libros de ocasión pedidos a bibliopolis@outlook.es "“los libros hacen libres a los que les quieren bien. Con ellos me consolé en la prisión que se me aparejaba y satisfice el hambre en un pedazo de pan conservado en una servilleta envuelta en un papel que traía un capítulo de alabanza al ayuno. ¡Oh libros, fieles consejeros, amigos sin adulación, despertadores del entendimiento, maestros del alma y gobernadores del cuerpo, guiones para bien vivir y centinelas del bien morir” VICENTE ESPINEL
libros de ocasión pedidos a bibliopolis@outlook.es "“los libros hacen libres a los que les quieren bien. Con ellos me consolé en la prisión que se me aparejaba y satisfice el hambre en un pedazo de pan conservado en una servilleta envuelta en un papel que traía un capítulo de alabanza al ayuno. ¡Oh libros, fieles consejeros, amigos sin adulación, despertadores del entendimiento, maestros del alma y gobernadores del cuerpo, guiones para bien vivir y centinelas del bien morir” VICENTE ESPINEL
martes, 31 de diciembre de 2013
el libro del que es autor Antonio Parra Galindo "Cela, el Café Gijón y yo" está teniendo un gran éxito de ventas en varias librerías madrileñas pero sobre todo en la librería Moncloa sita en Meléndez Valdés 65. Se recomienda la lectura de este texto, que sería un buen regalo de Reyes y un obsequio a sus amigos. Buena prosa, amena descripción y una notable línea estética tiene el texto de obligada lectura para conocer lo que está ocurriendo en España sin que los españoles se enteren porque no lo cuentan los periódicos
domingo, 29 de diciembre de 2013
martes, 24 de diciembre de 2013
lunes, 23 de diciembre de 2013
Se subió a la columna de Umbral superándola y sus prosas son oro y plata en medio de la fanfarria y del tertulianismo mediático que aburre a las ovejas y se repite más que la cebolla en la viña del Señor.
Los españoles empiezan a pasar de política y se vuelven al julepe, las siete y media, la eterna brisca y el tute.
Cada día Raúl se supera a sí mismo en un auténtico tour de forcé, y, haciendo malabarismos con el idioma, nos da lecciones de como se ha de escribir "in askance" o de refilón con un tironcito de compasión y de mala leche sobre las cosas de la actualidad. Una noticia no es lo que es sino lo que está al fondo. La objetividad y la famosa pirámide de las seis W es un cuento chino que se sacaron de la manga los anglosajones, teoría en la cual ellos no creen. Por eso, son tan importantes en el New York Times o el Washington Post los columnistas y el columnismo que constituyen el ápice y son lo más difícil del periodismo.
Escribir es encontrar una voz y él ha encontrado su voz distinta a la de Umbral y CJC que en paz descansen. Es por lo que algunos merecen leerse y otros, gregarios y del montón, hay que echar sus artículos a la papelera. Lo que falta en este país es imaginación.
Sepan cuantos que Madrid es una gran timba. Aquí e ha jugado en los cuerpos de guardia, en las cárceles, en los conventos, en las trincheras, en los burdeles y en las sacristías, en galeras, en las rectorales y hasta en los palacios del obispo porque esto de los naipes es un vicio como un eclesial y casto.
La inclinación a los juegos de azar nos viene de los romanos. El centurión Cornelio hizo la vista gorda, cuando sus soldados de escolta que asistían a la crucifixión, contraviniendo las leyes del imperio, se jugaron a la taba la túnica de Cristo. Quevedo que era un tahúr empedernido recorrió las casas principales de Europa desde la Venta de Viveros en Alcalá donde se hizo "misacantano del rentoy "que era un juego que aprendieron los tercios viejos en Flandes hasta el tinelo de los alcázares ducales o la red de garitos que tenía establecido el Conde Duque por la Villa y Corte. En Venecia salvó la vida por hablar a la perfección el italiano haciéndose pasar por un trilero piamontés cuando la conjuración de Venecia en una noche de cuchillos largos contra los españoles.
Y, preso en una mazmorra de San Marcos de León, entretenía sus ocios con la lectura del Libro de Job o haciendo solitarios con la baraja.
Jovellanos nos cuenta en sus libros cómo en Asturias el juego más popular en las veladas de invierno era el "se cansa". Teniendo las cartas de la baraja en la mano, un español se transforma, se olvida del mundo, parece recuperar una cierta fibra mística que lo abstrae de los negocios terrenales. Ante el tapete verde parece que están en trance, que se olvidan de sí mismo, aunque pierdan la camisa o los desplumen.
No estoy muy de acuerdo con Raúl del Pozo en eso de que los moros tuvieran prohibidos los juegos de azahar. La palabra baraja viene del árabe (baraca que significa fortuna) y los judíos tampoco se quedan atrás porque introdujeron en Castilla eso del tarot, las cartas astrales, con todos sus palos de superstición, aunque puede ser que me equivoque.
La inquisición quemó a menos herejes que a brujas y echadoras de cartas. ¿Estará nuestro destino escrito en las estrellas y en esos naipes que cortan y barajan en sus consultorios las adivinas de la tele? Morbo y morbo. Nadie sabe qué nos va a pasar, si vamos a perder el trabajo o nuestra señora se va a fugar con un legionario. Todo un inmenso negocio. Por eso pienso que ese tal mr. Adelson, el judío californio, del fallido proyecto para construir un gran Las Vegas en los retamares de Alcorcón, aparte de que a la Aguirre y al González y a Gallardón les "estaba sacándonos a pasear" para vendernos la burra mal capada, quería traer hierro a Bilbao. Nuestros munícipes y políticos mordieron el anzuelo con que les trataba de engañar un pobre hombre.
Ahora bien, el negocio de las tragaperras mueve millones; se compagina con el de la venta de armas, la trata de blancas o el narcotráfico. Una verdadera mina que explotan hombres insignificantes, viejos cansinos de las canas teñidas y los dientes postizos que aprietan el botón instalados en altos despachos invisibles de Chicago o Manhattan desde donde tiran de las riendas del carro de heno del mundo.
Al menos este señor que se arruinó en Hong Kong (de todo me arrepiento en la vida menos de aquella chinita en Hong Kong que decía frufrú al hacer el amor) y pedía montes y morenas dio la cara delante de nuestros políticos poco sagaces y nada capaces.
Luego fuese y no hubo nada como se decía en los largos parlamentos de las comedias de capa y espada de nuestro Siglo de Oro.
Raúl contrajo en Londres el vicio del juego según nos explicó en un delicioso almuerzo navideño el otro día a Julián Martínez y a mí.
Otros nos inclinamos por otras tachas, mayores y menores, como el humo del tabaco o el traguillo pero quien no conoce a los hombres no conoce a los vicios, reza un adagio romano.
Volvió el querido colega, tan generoso, a obsequiarme con una botella de Vega Sicilia que yo he guardado para la comunión de mi nieto Mario.
Si Dios me deja en esta tierra siete años, alzaré mi copa a su salud brindando por el gran periodismo, la excelsa literatura con que nos regala el indiscutible maestro - ya sé que algunos envidiosos no lo pueden ver, es la cruz que han de portar los genios en este país- cada mañana desde las páginas del Mundo (su crónica es lo mejor que se publica en el periódico del Tirantones) y para muestra aquí este botón. Nada importa que te desplumaran, querido conquense, alguna noche en Torrelodones. Para echarte un capote en un apuro allí estaba al quite Alfonso el cerillas del Gijón y dejarte mil duros para llegar a fin de mes. Hagan juego, señores. Pasen y lean.
RAÚL DEL POZO Actualizado: 24/12/2013 03:01 horas El autobús de los canis te llevaba gratis a Torrelodones. El nombre se lo puso Tito Fernández, un pícaro, un genio, mi mejor amigo y el mejor amigo de los gitanos. Nosotros nunca usábamos el autobús de los canis, que era gratis. Si acaso, alguna vez a la vuelta, pero veíamos llegar a aquel pelotón de derrotados, jornaleros de las martingalas, la mayoría pelados, sonámbulos y viejos gariteros, crupieres de timba que llevaban metidos en los oídos el estrépito de los cojinetes de las bolas. En aquel tiempo, el Gran Casino estaba lejos, porque se siguió aquí esa hipocresía institucional de poner el vicio lejos de la ciudad, una medida de disuasión que ya se había empleado en el desierto de Las Vegas, en el mar o en aquellos riverboats del Misisipi en los tiempos del salvaje Oeste. Quizás ese paternalismo moral sea un error, porque a los ludópatas les engancha lo más lo lejano, lo prohibido, lo incierto, lo imposible, la voluptuosidad de la suerte que yo experimenté, algunas noches acompañando a Lola Flores, capaz de dar un sablazo a un guardia de seguridad o a un chino que no le conocía. En algunas ciudades americanas hay tragaperras hasta en las farmacias y eso hubiera ocurrido aquí si hubiera triunfado la propuesta de Adelson. Pero el demonio del juego es moro, no judío, y el proyecto Eurovegas fracasó por la intervención del maligno. Lo dijo Mahoma: Satán busca sembrar el odio entre vosotros mediante el vino y las apuestas. Satán no levantó un templo del vicio, aunque los casinos de Madrid, aprovechándose del aflojamiento de las leyes, colaron dos capillas en el corazón de la ciudad más jugona del universo. Se van a abrir casinos en el centro de Madrid, en Colón y en la Gran Vía. Silbará el crótalo a 100 metros del Gran Café Gijón. En otra época esto hubiera sido mi perdición, o tal vez la perdición sea aburrirse, prescindir de los sueños y las pasiones. Avisemos a los ciudadanos: el azar no existe, Dios no juega a los dados, la palabra azar fue inventada para expresar la ignorancia. Piénsalo bien antes de entrar al falso paraíso, donde nadie gana excepto el dueño. Pero que también sepas que no hay flechazo que pueda compararse con ganar en la ruleta: es como tocar las estrellas con la mano. Los del foro iban tanto a las leoneras que vendían sus propios esqueletos a los prestas porque se decía que coimero sin prestador era rey sin capitanes, galera sin remo. Algunos señores de terciopelo negro apostaban las mulatas esclavas
domingo, 22 de diciembre de 2013
domingo, 15 de diciembre de 2013
---Nights of white satin. Letters are written never being to send. Books that are written and no one reads at the other end
antonioparragalindo
A long and tiring walk I did through the pleasant woods and nostalgia shining the last sun for the day in askance rays in an evening June backwards and forwards north of Retire Pond.
A perusal of routine of every year. It was more than 40 years since I bought my typewiter. Hardly a day passed without the touch of the keyboards. I am a compulsive eater, a compulsive smoker and a compulsive scribbler. Compulsions and passions and impulses that what my life made.
Icarus tries to fly to heaven. Tantalus cleans the equerries of the stygian lagoon and at the end of the journey we are in between Scylla and Caribdis.
They don’t give a fart. They don’t listen. On my hands I brought the Diogenes torch searching for the flame of wisdom, knowledge and perception. But the Deus absconditus in this paean society any more none is these days.
With that candle you look an outsider, a Looney. Too many books garbage literature, a dizzyingly amount of titles laying in the stands of booksellers for use and disposal. User y tirar, but a new author was signing his bestseller.
I never sat on such a throne of the Nine Muses.
It is hard to be an unpublished writer. They regard you as an alien from far planet. The devil laughter swung from the branches from the maple trees.
-Ha...Ha... Ha
-Shut up your mouth you the scum of birds- told off I a grey pigeon which had been saying nasty things to me with an human voice, a case of anthropomorphosis at the bookmark.
Then noticing that the poor animal had not one of his legs,. he had eaten it up himself. I felt sorry for him.
-You are a failure.
-well that is what you thing. Don’t try you proof me.
The magpie spread then its big black wings –it is bad omen- and disappeared. I carried on walking. The fair of the book seemed to me a big bonfire and there the new inquisitors lifting their cassocks trying to keep warm heated their big monastic arse-holes. They watched and controlled every line that went into print.
In my youth I dreamt to sign sitting and smiling ad buyers in those huts. To be famous. To receive the acquiescence and beneplace of the public. See my firm signing the third page of ABC. Dreams. Impossible dreams.
The taming of the shrew. Nobody knows me. You send your manuscripts to the publishing house. Devolution with a rebuke with a few lines: notwithstanding the fact the merits of your text we have decided to decline your offer of your publication. It doesn’t fit with the patterns of our editorial panel.
- Ok
-. Don’t you worry. Smile. Be happy. Sing as you write.
- Which song?
-The ballad of the Volga oarsmen
-Volga… Volga, Volga, Ruskin reek – I proclaimed in a low tone.
This job is hard but nice. You sit down and you write. You row. Your pen is like a paddle. Your pen is sword. Sometimes you feel remiss or indolent at your desk and yielding to dismay all writers ask themselves the same question. What is this, what am I doing? Your piece is like the message in the bottle the survivor of the ship wreckage launch to the Ocean. Is there any one at the other end?
You never know. still ought not to be despondent, when fame skips your lucks or when the prow of your novel, essays, poems, sail against the odds of misfortunes. Not all of us can live in the mainstream but publish and be damned. Big brother is watching you.
-No dogs, no strawberry pickers, no writers
-No sex, we are British.
As I walked past the stands I had the uncomfortable impression that most of the being published is menial and ancillary. There they were sitting the flatterers of the Establishment, the moaners of the Gaols who were telling the untrue story of their prisons that never were. Plauto resurrected to write his Miles Glorious. They eat at their big dinners and they leave crumbs and pellicles for you.
Sing and whistle.
-I did not see you in the big fair. Either you are too good to be truth or a real failure.
-I can I assure you I don’t feel a failure. I am full of beams and ready for a big fight. One day we shall unmask the big traitors. Pray god and pass the ammunition but we won’t need guns and bullets or gig sticks. Only word and roses provided that the prentices of the big moaning has become a new religion. Nemesis is their goddess and they are waiting in the wall the word rage. I was a bit disquietened but proud. I did NOT lick the backsides of the new priests preaching Lager.
-What is that? A beer brand of prison
-The latter I am afraid I should think.
Left the place in a rush and entered in café near Castellany. I was thirsty.
-Pint of bitter please.
One more and another one. When I tumbled the seventh glass, I took the attraction from the waiter. His name was Alfonso and he wore a white jacked unpolluted to seve champagne to the Laureate Poets. In El Gijon they call him Mr. Prix. He is the lackey of the famous. No body give a fuck, none cares.
-Drinking again?
-Yeah.
-Celebrating?
-Of course
-And what are you celebrating, mister, if I may ask.
- I am wetting the head of those infants murdered by the abortists, the hymens that never were pierced on wedding nights, and all those broken promises and the books that never were born by the decision of the new priest.. Herodes lives somewhere in Jerusalem. Had many followers.. Herodias, my life for a dance, walks down to the cellar with the head of the decapitated Precurssor and patron of all the misunderstood literates.
Alfonso shook his head in disbelief.
-Those poets….- he muttered as he transported his tray full of schnapps to the customers drinking and gossiping in the big veranda. A few journalist from Madrid were having a big do.
That is how I celebrated the big fracas of the Bookfair. The stallion in the distance meadows neighed for their mares. Beautiful señoritas were flirting. Writers were getting pissed. When the bell struck ten with last ordered please my bowels nearly moved but only came a ferocious and alarming fart, like a thunder in gle the shot of a gun in the battle of Navrone.. Get it out of your system. Puke it out.
-That was for the editors
The entire world became blank. What is the purpose of this strife of literature? Who cares? Who reads? I was very naif in the middle of my alcoholic spree and I did not realize that every one was voting in the election casting fatal verdicts at the polls. If no body wants to listen it is meaningless to preach. If they don’t want to read better that the scribblers all over the world change their jobs and do something positive. Writers we are in vain. We are the forced to the ominous galleys of Internet where the bread is bitter and no pay. We are dead souls. Yes.
Sunday, 07 June 2009
Estaba serena y su rostro era todo majestad la señora y escuchaba la música de rabel que tañía un juglar montañés, mientras labraba y cosía. Tres azafatas tejían con ella la rueca mientras un paje entraba y salía de la estancia de altas techumbres portando en una jícara agua de miel caliente con mazapanes. Una comadre vigilaba las entradas y salidas de las mozas evitando el encuentro casual de las dondellas con los sirvientes o con algún paje por los largos pasillos del alcázar que tenían calles y plazas como un laberinto.
Tranquilidad en palacio, tarde de fiesta, noches largas de Santa Cecilia.
Se escuchaba a lo lejos la salmodia de los monjes. Por toda Castilla se elevaban preces de acción de gracias. Un tiempo nuevo se abría. España era por fin una grande y libre consumándose así el ideal gótico de los Trastamaras, la dinastía que restauraría la unidad nacional poniendo fin a la reconquista. Aquella apoteosis patria se vivía en la humildad de una joven reina que bordaba una camisa.
Todo el día y toda la noche se entonaron Tedeums;un fraile junto a la ventana del alcázar de rodillas sobre un reclinatorio con pereza y algo adormilado al cabo de un almuerzo copioso de carnero y morcillas regado con vino de la ribera y a los pies de un cristo de marfil rezaba por lo bajo el oficio.
Era bella y rubia doña Isabel algo carihonda y entrada en carnes los ojos muy azules y un griñón blanco proclamando su doncellez y ocultando su hermosa cabellera del color del trigo cubría su cabeza hasta el horizonte de la frente donde se perfilaban unas cejas altas y bien dibujadas los labios carnosos con un hoyuelo en la mejilla que se le notaba mucho al sonreír... qué bien cantan las zagalas ¿de do traerán el son? del pinar de Ávila son, entonaban los músicos. El rey don Fernando de Aragón después de haber jugado a la pelota en un frontón que había cerca de la puerta de San Martín se holgaba con los de su cuadrilla en la bodega. El obispo Diego Arias había invitado a una merendola al aragonés y su cohorte consistente en escabeche de cubillo y vino nuevo de Peñafiel.
Los niños jugaban al toro o a la palluca por los barrios. Los alcaides habían mandado que se encendieran hogueras desde el Terminillo has Zamarramala y desde el aduar de San Lorenzo de los moros y el alfoz del Socorro de los judíos hasta la puerta del Cristo del Mercado y Valdevilla habitado por soldados
Atardecía en el Real. en las torres de los conventos se escuchaba el toque de vísperas. Empezó a nevar y la ciudad de Segovia se cubrió de un manto blanco que anunciaba un tiempo de albricias en aquella tarde de tercer domingo de adviento, domingo laetare. Cuando los dinteles de las casas de Segovia se enramaron de laurel con una leyenda que decía:

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