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domingo, 1 de noviembre de 2026

 VOLADURA DEL MONUMENTO A ONESIMO REDONDO EN LABAJOS

 

El Partido Popular dio aquiescencia a la propuesta gubernamental de Memoria Histórica de destruir todo lo que tenga que ver con el régimen anterior. Mataron a un hombre, destruyeron un paisaje, pero las amapolas rojas siguen brotando en los campos castellanos. Siempre que paso por Labajos ante la cruz alzada y el monumento pétreo y rectilíneo me santiguo. Lo quieren volar. Onésimo no era un fascista. Era un jonsista que postulaba una política al servicio del Estado y no el gobierno de turno que se mueve por intereses particulares caciquiles. Un profeta que a lo largo de sus discursos y sus artículos periodísticos fue un clarividente nos anuncia lo que está ocurriendo en la España de hoy: muertos en los choques de trenes, violencia en las calles, retorna la chusma, odio y acción directa, una prensa servil amordazada. Me cabe el honor de haber pasado muchas de mis crónicas desde NY y Londres en el periódico “Libertad” de Valladolid, por él fundado. Un periodista no tiene que pertenecer a un partido político, pero a mí me gusta el jonsismo que en pequeños matices es diferente al falangismo. Gracias a él se unieron las derechas y señaló con puntero de fuego cuáles fueran las armas de los enemigos de España: el control de la prensa, la radio, el dinero, la magistratura, el ejército, la escuela y posteriormente la iglesia. Fue fusilado en un control de carreteras por la Guardia Civil, cuando regresaba a su pueblo, después de salir de la cárcel de Ávila amnistiado. El gobierno de Azaña quería su cabeza. Ideológicamente, estaba más cerca de los católicos de Herrera Oria y el “Debate” que de los postulados cercanos al nazismo de Ramiro Ledesma Ramos y de José Antonio Primo de Rivera. Onésimo era un hombre llano, más del pueblo. Ni aristócrata, ni señorito. Su viuda fue la fundadora de Auxilio Social que dio de comer a tanta gente después de la guerra y de los economatos para beneficiar a las familias desfavorecidas. Yo guardo su memoria y releo sus obras con cierta tristeza en esta España empapada de mentiras revanchistas y de un odio africano. El líder jonsista que mueve la cuna, la cara oculta, se encuentra en el extranjero. Es la bestia sin rostro. Luchó por sus ideas y fue asesinado. Un crimen de Estado. ¡Caídos por Dios y por España, Presentes!

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