición humana. Que hoy me embargan la melancolía y acepto resignado el fin de esta persona tan querida como acepto el mío propio. Más que nunca hoy recuerdo la frase del Prefacio de Difuntos: Vita mutatur non tollitur.  (La vida se transforma, no se nos arrebata

sábado, 22 de julio de 2017

hoy la MAGDALENA GRANDES FIESTAS EN ESPAÑA EN HONOR DE LA SANTA PECADORA

MAGDALENA

No está el horno para bollos ni el alcacer para zampoñas ni el manto de Magdalena para tafetanes (dicho popular) pero hay quien medra en estas fantasmagorías y al que le gusta sobrenadar en la mierda. Rajoy. Cataluña. España se arquea a los de la tele a los instalados parece que les engorda la crisis mientras la mayor parte de los españoles bien nacidos sienten dolor de corazón ante la conflictiva situación.
Nos echan a Puchimonte el peludo hasta en la sopa. De postre, el Junqueras ese viudo  bizco  con cara de moro nos da casi dolor de barriga o es que habrá que decir tiros a la barriga mandato de Azaña.
El alcalaino don Manuel al que sus biógrafos tachan de pusilánime tuvo cojones en aquella tesitura y mandó bombardear la Generalidad. Campanys y sus conmilitones salieron del local manos arriba, Felipe IV se puso al frente de un ejército que sofocó la sublevación de los Segadores. No ha cundido el ejemplo en sus herederos monarcas. Pues muy mal. El gallego siegue en lo alto de la escalera y no sabemos si sube o baja.
Lo que no  comprendió Rajoy es que un conflicto territorial no se puede resolver en los juzgados con cuatro rábulas que depongan monten y desmonten por muy magistrados del supremo que sean y ese tipo de situaciones peligradas sólo tienen una solución militar pero ay amigo con la Iglesia tempos topado: Sancho detrás de los catalanes andan los globales y sus intereses estratégicos zionistas de convertir a Europa en unos nuevos Balcanes.
Maduro si que lo ha comprendido que los sediciosos sólo entienden el lenguaje de tiros a la barriga. Maduro es un tío pistonudo un hijo de la raza. Defiende su territorio contra viento y marea. Aquí la prensa oficial que es la voz de su amo lo descalifica. Llueven las odiosos comparaciones del falo apestoso don Adolfo Hitler y a mí me encabrita leer los apostrofes que lanza contra el líder hispanoamericano el padre Fortea el exorcista de Alcalá que dicen mete diablos en el cuerpo en lugar de sacarlos. Ay el padre Fortea que una mano bendice y con la otra se la menea. Un cura comodón y sibarita y que debe de ser algo maricón.
El humo de Satanás pervade las sedes episcopales, ha entrado en las sacristías, se instaló en los confesionarios. Pero despreocuparos, chiquitos. Hoy es santa María Magdalena la gran peccatrix.
La cristiandad del medioevo la profesó gran devoción y los cuadros de los artistas del Renacimiento la pintan rubia y penitente. Mulier peccatrix mujer pecadora. El demonio del sexo y la serpiente entre las piernas que atormentó a Adán y gimen a causa de eso bajo el peso de la culpa los hijos de Eva.
Muchas veces he paseado por la calle de la Magdalena de Oviedo donde había una capilla y una hornacina a la santa no virgen que hoy se ha convertido en un chigre a esquina de la plaza consistorial.
A mano derecha san Isidoro y a la entrada de la calle una casucha de planta baja donde había una placa conmemorativa que dice aquí nació Indalecio Prieto.
Recuerdo tambien el Magdalene college que allí llaman (modelein) donde cursó algunos estudios en mi juventud, aquellos dulces años ingleses.
Sobre todo rememoro este 22 de julio la iglesia de la Magdalena en la Concha de Artedo, una iglesia de asilo donde dormían los peregrinos y se prosternaban para pedir la intercesión de la gran penitente de la iglesia de occidente en camino hacia Compostela, antes de tomar la barca para cruza la ría (era un brazo de mar entonces lo que hoy es berral marismeño) y de esta barca para atravesar la ribera del hermoso valle de las Luiñas habla George Barrow don Jorgico el inglés en su viaje por la península ibérica adonde llegó en plan misional a vender biblias y catecismos aunque algunos dicen que se trataba de una espía de la Casa Rotschild en ronde de descubierta antes de las guerras carlistas.
Más de un 22 de julio en aquella ermita que poseía una poderosa cimbra de fuertes machones y un coro aldeano al que se subía por una escalera he oído misa cantada de gaiteros en día tan señalado.
El verano está en plena eclosión. Son más vivas las mareas y las noches de Cudillero más augustas y serenas.  El mundo es eterno.
Acaso un milagro que hace todos los años esta hermosa rubia judía que regó con sus lagrima los pies de Cristo y los secó con su hermosa pelambrera al grito de “rabonni” (maestro mío) Santa Maria Magdalena ruega por nosotros. Su nombre figura álgido en las grandes letanías rogativas.
Por ser una santa muy mujer que amó mucho es uno de los grandes mitos eclesiásticos ante el cual los creyentes nos arrodillamos en veneración, no era, claro está, una santa feminista. No predicó el odio sino la compasión.

Digamos esto cuando el horno no está para bollos ni el alcacer para pitos ni el mando de María Magdalena para tafetanes. Que pasen buen día les deseo a mis lectores.

santa maria de magdala rfuega por nosotgros

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viernes, 21 de julio de 2017

palomniki peregrinos de la Rusia sagrada

RUSIA SAGVRADA ESPAÑA SAGRADA. EL COMPOSTELA RUSO ATRAE A MILES DE PEREGRINOS

ON RUSSIA’S HOLY ROAD

    
The anxiety had been mounting for weeks, and now over breakfast on the first day of the Velikoretsky pilgrimage there was no escaping the feeling that I may have made a terrible mistake. I had seen a Russia Today short programme about the oldest, longest, and largest walking pilgrimage in Russia, how, although very much suppressed in soviet times, it was not only allowed, but now hugely popular. An inner feeling had developed that I wanted to experience this event and to be a small part of the religious revival in Orthodox Russia.
    
So, visas obtained, injections endured, and all manner of unaccustomed items bought—a rucksack, sleeping mat and foam-roll, and (I thought they might be useful) many packets of Kendal’s Mint Cake. Anyway, now, on this first morning there was no way out so we went, as arranged to the entrance of the Trifonov Monastery in Kirov where the procession was about to begin. 105 miles to go, in a six-day round trip.
    
Already the choir was singing the end of the Liturgy, and hundreds and hundreds of people were arriving—every minute more and more until, through the archway colourful banners, priests and the wonderworking icon of St. Nicholas proceeded off down the road. We had been adopted by Anastasia who was the English teacher to students at the seminary “you have a blessing to walk with us at the front” she had told me and then we jumped in to the huge stream on people as the choir continued to sing. In fact, the choir sang all week from three o’clock in the morning until we stopped in the evening—through the streets, the fields and the forests as we walked—all ages, all types of people, men, women, and children, priests and monks, nuns.   
  
Many pilgrims wearing icons round their necks, some walking barefoot.
    
So the pattern was established—we walked for about two hours, then the icon stopped, a moleben sung, and thousands of people found a patch of field to unroll their mats, lie down for a rest and perhaps have some tea or a snack, then on out into the countryside and road which gave way to a path, and the path to mud and the mud to large path-blocking puddles.
    
The miraculous icon was found in the forest by the river Velikaya in 1383 by a peasant who saw it bathed in light as if surrounded by many candles. A small chapel was built, miracles wrought and pilgrims started to seek the aid of St. Nicholas. When the icon was later moved to the monastery in the regional capital of Kirov, it was on the understanding that each year at the beginning of June it would return once again to where it was found. Under communism the pilgrimage was officially banned and as late as the Khrushchev period anyone in even the smallest group of walkers heading there was turned back.
    
By the year 2000, the full route of the ancient pilgrimage was allowed, and now some 40,000 people walk and pray and sing and do so with what I can only describe as a deep sense of joyfulness.
    
So, by the end of day one we arrived in a small village called Bobino with a chapel and a school floor where we were taken in to have a meal of buckwheat porridge and vegetables and tea and a very early night spent comfortably enough in my sleeping bag on the floor.
    
“Wonderful news,” Arkady the student said to me, “you have a blessing to carry one of the banners—put this on,” as he handed me a sticharion at 3 AM the next morning.   
So there I was, a strange Englishman walking at the front of the procession, carrying a banner of the Saviour through Holy Russia. After three days on the march we arrived at the river where the icon was discovered where a festive array of stalls selling things to eat and souvenirs to buy stretched from the monastery church towards the bank of the river. The usual huge vats of buckwheat porridge were available for the pilgrims and at 10 AM the Patriarch arrived to celebrate the Liturgy in an outdoor pavilion. After lunch—a bath in the river, and a relaxed afternoon. Then at 2 AM the following morning, after a service in the Church, we were heading back.
    
    
    
    
    
  
Two days later, in the gentle rain we walked back into the monastery at Kirov for the last service and tearful farewells to the strangers who had become friends.
    
And after all my anxiety, and worry about my ability to walk that far, fear of not coping and the possibility of blisters?
    
It was simply one of the most wonderful weeks of my life. Not only that I was moved by the devotion and love of the pilgrims, of their courage and deep happiness despite all the difficulties, but that something else had changed in me—a deep joyful realization that if my life of faith is a journey, then I am not traveling alone, but that supported and encouraged and loved even by people I scarcely knew, we are on this road together. Despite all life’s anxieties and frustrations, with prayer and even the smallest grain of faith, it will be alright. As I walked the last mile, glad that the rain was disguising my tears, I felt triumphant and deeply thankful. I pray that I will remember this lesson as I go through the remainder of my journey. I pray also that I might return to walk Russia’s Holy Road again.
    
    
21 / 07 / 2017

WILBERFOSS

 

A la entrada de la ciudad de York el visitante recibe el aliento verde de las brisas del Ouse. Quasimodo, el heroe de la novela de Victor Hugo, la colegiata de York se trae un aire con Notre Dame, se encarama a los puentes y hace tijeretas sobre las aspas del molino. Niebla sobre el puente. Fog. Haze. Así es el humor inglés algo brumoso y en el postigo de San Miguel - Micklegate - montan guardia dos luceros. Es el alma de los cruzados que murieron peleando contra Aladino en Jerusalén. Eboracum York pequeña Evora ofrece un perfil marfileño y cristiano, pero habría que esperar a que expirase todo el humo que llevaba en la panza la torre de refrigeración de la central eléctrica de Barbby Dun, alimentada por carbón. Yo me ceñía la chalina en bandolera y hacía autostop. El viento trabó conocimiento con mi bufanda y los postes de alta tensión de la gran central eléctrica me conocían. Entonces viajar a dedo no era peligroso y todo por ahorrarme los dos chelines del autobús. Éramos muy pobres y había que pagar la renta. me hice amigo de camioneros que iban a Escocia buscando las almenas romanas del muro de Adriano, conocí a profesores y funcionarios del fisco. en Pocklington vi herrar a los últimos caballos percherones que araban las llanuras del Yorkshire. Aquel fue un tiempo de labor. Yo lo que quería era ser escritor.

Allí crecía la flor del lúpulo que deparaba la mejor cerveza de la tierra. Cheer us, mate. But I am here only for the beer, le dije a uno y no me entendió pues no sabía que yo era poeta. Por las noches leía a Lowell,  Walden, a Thoreu, a Poe. Supe que había una dicotomía en el pais de los yanquis- los sureños eran esclavistas y los norteños antiesclavistas. Ganaron los del norte como bien nos enseña la película "Lo que el Viento se llevó".

 Propugnaban los derechos humanos y la austerisdad moral. Hawthorne escribió la "Letra Roja" (the scarlet letter) una pobre mujer seducida por un señor condenada por el juez a llevar un tatuaje en la frente en que ponía "soy puta. Esa era la idea central de La letra escarlata que a mi por aquellos días hippies de mi rebelión tanto me impresionó

jueves, 20 de julio de 2017

VALDESIMONTE
MARTIROLOGIO ROMANO EN DECADENCIA (de mi libro SEMINARIO VACÍO DE SEGOVIA)

Bajábamos al refectorio hambrientos después de las preces la misa conventual y los puntos de la noche anterior en que nos obligaban a meditar en la muerte. Silencio sepulcral. Sólo se escuchaba el entrechocar de los cubiertos y el borbotar de las cafeteras humeantes y maternales que servían en calderos por las mesas alinedas los semaneros. El presidente se sentaba en la consola circular preferente que llamábamos “rostrum” y el prefecto se paseaba por las aleas del comedor mirada en ristre y un breviario de piel rusia y cantos de oro bajo el brazo.
Era don Marciano Monroy un clérigo elegante que vestía sotanas entalladas de cachemir y olía a agua de colonia. Usaba loción “Varón Dandy”.
Tenía la boca pequeña y la mano lista para repartir cachetes a los rezagados los desaliñados los “díscolos e incorregibles” según el reglamento. Con él de vigilante no había que salirse de la fila.
Podías comulgar sin ir a misa.
Por menos de nada te caía una “hostia” de la mano regordeta del prefecto.
 De vez en cuando se metía por medio de las ternas y corría la baqueta. Zas. Fuego a discreción. Había sido don Marciano capellán castrense de un barco de la marina de guerra que se llamaba el “Furor” y de los sargentos había aprendido aquella odiosa técnica de sacudir el polvo a los educandos. La letra con sangre entra.
 Creía nuestro prefecto que todo en esta vida se arregla con un buen sopapo. Nos tenía a los trescientos y picos tíos que integrábamos el seminario menor derechos como velas. Zas.
—Pero si no hice nada, don Mariano.
—Pórtate bien te dije.
Y al que protestaba volvía a solmenarlo de refez.
Tenía una mano gruesa de cavador, de Valladolid, y cuando te daba con lo gordo hacía daño. Pero olía a buen tabaco y a agua de colonia.
Sus cigarrillos americanos Winston, Chester, Camel, sahumaban de perfume los pasillos de los tránsitos. Porque hedía un poco a montuno en todo el seminario.
Así, purificamos el ambiente, alegaba don Marciano.
 Entonces, el lector de semana se subía al púlpito y declamaba la página del martirologio romano que correspondía a los santos del día, con el brío y el entusiasmo del pregón pascual.
El mejor de todos los que leían en aquel seminario de postguerra era un alumno pequeñito de quinto al que apenas se le veía sólo la cabeza porque era muy corto de estatura. Le llamaban rompetechos pero andando el tiempo llegaría a ser un predicador de campanillas.
Tenía una voz poderosa y una dicción perfecta. Era de un pueblo que llaman Valdesimonte.
No se me olvidaría aquel lector, que consiguió cantar misa, uno de los pocos, y aprobaría las oposiciones a canonjías. El cabildo le nombró deán de la catedral de Segovia.
Sus lecturas matinales al igual que las novelas de Emilio Salgari que leería con una exactitud pasmosa, lo vivía, y a través de su voz que escuchábamos, embaídos, vivíamos las aventuras de los mares del sur y la muerte gloriosa y violenta de los casi un millón de mártires que tuvo la iglesia en las nueve persecuciones acometidas por los nueves cesares contra los cristianos.
Nos aprendíamos no solo el santoral nombres y hazañas increíbles sino también lugares de una toponimia que despertó nuestra imaginación: Bitinia, Treveris, Cilicia, Capadocia, Numidia, Siria donde se derramó antes que en ninguna otra nación la sangre por Cristo, etc.
Valdesimonte solía terminar su alocución con esta coletilla que traían todos los menologios con un lacónico “Y en otras partes otros muchos santos mártires confesores y santas vírgenes”. Entonces don Marciano daba una palmada y empezábamos a desayunar: tostadas con mantequilla y café con leche en polvo, un regalo de los americanos.
A unos los despellejaron vivos a otras las cortaron los senos, a otros las orejas o les arrojaron a piscinas de agua hirviendo, los tiraron al Tiber, o estiraron sus miembros hasta descoyuntarlos en el ecúleo. A todos se les pedía lo mismo que tributasen honores al emperador pero ellos se negaban en redondo a quemar incienso en honor del cesar.
Con habilidad textual los autores de las actas de los mártires casi increíbles por su valor solían ahorrar al lector los momentos escabrosos de la tortura por ejemplo a santa Justa y Rufina dos vestales sevillanas la palma del martirio la obtuvieron después de que el verdugo “se las pasase por la piedra”. El derecho romano prohibía asesinar a las vestales. Biografías increíbles lugares lejanos y yo me seguía preguntando, Señor, por qué. Nos quedábamos a dos velas.
 El más sanguinario fue Nerón que mandó iluminar Roma con los cuerpos de los seguidores del Cordero recamados de pez y convertidos en antorchas. Aquel emperador algo cegato y mal poeta que mató a su esposa Popea de un puñadazo del que abortó y luego se enamoró del efebo Spiro cuyo rostro adolescente le recordaba al de Popea hizo castrarlo y le escribía versos de amor.
Los seguidores del Nazareno eran considerados como una secta del judaísmo. La arena del circo máximo y del anfiteatro se purificó con la sangre de Barbaras, Octavias, Macrinas, Sinforosas Emerencianas Tarsilas muchas de ellas madres de familia, otras que desempeñaban el oficio más antiguo del mundo en los barrios bajos de Roma Nápoles o Pompeya, pero entraron en el cielo empuñando la palma del martirio y sus nombres fueron registrados con letras de oro en el Libro de la Vida.
Sus estatuas llenaron las hornacinas de los templos y se convirtieron en los nuevos dioses familiares de la cristiandad que aquí cada santo siempre tuvo su octava y cada fiesta su triduo.
 El judaísmo nunca estuvo más cerca del cristianismo que entonces y como bien dijo Tertuliano la sangre de los mártires fue semilla de cristianos. Y al destruir las legiones de Vespasiano la ciudad santa de Jerusalén que pasó a llamarse Aelia Capitolina empezó la gran diáspora.
El largo camino por tierras ajenas que será nuestro destino junto con la protesta y la rebelión a los dioses convencionales echó a andar por la historia.
No se olvide que somos elegidos para el dolor y para dar testimonio de Su Nombre. El judío nunca adorará por tanto a falsas deidades incluso aunque se disfracen de falsos eslóganes como de vuelta a la tierra prometida.
Eso lo sabemos bien los que portamos la antorcha del fuego sagrado, somos motivos de escándalo. Somos carne de horca, lugar común de afrenta y vituperio.
Por eso la voz estentórea del de Valdesimonte desde el pulpito del refectorio sigue resonando en mis oídos como un aviso y como un exhorto a la esperanza, al pasmo y a la crítica. Sigo teniéndomelas tiesas contra el tirano — los nerones y caligulas de hoy son más sofisticados  que los de los primeros siglos pero mucho más contundentes, muchos de ellos visten sotana y cuelgan al cuello la cruz inversa— combato una pelea sin fin.
 Contra los impostores lanzo mi grito con san Lorenzo a las propias barbas del verdugo. Dame a media vuelta que ya está tostada esa paletilla ahora por el otro lado.
En boca de los mártires el sarcasmo era un arma poderosa. Por ejemplo, me viene ahora a la memoria el desparpajo con que respondían aquellos falangistas en la checa de san Anton de Madrid cuando eran convocados a subir al camión donde serían “paseados”:
—Fulano de tal y cual
—Chapándomela— contestaba un flecha pequeñito al que apenas le apuntaba el bozo y su clamor recorría imperioso las galerías de aquella cárcel donde se fusilaba siempre al amanecer.
Ese menoscabo de la propia vida y la valentía ante la muerte al tirano le saca de sus casillas.
Gloria, pues, a la santa memoria de aquellos víctimas de lo políticamente correcto. Que no chaquetearon ni combayaron. Por seguir a Xto fueron apaleados, fusilados y crucificados. Me río a las propias barbas del verdugo. A mí estos esbirros me la chupan. Así que digo con el de Valdesimonte, en loa, a los santos desconocidos y de los que nunca sabremos el nombre:
Y en otras muchas partes otros muchos santos mártires, confesores, y santas vírgenes
Animula, vagula blandula hospes comesque corporis”.
La vida pasa pronto como reza el verso el verso del gran emperador Adriano que luego traducimos en las clases de latinidad.  
WILBERFOSS EL PARAÍSO

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"NATIONALITY IS A GOOD THING, dice James Russell Lowell pero lo universal es mejor" acoté esta cita hace muchos años cuando era lector de español en la Universidad de York, cruzaba cada mañana los puentes sobre el río Ouse, me afanaba, soñaba, entraba y salía por las librerías de lance y bebía cerveza en un pub que llamaban The Tavern in the Town que era un viejo molino de los tiempos de Lanzelote del Lago, el mayor de todo el país.

Inglaterra me sedujo. England made me. Pero es un poaís que ya no existe. Ahora lo llaman Reino Unido. Cultivaba mi alma apasionada y dentro de mi carne y de mi espíritu reventaban en granazón los diviesos de la poesía. Inglaterra acariciaba con su alegre sonrisa. Y mis sueños se columpiaban sobre los arbotantes de la catedral de Santa María. Era como vivir dentro de una burbuja o mejor dicho yo en York probé las mieles de un cuento de hadas.
 
 El acíbar y la vinagre no tardaron en llegar por mis pecados. De aquellas moliendas y reflexiones nació el gusto hacia la buena literatura inglesa. Los poemas de este autor bostoniano al que me le imaginaba en una buhardilla atestada de volúmenes sobre las estanterías con su cuaderno de notas y fumando en pipa los leí yo en aquel pueblo de Wilberfoss donde nació mi primera hija Helen. Leído este libro - dice una apostilla que escribí a lapiz en la pagina de respeto el fin de semana del 24 enero fiesta de la conversión de sam Pablo junto al fuego. yo leyendo y la Suzi haciendo punto". Creo que aquel fin de semana tuve una visión de la cruz y la esperanza mientras leía a los poetas de New England y cantaba con los hippies las canciones de Massachussets. El mundo se iba a alobar.
 
Dejaba de ser provinciano y nacionalista. Todo lo que yo había aprendido ya no me serviría de nada. ¡Tremenda fatalidad! Lo anunciaba aquel iluminado de Boston James Russell Lowell. Yo era un poeta recién casado que leía incasable mientras Suzanne hacía punto para ropa para la infanta que nos iba a nacer. Wilberfoss fue para mí el paraíso
 
 
CONTINUARÁ

miércoles, 19 de julio de 2017

LIBRERODELANCE.blogspot.com: Вечернее правило вечерние молитвы OFICIO DE VISPER...

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Чудесный фильм об отце Иоанне Крестьянкине


Вечернее правило вечерние молитвы OFICIO DE VISPERAS


0RNAMENTOS LITURGICOS DE LA IGLESIA DE ORIENTE

ornamentos liturgicos bizantinos
En la Iglesia Ortodoxa, los miembros del clero se revisten de ropa especial para la celebración de los oficios litúrgicos. Existen dos vestimentas fundamentales: el alba y la estola. La primera de ellas, el alba o stijarion, es la túnica bautismal. Todos los sacerdotes y obispos se ponen esta túnica durante la divina liturgia. Es de color blanco, ya que representa la “túnica de la salvación”; la misma túnica blanca en que todo cristiano se reviste en el día de su bautismo, simbolizando la nueva humanidad de Jesús y la vida en el Reino de Dios (Apocalipsis 7,9 ss).
La segunda vestimenta esencial del clero cristiano, la estola o epitrajilion, que va alrededor del cuello y sobre los hombros, es signo del ministerio pastoral. Originalmente se confeccionaba de lana, simbolizando las ovejas, es decir, el rebaño de Cristo, por quienes los pastores son responsables espirituales. Tanto los obispos como los sacerdotes llevan esta vestimenta al ejercer su ministerio pastoral, dando testimonio de que los ministros de la Iglesia viven y actúan única y exclusivamente para cuidar y servir los miembros del rebaño de Cristo Jesús el Señor. A través de la historia de la Iglesia, se aumentaron y se desarrollaron más los ornamentos litúrgicos empleados por el clero. Los obispos, sacerdotes y diáconos comenzaron a usar unos puños especiales o epimaniquias, diseñados para mantener las vestimentas en forma ordenada durante los oficios. En el momento de revestirse con estos puños litúrgicos, los clérigos rezan versículos de los Salmos que les recuerdan que sus manos pertenecen a Dios [1].
También comenzó a usarse un cinturón para sujetar los ornamentos. Al colocarse el cinturón, los clérigos rezan salmos que les recuerdan que es Dios quien les da la fuerza para llevar a cabo su ministerio. Solamente los obispos y sacerdotes utilizan este cinturón litúrgico [2].
La túnica que llevan los diáconos, hipodiáconos y lectores también se llama stijarion. Probablemente tiene su origen en la misma túnica bautismal, sólo que de forma más ricamente elaborada. Los diáconos e hipodiáconos también llevan una estola llamada el orarion. Esta estola probablemente fue, en su forma original, un largo pedazo de género en que fueron escritas las letanías litúrgicas y otras oraciones. Esta vestimenta recibe su nombre del verbo orar.
En los oficios litúrgicos hasta el día de hoy, el diácono levanta el orarion en gesto de rezar cuando entona las partes del oficio divino que le correspondan. El hipodiácono, en cambio, lleva su orarion atado por la espalda en forma de cruz.
Los sacerdotes además de la túnica bautismal blanca, de su estola pastoral, puños y cinturón, también llevan una túnica exterior grande llamada felonion o casulla. El felonion cubre toda su espalda, y por delante le cubre hasta la cintura.
Esta vestimenta seguramente fue desarrollada en base del vestuario formal de la temprana era cristiana y, bajo la inspiración bíblica, llegó a identificarse con el llamado de la vocación sacerdotal. Al revestirse del felonion, el sacerdote reza las siguientes palabras del Salmo 132:
Tus sacerdotes, oh Señor, se revestirán de justicia, y los santos se regocijarán con alegría ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amen.
Es probable que antiguamente los obispos también llevaran el felonion, y sobre él se colocaban el omoforion, la vestimenta que es emblema de su ministerio episcopal como pastor principal de la Iglesia local. Sin embargo, cuando el imperio cristiano fue capturado por los turcos en el siglo 15, a los obispos cristianos del oriente les fue confiado el poder civil sobre todos los cristianos bajo dominio turco. Entonces, debido a que el imperio cristiano ya no existía, los obispos adoptaron el uso de la insignia imperial y comenzaron a vestirse de la misma manera que antes lo habían hecho los gobernadores civiles cristianos. Utilizaron, entonces, la túnica imperial, el sakkos, y la corona imperial, la mitra.
También comenzaron a pararse sobre el orlets (el águila; una pequeña alfombra con la imagen de una águila en ella) durante los oficios divinos y a llevar el báculo, que simbolizaba más su poder civil y seglar, que su ministerio pastoral. Fue también en este período que comenzó a usarse la palabra déspota al dirigirse uno a los obispos, palabra que significa soberano, un título para el poder temporal y no espiritual. Y los clérigos comenzaron a llevar pelo largo, también signo de gobierno terrenal en tiempos antiguos. En el siglo 17, durante la reforma del Patriarca Nikon, estas mismas costumbres fueron adoptadas por la Iglesia Rusa para sus obispos.
A través de los años, algunos de estas nuevas insignias en la Iglesia fueron “espiritualizadas”, y se les otorgó un significado bíblico. Así, la mitra llegó a entenderse como señal de la victoria cristiana, pues los santos reciben sus coronas y reinan juntos a Cristo. (Apocalipsis 4,4) El águila comenzó a comprenderse como signo del vuelo hasta la Jerusalén celestial, ya que es el clásico símbolo bíblico de San Juan y el Cuarto Evangelio. (Apocalipsis 4,7; Ezequiel 1,10) El báculo llegó a representar la vara de Aarón (Éxodo 4,2), y así sucesivamente. Se debe entender, sin embargo, que estas particulares insignias del oficio episcopal son de un desarrollo más tardío y accidental en la historia de la Iglesia. A las vestimentas de los obispos y sacerdotes es necesario agregar el epigonation, pieza de tela en forma de rombo. Este es una distinción que simboliza la “espada de la fe” y el Verbo de Dios.
Los sacerdotes reciben este símbolo cuando el obispo les confiere la bendición que los autoriza a realizar la Confesión Sacramental. En relación a la participación del obispo en los oficios divinos, también se desarrolló el uso de dos candelabros especiales con que el obispo bendice a los fieles. Uno de estos candelabros tiene tres velas, y se llama el trikiri; la otra tiene dos velas, y se llama el dikiri.
Estos candelabros representan los dos misterios fundamentales de la fe cristiana ortodoxa: que hay Tres Personas Divinas en un solo Dios; y que Jesucristo, el Salvador, tiene dos naturalezas, siendo Dios perfecto y hombre perfecto.
Existen también dos clases de gorros litúrgicos que tienen significado especial en la Iglesia Ortodoxa: uno en punta, y otro cilíndrico. Generalmente, todos los sacerdotes de las iglesias de tradición griega o árabe se usa el gorro de forma cilíndrico, pero en iglesias de otras tradiciones locales es usada sólo por algunos como una distinción especial.
Los obispos y monjes la utilizan con un velo negro que cae por la espalda. El gorro en forma de punta es utilizado por los monjes y, según la tradición rusa, por algunos miembros casados del clero como signo de alguna distinción especial. También en la tradición rusa, ciertos miembros casados del clero reciben el honor de llevar la mitra durante los oficios litúrgicos. En otras iglesias ortodoxas, sin embargo, la mitra es reservada únicamente para los obispos y abades de los monasterios, los archimandritas.
El uso de estos gorros litúrgicos, como se puede ver, varía entre las distintas tradiciones locales de las iglesias, y no es universal. Hoy en día, su utilización en la Iglesia ortodoxa está en regresión. Por último es necesario señalar que tanto los obispos como los sacerdotes se ponen una cruz pectoral. Además, el obispo lleva un medallón o encolpion con la imagen de Cristo, de la Theotokos con el Niño Jesús, llamada la Panagía, que quiere decir, la Toda Santa. Ciertos dignatarios tienen el derecho de llevar dos medallones, uno a cada lado de la cruz pectoral.
En cuanto al uso de la cruz por los sacerdotes, de acuerdo a la tradición rusa todos los sacerdotes la llevan, mientras en otras tradiciones locales como la griega y la árabe, es utilizada litúrgicamente sólo por aquellos sacerdotes a quienes ha sido otorgada como una distinción especial.
La Iglesia Ortodoxa firmemente sostiene que el uso de vestimentas litúrgicas es esencial a la práctica litúrgica, experimentada como la realización de comunión con el glorioso Reino de Dios, un Reino que aun ha de venir, pero que a la vez ya está junto a nosotros en el misterio de la Iglesia de Cristo. Sin embargo, la tendencia actual es que las vestimentas sacerdotales tengan mas simplicidad, más próximas a la inspiración bíblica y sacramental de las primeras comunidades cristianas.




Notas
1 Al colocarse el puño en la mano derecha, el sacerdote reza lo siguiente: “Tu diestra, oh Señor, se glorifica por la fortaleza; tu mano derecha, oh Señor, aniquiló a los enemigos y en la multitud de tu gloria, ha borrado a tus adversarios.” Para la mano izquierda reza: “Tus manos me han creado y me han formado; instrúyeme y aprenderé tus mandamientos.”
2 Al colocarse esta vestimenta, el celebrante reza: “Bendito sea Dios, que me ciñe de fortaleza, y ha hecho inmaculado mi camino. Haz que mis piernas sean como las del ciervo y colócame en las alturas.”